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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 19/04/2026 02:09
Los terruños argentinos van de las alturas máximas del noroeste argentino en Salta hasta el viñedo más austral del mundo en Chubut, y de Los Andes hasta la Costa Atlántica. Mendoza sigue acaparando la mayor atención porque posee alrededor del 80% de las bodegas y viñedos plantados en el país. Es cierto que hay lugares increíbles para visitar tanto en el NOA como en la Patagonia, o incluso en regiones emergentes como Córdoba y la Costa. También en las otras zonas de Cuyo y de los Valles Calchaquíes, como San Juan, La Rioja, Catamarca y Tucumán. Hoy, la variedad Malbec está presente en 18 de las 20 provincias argentinas que tienen plantaciones de vid. Al 2025 hay un total de 46.892 hectáreas cultivadas, el 23,9% del total de vid del país. Y esto no solo explica la gran cantidad de etiqueta disponibles en el mercado, sino también su gran diversidad de estilos. El vino nace en la viña. Para lograr exponentes que se destaquen, ese terruño -que además del suelo y del clima está conformado por hombres y mujeres que intervienen con sus decisiones e interpretaciones para concebir los vinos- debe ser especial. En definitiva, lo que termina imprimiendo un carácter distintivo al vino es el lugar. Allí, la composición del suelo se vuelve tan importante como el Malbec y su sistema de plantación, también el manejo y el riego, para poder llegar al punto de cosecha deseado con la mejor calidad de fruta. El rendimiento (cantidad de kilogramos por hectárea) estará determinado además por la densidad de plantación. En todo caso, para los Malbec top, se busca sacrificar cantidad en pos de una mayor concentración de los granos, sin desequilibrar la naturaleza de la planta. En todas esas labores participa el hacedor, por eso se vuelve parte fundamental del terruño. En este contexto, el Malbec continúa siendo protagonista indiscutido de la escena vitivinícola nacional, manteniéndose como la variedad de mayor superficie, producción y exportaciones. En 2025, representó el 77% del volumen y el 84% del valor total exportado en esta modalidad. Con señales de recuperación en este 2026, el Malbec sigue siendo el gran embajador de nuestra identidad. De las 18 provincias argentinas que registran viñedos de Malbec (78% del país), Mendoza se mantiene al frente del ranking con mayor superficie del varietal con el 84,69% (39.856,4 ha), seguida de San Juan con el 6.08% (2.861,9 ha), y Salta con el 3.64% (1.714,3 ha). Por su parte, La Rioja (2,05%), Neuquén (1,19%), Catamarca (0,78%) y Río Negro (0,73%) suman en conjunto el 5% del Malbec del país. Hace pocos días falleció Michel Rolland, uno de los enólogos más famosos del mundo, quien desde siempre destacó la importancia para la Argentina de tener al Malbec como vino emblema, algo que hasta el día de hoy pocos han tomado conciencia. En el mundo están los países tradicionales del vino (Viejo Mundo) y los modernos (Nuevo Mundo). La Argentina está en el segundo grupo, pese a su rica historia. Sin embargo, solo a Francia se la asocia con varietales (vinos elaborados con una sola uva). Si bien allá se habla más de regiones (Burdeos, Borgoña, Champagne) se sabe que es la cuna del Cabernet Sauvignon, el Chardonnay y el Pinot Noir. Sin dudas, las tres variedades más globales, ya que están presentes en la mayoría de los países productores. En todas las regiones son protagonistas de vinos que van desde los más económicos hasta los de más alto precio. Pero no solo eso, además tienen un ícono, justamente en Francia: Burdeos para el Cabernet Sauvignon, y Borgoña para el Chardonnay (en blancos) y Pinot Noir (en tintos). Pero en el Viejo Mundo nunca se preocuparon por conquistar otros mercados de la mano de los varietales, sino que eran las zonas las que importaban. Fueron los americanos a fines de los sesenta quienes introdujeron la importancia del nombre de las cepas en las etiquetas, simplemente porque no podían competir con los lugares de Europa. Una estrategia muy efectiva para todos los nuevos productores, incluida la Argentina. Al Cabernet Sauvignon se lo reconoce como el rey de los tintos y está presente en todas las regiones productivas del planeta. La uva Chardonnay