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» TN
Fecha: 19/04/2026 07:10
Soy hija de estonianos, pero nací en Austria, porque ellos venían huyendo de la guerra, cuenta Helle Telk a modo de presentación, en un intento por explicar el origen de su nombre, reconstruir su pasado y contar su presente. Unos años después, en 1948, cuando ella apenas tenía dos años, la familia mamá, papá y dos hermanos mayores se embarcó hacia América en busca de nuevas oportunidades. Leé también: Tiene 49 años, cruzó el Canal Beagle nadando y ahora va por su sueño máximo Helle recuerda poco o casi nada de aquella vida familiar de entonces, excepto el día en que su madre la dejó, con apenas cuatro años, en el Hogar de Niños de Quilmes tal como se lo conoce actualmente, una institución con profundas raíces en la historia de la ciudad, fundada el 10 de noviembre de 1894 por el matrimonio de William Charles Kirkby Torre y Alicia Woodman, bajo el nombre de Quilmes Orphanage. Recuerdo como si fuera hoy el día en que me dejó ahí y se fue... lo tengo grabado como en una película, cuenta. Su madre la llevó, habló con los directores y volvió para darle un beso y despedirse. Me dijo te vas a quedar acá con estos niños. Se dio media vuelta y se fue caminando por un pasillo largo, muy largo, recuerda a TN. Sus hermanos varones dice fueron enviados a otro hogar, y Helle quedó sola, a los cuatro años. Sólo mantuvo durante unos años más un contacto esporádico y epistolar con su padre, que trabajaba como viajante. Me escribía unas cartas hermosas que todavía conservo. Me prometía que me iba a sacar, que iba a comprar una casa, pero al poco tiempo falleció. Ahí me quedé realmente sola en el mundo, confiesa mientras recuerda esas misivas que empezaban con un Mi querida Helle, y que fueron su único refugio durante años. Así, con apenas cuatro años, aprendió a sobrevivir, y sobre todo a buscar y encontrar las herramientas que le permitieran hacerlo, en un mundo ajeno, conformado por más de 80 niños y niñas y algunas cuidadoras a las que recuerda con especial cariño. Como Angélica, aquella celadora que le abrió las puertas a la fe, un recurso que la acompañó durante toda su vida en el hogar y que aún hoy es el motor de su vida: Un día me llamó, me llevó hasta una puerta que decía Cuarto de oración y me dijo: yo te voy a dar un consejo, pero quiero que me prestes mucha atención y que siempre hagas lo que te voy a pedir ahora. Cada vez que vos tengas una necesidad, cualquiera sea, vos entrás a este cuarto, le pedís a Dios qué es eso que querés o necesitás, y después salís y cerrás la puerta. Y Dios te va a dar todo lo que vos le pidas. Yo la miré y le dije: ¿Todo lo que yo no tengo él me lo va a dar? ¿Una mamá, un papá, una tía, un cuaderno para la escuela? ¿Todo? Y ella me contestó, absolutamente. A partir de allí, Helle vivió de rodillas, durante 14 años pidiéndole a Dios todo lo que necesitaba, recuerda cuando se refiere, ni más ni menos, que a los años que vivió en el hogar. Y las respuestas llegaban en forma de milagros cotidianos, sostiene. Como aquella vez que junto a sus amigas pidieron pulóveres grises bordados y, semanas después, una donación anónima los hizo realidad. Leé también: La película que cambió todo: cómo La historia oficial llegó a ganar un Oscar en una fecha cargada de dolor Y aunque más de una vez Helle pidió volver a estar con sus padres, ese milagro no le fue concedido. Sino hasta mucho tiempo después. Esos no eran sus planes para mí, dice, aceptando un destino -y sobre todo un camino- que le permitió convertirse en la persona que es hoy. El milagro de armar una familia y el perdón a su madre A pesar de no haber tenido un modelo de hogar, Helle logró construir su propia familia. Con apenas 18 años dejó el hogar para vivir con una familia, también de inmigrantes, durante dos años, trabajar, conocer a Tito un santo, como ella misma define a su marido, casarse, tener tres hijos, diez nietos a los que adora, recibirse de profesora de inglés y hasta fundar su propio instituto de enseñanza. Durante todo ese tiempo, tuvo también la posibilidad de buscar y encontrar a su madre. Tras décadas de silencio y un primer contacto telefónico tan duro como increíble Le tuve que decir como cinco veces que era yo. Al final le dije: soy tu hija, mamá, se encontró con una mujer que había rehecho su vida, que tenía otro esposo y otro hijo, y que nunca había mencionado la existencia de Helle a su entorno. Estoy acá porque quiero perdonar el pasado y quiero que nos conozcamos le confesó la primera vez que se vieron. La relación se prolongó 10 años más, el tiempo exacto hasta la muerte de su madre, a quien la propia Helle y sus hijos despidieron en soledad, que volvió a separarlas y terminó de cerrar una herida histórica. Escritora, conferencista y motor de inspiración A los 60 años, Helle decidió que su historia no podía quedar en el ámbito privado. Y más aún, comprendió que podía y debía ser ejemplo e inspiración para muchos otros. Así, la niña que aprendió a soñar en el Quilmes Orphanage, se convirtió en escritora y conferencista. Divina Adopción, Algo nuevo está pasando y Hasta la Cima son los tres libros que lleva editados hasta la fecha y que presentó en el país y algunas ciudades de Sudáfrica, España o Estados Unidos, a través de charlas o conferencias cuyo único propósito es, ni más ni menos, que ayudar a que miles de personas encuentren propósito en medio del dolor. Leé también: El último artesano de Flores: es el rey de los botones y superó una dura enfermedad gracias a su trabajo Todo esto que estoy viviendo ahora es como un premio. Me costó mucho todo, porque hasta el amor a mis hijos, que yo no había recibido, tuve que aprenderlo, fabricarlo extra, explica con crudeza y dando cuenta de lo difícil que es dar a otros, aún a aquellos a los que más queremos, algo que nunca se tuvo. A los 79 años, y tras haber librado varias batallas, Helle disfruta y comparte el premio, que es ni más ni menos que una historia de vida tan particular como inspiradora.
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