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  • Adicciones y salud mental, el síntoma de una época y una mirada que pasó de moda

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    Fecha: 15/04/2026 11:14

    Durante mucho tiempo, las adicciones fueron leídas casi exclusivamente desde la conducta. Se miraba el consumo, la sustancia, la frecuencia, el desborde. Se hablaba del exceso como si ese exceso explicara todo. Pero hace rato que esa mirada quedó corta. Hoy resulta cada vez más evidente que, detrás de muchas adicciones, no hay solo una práctica repetida. Hay sufrimiento psíquico. Hay algo que no encontró otra manera de expresarse. No es solo consumo Ese es, quizás, uno de los puntos más incómodos y más urgentes de esta época. Ya no alcanza con ubicar de un lado la salud mental y del otro los consumos problemáticos, como si fueran dos asuntos distintos. En la experiencia clínica, y también en la vida cotidiana, esa frontera rara vez es tan nítida. La angustia, el vacío, la impulsividad, la ansiedad persistente, ciertas formas de depresión o de desamparo no siempre llegan con nombres prolijos. A veces toman otro camino. Se vuelven sustancia, apuesta, compulsión, dependencia. Empiezan como alivio. Terminan como encierro. Por eso no sorprende que distintas instituciones especializadas describan las adicciones como trastornos mentales crónicos y recurrentes. Es que no se trata solamente de dejar de consumir, sino de modificar el estilo de vida que sostenía ese consumo. Ese punto cambia la conversación. Porque obliga a mirar más allá del acto. Obliga a mirar la trama. Incluso hay algo que en consultorio se ve seguido: una parte muy importante de quienes llegan a tratamiento por consumos problemáticos convive además con otros padecimientos de salud mental. No es un dato técnico. Es una señal. Cuando los abordajes se fragmentan, el paciente queda partido. Y cuando el paciente queda partido, el tratamiento pierde potencia. Una época que no tolera el malestar Hay otro aspecto que vale la pena nombrar. Vivimos en una cultura que ofrece recursos para calmarlo todo y tolera cada vez menos la incomodidad. Todo tiene que ser rápido: dormir rápido, producir rápido, desconectarse rápido, sentirse mejor rápido. En ese contexto, el consumo muchas veces se vuelve una respuesta disponible. A mano. Casi lógica. El problema es que lo inmediato cobra caro. Lo que primero alivia, después puede dominar. Por eso hablar de adicciones no debería limitarse a una discusión sobre sustancias legales o ilegales. El tema de fondo es otro. Qué lugar tiene hoy el sufrimiento. Cuánto margen tiene una persona para pedir ayuda antes de caer. Qué respuestas colectivas existen cuando la vida psíquica se desordena. Lee también: Cuáles son las señales que alertan sobre una adicción al ejercicio Porque nadie se vuelve adicto en el vacío. Siempre hay una historia detrás. Un contexto. Una forma de la fragilidad. Y, muchas veces, una soledad demasiado larga. Tal vez el desafío más urgente sea dejar de pensar estos cuadros desde la condena o desde la simplificación. No se trata de debilidad moral. Tampoco de falta de voluntad. Mucho menos de capricho. Las adicciones hablan. Dicen algo del sujeto, sí. Pero también dicen algo del tiempo en que ese sujeto intenta sobrevivir. Escuchar eso, de verdad, ya sería una forma de empezar a tratar. (*) La Dra. María Luciana Ojeda (M.P. 07.257) es médica especialista en Psiquiatría. Diplomada en Adicciones, con formación en Terapia Dialéctico-Comportamental y abordaje cognitivo integrativo. Fellow en Demencias y Enfermedad de Alzheimer.

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