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  • Hipertensión y obesidad: por qué mirar solo el tensiómetro ya no alcanza

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    Fecha: 13/04/2026 10:01

    El paciente no siempre siente dolor. A veces lo que aparece es otra cosa: cansancio al subir una escalera, falta de aire, una pesadez difícil de explicar, noches de mal descanso, la ropa que ajusta más, análisis que empiezan a alterarse. Y, de pronto, en una consulta de rutina, llega el dato que ordena todo y al mismo tiempo enciende una alarma: la presión está alta. Ese número, que muchas veces irrumpe sin hacer ruido, suele vivirse con desconcierto. Para buena parte de las personas, la hipertensión sigue siendo apenas eso: un valor fuera de rango. Pero la medicina, desde hace tiempo, empezó a correr el foco. Hoy, la presión arterial elevada ya no se interpreta como un hecho aislado, sino como la señal visible de un problema más profundo, más silencioso y también más extendido. La Organización Mundial de la Salud estima que la hipertensión afecta a unos 1.400 millones de adultos en el mundo y que solo uno de cada cinco la tiene controlada. No se trata de un dato menor: sigue siendo uno de los principales factores de riesgo de infarto, ACV, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica. En ese contexto, la advertencia de Pablo Rodríguez (M.N. 70.592), presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial y médico especialista en Cardiología, Hipertensión Arterial y Medicina Interna, resume con claridad el cambio de paradigma: La hipertensión no está sola. La frase no funciona solo como una definición potente. También expresa una mirada clínica cada vez más consolidada. Decimos que la hipertensión es la punta de un iceberg y que en realidad lo más importante está por debajo; y que lo que nosotros vemos, ese valor, ese número, en realidad expresa algo bastante más complejo, explicó Rodríguez. Más allá del número Durante años, el abordaje de la hipertensión estuvo muy centrado en bajar cifras. Esa lógica, aunque sigue siendo importante, hoy resulta insuficiente. El problema es que el tensiómetro muestra una parte, pero no el conjunto. Detrás de ese valor suelen convivir trastornos que avanzan al mismo tiempo y potencian el riesgo. Según planteó el presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, esa complejidad, hoy empieza a tener un nombre que se llama síndrome cardiorrenohepatometabólico. La expresión puede sonar técnica, pero describe una realidad concreta: el compromiso simultáneo del corazón, los riñones, el hígado y el metabolismo. En otras palabras, la hipertensión suele aparecer asociada a hígado graso, diabetes, colesterol alto, obesidad o sobrepeso. No como enfermedades separadas, sino como piezas de una misma trama. El compromiso hepático a través del hígado graso y el compromiso metabólico a través de la diabetes, el colesterol alto y, muchas veces como factor común de todo esto, está la obesidad y el sobrepeso, detalló el especialista. El peso de la obesidad en esta cadena En este nuevo mapa, la obesidad dejó de ser un dato accesorio. Hoy ocupa un lugar central porque ayuda a entender por qué tantas alteraciones aparecen juntas. No es solo una cuestión estética ni un problema reducido al peso corporal: es un factor que altera el funcionamiento del organismo. La obesidad y el sobrepeso provocan una serie de alteraciones cuyo eje fundamental es lo que llamamos insulinorresistencia, y a través de la insulinorresistencia se manifiestan todas estas cosas: desde la hipertensión hasta la diabetes, advirtió Rodríguez, una de las voces de referencia en el abordaje de esta enfermedad en la Argentina. Ahí aparece uno de los puntos más relevantes para pensar la hipertensión con más profundidad. Si forma parte de un cuadro más amplio, tratarla no debería significar únicamente bajar un número. Debería implicar leer qué está expresando ese valor y actuar sobre el conjunto. Tratar a la persona entera Esa mirada cambia el tratamiento. Lo vuelve más exigente, pero también más completo. Hoy por hoy, el tratamiento de un paciente hipertenso tiene que ser un tratamiento que sea abarcativo, que tiene que tomar en cuenta todas estas cosas, sostuvo Rodríguez. Y amplió: La hipertensión es una pata de lo que es la prevención cardiovascular, o cardiorrenovascular, o cardiorrenocerebrovascular, porque es proteger todos los órganos blandos de alguna manera. En la práctica, eso significa que muchas personas necesitarán medicación, y que en la mayoría de los casos no alcanza con un solo fármaco. Pero también implica algo más de fondo: pensar tratamientos que protejan el riñón, el corazón y el cerebro, sin empeorar otras variables metabólicas. La discusión, entonces, ya no pasa solamente por si la presión da 14 o 15. Pasa por comprender que ese número puede estar avisando que el cuerpo viene sosteniendo una sobrecarga silenciosa desde hace tiempo. La hipertensión sigue siendo una urgencia sanitaria global, pero hoy además obliga a una lectura más madura: no alcanza con apagar la alarma; hay que entender qué la encendió. Esta y otras temáticas vinculadas con la prevención, el diagnóstico y el tratamiento integral de la hipertensión serán parte del XXXII Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, que se realizará en Rosario 16, 17 y 18 de abril. El encuentro reunirá a destacados profesionales y referentes nacionales e internacionales en un espacio multidisciplinario de aprendizaje, actualización científica y discusión crítica.

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