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Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 18/04/2026 19:55
No hay forma de entender la muerte de un niño a manos de sus padres. Sin embargo, esos casos ocurren y cuando suceden conmueven a la opinión pública. Hace cuatro años atrás, la ciudad quedó consternada con el homicidio de Tahiel Moussou. Una tragedia para no olvidar. Primero fue Lucio. Casi en forma simultánea fue lo de Kathaleyha en Paraná. Luego vino lo sucedido con Tahiel; y ahora el horror con Ángel, ese chiquito de 4 años que lloraba para no volver a su casa, que nadie lo escuchó. Terminó muerto, con más de 20 lesiones internas en su cabeza. Tenía golpes en todo el cráneo. Esos traumas provocaron derrames y una acumulación de sangre, que originó un edema cerebral y culminó con un paro cardiorrespiratorio. Igual que Tahiel. A Lucio Dupuy lo asesinaron el 26 de noviembre del 2021, pero su destino había comenzado a escribirse mucho antes. Durante largo tiempo, este nene de 5 años fue víctima de un trajín judicial que incluyó regímenes de visitas, disputas entre familiares y un acuerdo final entre las partes que les otorgó a la mamá y a su novia la posibilidad de quedárselo definitivamente. Esa resolución de la Justicia de La Pampa se homologó a principios de noviembre de 2020. Poco más de un año después, las mujeres que debían cuidar al chico fueron acusadas de haberlo torturado, abusado y golpeado hasta la muerte. La autopsia determinó que la muerte se produjo por una hemorragia interna, producto de las agresiones. Además, reveló que Lucio tenía lesiones antiguas y recientes. Igual que Tahiel. En estos días, se juzga a los padres de Kathaleyha Quetzaly Hernández, una beba de sólo dos meses que murió el 12 de octubre de 2021, tras ingresar al Hospital Militar de Paraná con gravísimas lesiones que la ciencia forense contabilizó: 18 lesiones externas y múltiples lesiones internas, incluyendo cinco costillas rotas y sangrado en la cabeza y ojos. Una muerte que conmovió a la ciudad Tahiel tenía casi 3 años. Faltaba un mes para su cumpleaños, cuando su madre, Macarena Ortiz, se presentó en la mañana del 2 de mayo de 2022 en la guardia del Hospital Centenario con su hijo en brazos, envuelto en una frazada, ya sin vida. A los médicos no les fue difícil descubrir lo que había ocurrido: su cuerpito hablaba. Evidenciaba el maltrato al que había sido sometido. El médico policial primero y luego el médico forense, corroboraron en el momento que se trataba de una muerte violenta. La autopsia determinó como causal un fuerte traumatismo encefalocraneal y en todo su cuerpo se encontraron indicios del sometimiento: tenía escoriaciones de vieja data y otras con menos de 12 horas, además de hematomas en el rostro. También, y como otra causa de muerte, había sufrido una broncoaspiración y según detalló el forense que lo revisó una hora y media después de haber ingresado al Hospital, Tahiel llevaba entre 4 y 6 horas de fallecido. Inmediatamente su madre fue interrogada, pero no tenía palabras ni argumentos que pudieran explicar lo que había ocurrido. Tanto ella como su pareja, padrastro de Tahiel, quedaron detenidos. Ya se había iniciado una investigación en contra de ambos por un delito que los llevaría indefectiblemente a una cadena perpetua. Alfredo Pato Ferreyra no soportó lo que se venía. Pocas horas después de haber sido trasladado a la Jefatura de Policía y mientras aguardaba el llamado a declarar del fiscal Mauricio Guerrero, decidió quitarse la vida en la celda. Tenía 38 años. Macarena Ortiz quedó alojada en la Comisaría del Menor y Violencia Familiar de Gualeguaychú, y en ese lugar permaneció alojada cumpliendo con la prisión preventiva que se le dispuso hasta que finalmente fue trasladada a la cárcel de mujeres de Paraná para cumplir con la pena que se le impuso en Gualeguaychú luego que un jurado la encontró culpable. En ese juicio, que se realizó en julio de 2023, el jurado no creyó en los