es la reina de las blancas: si bien no tiene tanta plasticidad y tampoco un hollejo tan grueso, es la responsable de los mejores blancos y espumantes en muchos países. Por su parte, el Pinot Noir en Francia es el intérprete del vino más caro del mundo por su elegancia y extrema delicadeza, algo que todo productor de vinos envidia y buscan emular en sus terruños. Parece curioso, pero Michel (Rolland) tiene razón: ni a Italia ni a España se las asocia con sus uvas sino con sus regiones de vinos como Brunello o Barolo (elaborados con Sangiovese y Nebbiolo), y Rioja o Ribera del Duero (elaborados a base de Tempranillo), entre otras. Hace una década, los australianos intentaron sumar el Syrah al admirado podio, pero todo quedó en un buen intento, y pasó como una moda. No se sabe si culpa de la variedad o de los australianos, pero sí dejaron un mensaje muy claro para los que venían detrás: no sería nada fácil conquistar el mundo a través de un cepaje como pudieron hacer los franceses. Por eso, la Argentina tiene una oportunidad única con el Malbec. ¿El Malbec está para ser global? Por qué es tan importante para un cepaje llegar a ser global. Simplemente porque es la única manera de conquistar el mundo, y el Malbec tiene con qué. Por un lado, es un cepaje que se adapta muy bien a diversas zonas, basta mirar de Salta a Patagonia, pasando por Cuyo; y de la Cordillera hasta el Atlántico. Es cierto que le falta camino por recorrer, pero hace diez años ya se decía que el Malbec argentino era el mejor del mundo. Claro que nadie más lo hacía, más allá de los franceses en su pequeña comuna de Cahors. Y si bien hoy sucede algo parecido, se avanzó bastante. Porque hay una masa crítica de cientos de grandes Malbec, y muchos más de muy buenos exponentes. Los diez mejores Malbec argentinos podrían servirse en la mesa junto a los mejores vinos del mundo, y seguro saldrían bien parados. Si bien para ser los mejores falta, este es el camino: seguir analizando los suelos, el clima y sus influencias, buscando los mejores momentos de cosecha y los métodos de elaboración más adecuados para poder lograr vinos con carácter único. Además, es necesario que otros países productores se animen. Ya están viniendo algunos productores de Cahors, de donde trajeron las primeras estacas los inmigrantes a fines del Siglo XIX, a ver cómo se hace el Malbec acá y a llevarse plantines para Francia, con el objetivo de mejorar su producción. Todavía en otros países las producciones de Malbec son muy tímidas (Chile, Estados Unidos, Nueva Zelanda), pero lo importante es que ya respetan al Malbec argentin, y lo tienen como modelo e ícono. Si las hectáreas alrededor del mundo se multiplican, el Malbec va a llegar cada vez a más consumidores y pasará lo que pasa con los mejores varietales del mundo: todos van a querer degustar algún día los mejores. Y esos son los Malbec argentinos, que caen siempre bien parados porque pueden ser simples y amables, refrescantes y expresivos, o también profundos y complejos. Se pueden beber jóvenes o guardarlos por muchos años, tal como sucede con los mejores vinos del mundo. 10 Malbec de diferentes regiones argentinas para entender las características de cada lugar A Contramano Malbec Jorge Rubio Vinos de Autor, Mendoza, Oasis Sur $15.000 Si bien no está pensado para la guarda, este Malbec mantiene sus virtudes con un par de años en botella. Sus aromas levemente rústicos y paladar en sintonía hablan de su elaboración moderna. Con buen cuerpo, aunque no muy profundo, su mensaje de lugar es interesante, resaltado por un final con leves dejos salinos que aportan carácter a sus texturas. Humberto Canale Estate 1909 Malbec Humberto Canale, Río Negro, Alto Valle de Río Negro $17.500 El 1909 en la etiqueta de la línea Estate inspira respeto porque habla de más de un siglo haciendo vinos con uvas propias en ese lugar. Este Malbec siempre es joven en nariz y en boca, con sus texturas mordientes que resaltan la fruta roja madura. De trago limpio con final especiado. También resulta fresco y eso habla del clima único del Alto Valle. Demencial Malbec Finca Las Moras, San Juan, Valle de Calingasta $23.000 La fuerza y el carácter distintivo del Valle de Calingasta se pueden apreciar muy bien en esta etiqueta disruptiva que