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  • Aún es de noche en Caracas, el thriller asfixiante que expone el colapso en Venezuela y sus consecuencias

    » TN

    Fecha: 13/04/2026 06:50

    La película Aún es de noche en Caracas llegó a Netflix con una propuesta clara: retratar el impacto del colapso social venezolano desde una perspectiva íntima. Producida por el actor venezolano Édgar Ramírez y dirigida por las cineastas Mariana Rondón y Marité Ugás, se inspira en la novela La hija de la española, de Karina Sainz Borgo. El film se sitúa en el contexto de las protestas de 2017 para construir un relato atravesado por la violencia y la incertidumbre. La historia sigue a Adelaida, una mujer que enfrenta la muerte de su madre en un escenario hostil que no le permite procesar el duelo con dignidad mientras siente como a su alrededor, la vida cotidiana se desmorona: su casa, el entorno y sus vínculos dejan de ser espacios seguros. La película evita cualquier lectura histórica, ideológica o distancia analítica: solo hay asfixia. Adelaida no observa los hechos, los padece. La puesta en escena refuerza ese clima. Sin música incidental, el film recurre al sonido ambiente y a los silencios para construir una atmósfera opresiva que también refleja el estado emocional de la protagonista. La cámara no la acompaña sino que la persigue, trasladando el conflicto social a un plano personal, dominado por la tensión y la paranoia. Más que explicar una crisis, la película expone sus consecuencias. Aún es de noche en Caracas se configura como un thriller psicológico donde el sistema opera como una amenaza constante y la huida aparece como una opción, aunque nunca se presenta como la opción más segura. La historia de desarraigo, crisis social y muerte que expone Aún es de noche en Caracas Tras enterrar a su madre, víctima de cáncer, Adelaida queda completamente sola en Caracas. Al regresar a su hogar, descubre que su departamento fue invadido por un grupo de mujeres contrabandistas vinculadas al régimen estatal, que actúan bajo total impunidad. Días antes de ese hecho, la protagonista había tenido un breve pero significativo encuentro con su vecina de enfrente, Aurora, quien le contó que atravesaba un delicado estado de salud. También le reveló que estaba por viajar a España gracias a la ayuda de su familia y a su doble nacionalidad, lo que le permitiría escapar de la crisis. Adelaida intenta recuperar su casa pero fracasa. En su huida, ingresa al departamento de Aurora pero se encuentra con su cadáver en un estado deplorable. En medio del horror y la desesperación, aprovecha la confusión de las revueltas callejeras para deshacerse del cuerpo y tomar su hogar como refugio. Mientras afuera crecen las protestas y la represión, dentro del edificio las ocupantes organizan nuevos desalojos y los familiares de la desaparecida presionan por medio de mensajes y llamadas para que Aurora adelante su viaje. La presión aumenta y Adelaida toma una decisión extrema: asumir la identidad de su vecina para poder escapar del país. En ese proceso aparece Santiago, un antiguo conocido que integra grupos paramilitares. Aunque cumple órdenes del régimen, en secreto intenta ayudar a civiles, lo que lo obliga a vivir en constante riesgo. Ambos terminan compartiendo refugio, pero el joven decide huir nuevamente. Su ejecución extrajudicial se retrata en las noticias días más tarde como la baja de un líder subversivo contra la revolución bolivariana. En la mente de Adelaida cada minuto es crucial y para convertirse en Aurora debe recurrir a la ilegalidad: no solo se apropia de sus datos personales y sus pertenencias, sino que aprovecha la corrupción institucional y el mercado negro de documentos para falsificar su identidad. Solo así logra meterse en la piel de la mujer desaparecida sin despertar sospechas. La huida a España finalmente se concreta, en medio de situaciones caóticas que persisten hasta su último momento en el aeropuerto. Sin embargo, la salida del país no implica una liberación plena: Adelaida logra sobrevivir, pero a costa de sí misma. La película convierte esa decisión en su núcleo más inquietante, al mostrar que, en determinados contextos, vivir implica dejar de ser quien se era. La realidad venezolana vs los hechos retratados en Aún es de noche en Caracas Aunque la historia de Adelaida es ficticia, el contexto en el que se apoya es real. El film retrata la Venezuela de 2017, marcada por protestas, represión y un fuerte deterioro institucional. En ese marco, el actor y productor Édgar Ramírez tuvo un rol clave para impulsar el proyecto y posicionarlo internacionalmente, facilitando su llegada a Netflix. Pese a ciertos rumores que circularon sobre grabaciones clandestinas en el centro de Caracas, la película no fue filmada allí. El rodaje se realizó en México, donde se eligieron locaciones con características arquitectónicas similares a la capital venezolana. Luego, a través de efectos digitales, se incorporaron elementos reconocibles para reforzar el realismo visual. Tal como expusieron el actor y las directoras en distintas presentaciones de este proyecto, filmar en Venezuela no era viable por razones logísticas, políticas y de seguridad, especialmente por la postura crítica de Ramírez hacia el gobierno venezolano. Aun así, el film incorpora material audiovisual real, que reflejan el escenario caótico que se puede vislumbrar desde las ventanas del edificio donde se desarrolla la mayor parte del conflicto. Para ello, las directoras trabajaron con periodistas y redes ciudadanas para incluir registros de las protestas, como videos sin editar y testimonios de personas detenidas. Ese material aporta una dimensión documental que potencia el impacto del relato. En varias escenas se recupera una práctica habitual durante las detenciones: las víctimas gritaban sus nombres y datos para dejar registro, mientras otros intentaban recopilar esa información y alertar a sus familiares. Incluso, situaciones similares se registraron en aeropuertos, donde se les impedía a los periodistas venezolanos salir del país confiscando sus documentos. Aún es de noche en Caracas logra transmitir con fuerza el desgaste emocional de una mujer empujada al límite por un contexto que la supera, como el testimonio vivo del sufrimiento de millones de personas exiliadas de forma forzosa entre los años 2014 y 2023. Sin buscar explicar el conflicto de fondo, la película apuesta por mostrar cómo una crisis colectiva puede desarmar por completo una vida. El resultado es un relato tenso, incómodo y atravesado por una sensación de amenaza que persiste incluso después del final.

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