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  • La trágica muerte de Nino Bravo: un accidente inexplicable, una carrera trunca y una hija que no llegó a conocer

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 16/04/2026 03:03

    No podía pedirle nada más a la vida. Tenía una familia que amaba y una carrera exitosa. Así que se sentía feliz, pleno. Sin embargo, ese 16 de abril de 1973, la tragedia lo sorprendió demostrando que todo, absolutamente todo, se puede terminar de un minuto al otro. Y, con apenas 28 años, Nino Bravo murió. Había salido de Valencia con destino a Madrid alrededor de las 7 de la mañana. Se dirigía a un estudio madrileño junto a su gran amigo Pepe Juesas, quien ocupó el asiento del copiloto, y los músicos Miguel Ciaurriz y Fernando Romero, del dúo Humo, quienes se encontraban en los lugares traseros del vehículo. Y, como era un viaje que solía hacer habitualmente, aprovechó para charlar con sus compañeros de trabajo y escuchar un poco de buena música. Sin embargo, en el kilómetro 95 de la carretera Nacional III, a la altura de Villarrubio en la provincia de Cuenca, Nino perdió el control de su BMW 2800 modelo 1970. Y sin que nadie se pudiera explicar qué fue lo que pasó, ya que no se trataba de una curva pronunciada, el coche se salió de la ruta dando varias vueltas de campana. Dos de sus acompañantes, los que estaban en la parte trasera del auto y sufrieron las heridas más leves, se ocuparon de asistir al cantante que estaba en un grito de dolor. Hasta que llegaron los médicos del Hospital de Tarancón y le hicieron los primeros auxilios. Pero igual quedó inconsciente. Y falleció antes de llegar al Centro Sanitario Francisco Franco de Madrid, actual Hospital Universitario Gregorio Marañón. Luis Manuel Ferri Llopis, tal el nombre real del artista, había nacido el 3 de agosto de 1944 en un pueblo valenciano llamado Ayelo de Malferit. Era hijo de Luis Manuel Ferri Espulgues y Consuelo Llopis Molines. Y siendo muy chico, se mostró muy interesado por el canto. Mi bisabuela fue cantante de ópera. Y a pesar de que la familia no quería, porque esto de ser cantante en aquella época no era serio, ella tenía una verdadera vocación de manera que al final se salió con la suya. Y mi abuelo, que ya es más cercano, fue director de el coro de los San Valencianos, contó el intérprete tratando de indagar sobre el origen de su pasión. Sus primeros trabajos fueron como empleado de una joyería y como bodeguero en un restaurante. Pero ya había empezado a fantasear con la posibilidad de que la música fuera más que un pasatiempo. Y, en cuanto tuvo la oportunidad, fundó el grupo Los Hispanos junto a dos amigos, Félix Sánchez y Salvador Aranda, con quienes empezó a tomarle el gusto a la idea de ganarse la vida cantando en bailes. Cuando sus compañeros decidieron abandonar el trío, él se sumó al grupo Los Superson, junto a Josep Bosch y Saturnino Naredo, que se habían quedado sin vocalista tras la muerte de Carlos Lardíes, quien también falleció en un accidente de tránsito. Finalmente, los músicos originales se fueron del grupo y entraron los hermanos José y Vicente Juesas, en guitarra y teclado. Y ellos fueron los encargados de acompañar a Nino, quien ya había adoptado su nombre artístico, en todas sus presentaciones. Noelia, Esa será mi casa, Mi querida mamá, Voy buscando, Un beso y una flor y Libre son algunos de los temas que inmortalizó con una voz inconfundible y que mantienen su vigencia hasta el día de hoy. ¿Fue duro su camino al éxito? Dificultades no hay muchas. Lo que hay es un gran trabajo que se va aportando poco a poco a nuestra carrera, hasta que al fin se consigue algo positivo, reconoció el cantante. Su fama había trascendido las fronteras de su tierra natal y había impactado con fuerza en toda Latinoamérica, donde la gente lo amaba. Un artista puede juzgar a un público después de una actuación, según la cantidad de aplausos que recibe. El público mexicano, colombiano, chileno, argentino y de cualquier parte de América Latina es un público más entregado. Es un público que tiene más calor en la sangre. Y, quizá en eso, es en lo que se distingue del público español, decía al respecto Bravo. A pesar de su enorme popularidad, Nino intentaba mantener a resguardo su vida privada. Eran tiempos en los que no se asediaba tanto a los artistas. Pero, de cualquier manera, no pudo lograr que la prensa no pusiera el foco en su relación con María Amparo Martínez Gil, la mujer que le robó el corazón. La había conocido en una discoteca, gracias a la intermediación del periodista Guillermo Ortigueira. Y se enamoró perdidamente. Así que, utilizando la funda del single de Te quiero, te quiero, le pidió matrimonio con una frase que decía: Para Marie, mi único y verdadero amor, con propuesta de matrimonio, ¿sí o no?. Y la respuesta fue un sí. La boda tuvo lugar el 20 de abril de 1971. Pese al deseo de Bravo de mantenerla en la intimidad, los fotógrafos lograron retratar el momento que ilustró las portadas de todas las revistas de la época. Resignado, en su momento el propio Nino se encargó de anunciar el nacimiento de su primera hija, Amparo, quien llegó para colmar de felicidad a la familia. Sin embargo, cuando la niña tenía apenas un año de vida, ocurrió lo que nadie podía imaginar. Y, siete meses después del fatal accidente en el que falleció el cantante nació Eva, a quien él nunca pudo llegar a conocer. La última actuación de Nino había tenido lugar el 15 de marzo de 1973, en Valencia. Al mes murió. Y tiempo después se editó el disco en el que venía trabajando. Pero quedó inconclusa la gira con la que planeaba llegar hasta Japón. Yo creo que la gran ocasión es cuando uno se levanta en la mañana, se mira al espejo cuando se está afeitando y se dice: Este es tu día. Has de hacer algo que aporte algo positivo tanto humana como profesionalmente en tu vida, como hombre y como profesional, señaló poco tiempo antes de su muerte el cantante, que nunca dejó pasar ninguna oportunidad.

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