argumentos defensivos de responsabilizar plenamente a Ferreyra de toda la violencia y del sometimiento de Macarena Ortiz, y la jueza Alicia Vivian le impuso la pena máxima. La mujer de 26 años debía cumplir cadena perpetua por el homicidio de su hijo, agravado por el vínculo y también por el grado de "indefensión" de la víctima. Pero tan solo dos años después, el 1 de julio de 2025, Macarena Ayelén Ortíz murió en la Unidad Penal N°6 "Concepción Arenal". La joven de 28 años falleció a causa de una enfermedad respiratoria de base que sufría. Un año antes, el Superior tribunal de Justicia de Entre Ríos había dejado firme su sentencia. Estadísticas que abruman En su corta vida, Tahiel sólo conoció el desamparo y la violencia. Y más allá de que en el núcleo familiar materno había personas que se preocuparon por su integridad y que expusieron el caso ante el Copnaf, la intervención estatal careció del criterio necesario para prevenir un desenlace evitable. Qué lleva a una madre o a un padre a castigar de tal forma a una criatura. ¿No percibe que ese maltrato al que lo está sometiendo puede causarle la muerte? ¿Es instinto asesino o un instante de locura? ¿Es ignorancia o psicopatía? ¿Son casos excepcionales? La psicóloga Sonia Almada es Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO), y el pasado jueves escribió una columna de opinión publicada en Infobae donde explicó que el maltrato infantil es un problema estructural y persistente, que en muy pocos países ha sido tomado como una política de estado. El grooming, sextorsión, producción y circulación de material y violencia sexual por streaming. Ya no son eventos marginales, sino formas dominantes de una violencia que hoy opera a escala masiva, sostenida, transnacional y organizada. Casi 50 millones de adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años (1 de cada 6) han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de sus compañeros sentimentales en el último año en el mundo. Cada año, la violencia se cobra la vida de un promedio de 130.000 bebés, niños, niñas y adolescentes antes de los 20 años. Los niños varones corren un mayor riesgo de morir a causa de la violencia: 3 de cada 4 niños, niñas y adolescentes muertos a causa de la violencia eran varones. La violencia no queda circunscrita solo al vínculo de pareja: atraviesa la vida cotidiana y alcanza directamente a la infancia, no como testigos sino víctimas directas, expuestas a dinámicas de miedo, sometimiento y desprotección que impactan de manera profunda en su desarrollo subjetivo y en su salud mental. En Argentina, entre 2017 y 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación registró 1.685 niñas, niños y adolescentes que quedaron huérfanos atravesados por el femicidio de su mamá. La Corte también reveló que casi 1000 niños, niñas y adolescentes denunciaron violencia intrafamiliar durante el primer trimestre de 2025, es decir 11 por día. En el 80% de los casos los agresores denunciados fueron los propios progenitores. Un ejemplo claro de toso esto es lo que pasó hace muy pocos días atrás en Federación, en la provincia de Entre Ríos. Luana Cabral, una adolescente de 15 años con parálisis cerebral, fue encontrada muerta dentro de su casa. Las pericias indicaron que el cuerpo llevaba semanas en ese estado. La investigación corroboró abandono extremo. Y, en ese contexto, se pudo hacer el rescate gracias a un niño de cinco años que salió a la calle a pedir ayuda. Los casos extremos son desenlaces de trayectorias donde hubo señales, pero las intervenciones no existieron o fueron insuficientes por la falta de capacitación para detectarlas, por la renegación de esta problemática desde el mundo adulto y por el destajo y precarización en que trabajan muchas buenas personas que intentan salvar a los niños y niñas, con sus excepciones obvias, señaló la psicóloga. La violencia contra bebés, niñas, niños y adolescentes no es marginal ni excepcional. Es masiva y ocurre, en su gran mayoría, en