elabora el enólogo Germán Buk. Es un Malbec de aromas frescos y bien frutados, con buen cuerpo y taninos algo firmes que resaltan su mensaje. Limpio y de refrescante final de boca. El valle de Calingasta se encuentra a 1.500 metros de altura y está rodeado por la precordillera y la Cordillera, con suelos escasos, limosos y minerales. Juan Cruz Navarro Torre Gran Malbec Estancia Las Cañitas, Córdoba, Valle de Calamuchita $25.000 Detrás de este Malbec, con 18 meses de crianza en barricas de roble, está el hacedor que más ha hecho por posicionar a la provincia como productora de grandes vinos: Gaby Campana. Él, junto a Juan Cruz Navarro (propietario), logran este Malbec cordobés de aromas maduros y paladar franco, con algo de frutas negras y dejos herbales. Es cálido en su mensaje y con una persistencia de hierbas salvajes secas muy propia del lugar. Kaiken Aventura Valle de Canota Malbec Kaiken, Mendoza, Las Heras, Valle de Canota $41.300 El éxito y la originalidad de esta trilogía de Malbec, y de esta etiqueta en particular, obligaron a la bodega a salir con este Malbec bien joven. De paladar fluido, con dejos herbales y notas de frutas negras. Su trago mordiente resalta el carácter herbal de ese rincón de la precordillera, que se ha ganado un lugar en el mercado. También habla de la madurez de la añada. De buen cuerpo y con taninos algo firmes que le aseguran más vida por delante. Terrazas Grand Malbec Terrazas de los Andes, Mendoza $53.300 Este Malbec está laborado con uvas de parcelas seleccionadas de viñedos propios en las principales regiones mendocinas como Las Compuertas, Gualtallary, Los Chacayes y Paraje Altamira. Y no solo busca reflejar el estilo de la casa sino el trabajo que se viene haciendo con la variedad a diferentes alturas. Es un Malbec de montaña, con la frescura característica y sus texturas domadas por la crianza. Intenso y expresivo. Lavaque Malbec Lavaque, Salta, Altos Valles Calchaquíes, Cafayate $64.500 El joven winemaker Pancho Lavaque por fin pudo cumplir el sueño de elaborar vinos a imagen y semejanza, utilizando su marca más reconocida: su apellido. Y este Malbec es punta de lanza del flamante porfolio que pone en valor el significado de Lavaque para la industria, una de las familias más tradicionales de la vitivinicultura nacional. Acá elaboró un Malbec de aromas frescos, propios de la altura, con agradables notas a frutas de baya. Su acidez sostenida habla del estilo, moderno y más despojado, con texturas mordientes que aportan gracia y vivacidad a cada trago. Huichaira Cielo Arriba Mil Suelos, Jujuy, Huichaira $72.000 Se trata de un Malbec Blend (por las proporciones), que nace en dos hectáreas plantadas en 2014, sobre suelos formados por arena del río Huichaira y aluviones de arcilla y limo de los cerros que rodean la viña. Esta cofermentación de Malbec, Syrah y Cabernet Franc, es la interpretación del lugar del Colo Sejanovich, uno de los viticultores más reconocidos de la Argentina. Es un tinto de aromas integrados y buen volumen. Se trago es limpio y equilibrado, con buena energía, y final jugoso y fresco. Viña Cobos Vinculum Malbec Viña Cobos, Mendoza, $97.000 Conceptualmente es un tributo de Paul Hobbs (enólogo-propietario de la bodega) y su equipo a los productores de uvas con quienes trabajan desde hace más de veinte años y han desarrollado un vínculo muy fuerte. Es un Malbec bien de su estilo, con texturas elegantes y paladar profundo, aromas equilibrados y un carácter actual, que refleja lo mejor del terruño mendocino con una cuidada crianza. Pyros Vineyard Limestone Hill Malbec Pyros Wines, San Juan, Valle de Pedernal $121.000 Desde su primera cosecha (2016), este Malbec se ha consagrado como el mejor exponente de San Juan, elevando la vara de dicha región cuyana, porque refleja como pocos la influencia del suelo en su carácter, bien complementado con las notas de crianza. Hoy, con varias añadas en el mercado, confirma que es un tinto sanjuanino de excepción, que refleja lugar y cosecha. Sus aromas son equilibrados y expresivos a la vez, hay frutos del bosque y hierbas frescas. Entra en boca con frescura y texturas consistentes. Voluptuoso y ágil, con fuerza y final persistente, con gran potencial.
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