el ámbito familiar. En Argentina, en algunos casos, se encuentra imbricada en prácticas de crianza, golpes, gritos, humillaciones y amenazas. Hay que poner algo en claro: en cada caso de violencia de género, hay menores que también son víctimas. El maltrato infantil no es un hecho aislado: la mayoría de las veces viene acompañado de un contexto familiar de mucha violencia. En las denuncias formuladas por mujeres están presentes los hijos menores, que también son alcanzados por las consecuencias de los mayores. La violencia en casa Un caso como el de Tahiel, el de Lucio Dupuy o incluso el de Ángel López, no son hechos aislados. Es el producto final de un sinfín de violencias domésticas que empiezan hacia las parejas y por consecuencia también son víctimas los menores. Muchas veces se ha expuesto que, en la Justicia, la mayor cantidad de casos que se tramitan son los hechos de violencia de género. En Gualeguaychú se radican o se intervienen en al menos tres casos de violencia de género por día y en la gran mayoría de ellos hay menores en el medio que también directa o indirectamente son víctimas. Hace años atrás, una niña de 7 años resultó golpeada por su padre cuando intentó defender a su madre de la agresión a la que estaba siendo sometida. Luego, su hermana de 13 años también intermedió y por esa acción resultó lesionada en la cabeza. En 2023, en Urdinarrain, una mujer había tomado pastillas para dormir y su esposo aprovechó esa indefensión para golpearla. La hija menor de ambos, de 5 años, observó todo y le dijo a su madre: Papá te pegó. La mujer no quiso que su pequeña declarara en Cámara Gesell e igualmente la Fiscalía logró condenar al sujeto. En otra oportunidad se denunció que un menor de 13 años, acudió al centro barrial Asunción de María relatando con angustia que su mamá consumía alcohol puro y que era habitual que lo desalojara de su habitación para llevar a otras personas. Como el niño se negaba a dejar su casa, la mujer lo golpeaba "a trompadas". En otra ocasión, una niña debió intervenir en una pelea entre sus padres y tranquilizar al hombre para que desistiera de la agresión y dejara de apuntar a su madre con un arma de fuego. Eso también es violencia. Que un niño o niña deba atravesar esa situación, ser testigo de ello, es algo que deja huellas. El año pasado, el Copnaf denunció que un hombre de 38 años golpeó a su hija de 7 años causándole lesiones. La madre lo había denunciado en tres oportunidades anteriores, por violencia de genero. Hace pocos días atrás, un vecino denunció a una pareja de 70 y 65 años de edad, por ejercer maltrato hacia un adolescente discapacitado, de 15 años, que no recibe los cuidados necesarios para su patología. El mes pasado, el 12 de marzo, una mujer denunció a su ex pareja por haber golpeado a su hijo de 11 años con un palo en la cabeza. El padre, al ser entrevistado por la Fiscal en Género, reconoció haber golpeado también a sus otros hijos, hermanos del niño, cuando se portan mal. La madre también había radicado denuncias por maltrato hacia ella. Por último, y sólo a modo de ejemplo de los cientos de casos que se tramitan en Gualeguaychú, el martes pasado una vecina se acercó hasta la Fiscalía y denuncio que su sobrino maltrataba a su hijo de 10 años. Contó que ha escuchado como el niño le pide al padre que no le pegue más. Otra vecina aportó que escuchó discusiones en ese domicilio. Este hombre fue denunciado por la madre del niño, por violencia de género y este niño fue testigo del hecho de violencia. Incluso intervino rogándole a su padre que dejara de golpear a su madre. Por este caso, la Fiscalía solicitó la exclusión del hogar y la medida fue otorgada por el Juez de Garantías, además de ordenar la intervención del Copnaf. También intervino el Juzgado de Familia y el Ministerio Pupilar en resguardo de los derechos del menor. El niño fue examinado por la médica forense y aún se aguardan los informes.
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