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Fecha: 13/04/2026 10:01
En lo relacionado a la terapia, existen muchas corrientes psicológicas desde las que abordar una problemática. En todos los casos, es necesaria una evaluación inicial para determinar las áreas a trabajar y para lograr este objetivo, pueden utilizarse diferentes métodos, entre ellos, la técnica de la rejilla, la cual podría considerarse una entrevista semiestructurada que permite comprender la organización interna de la persona, es decir, la forma particular que ese individuo tiene de entender su realidad e interpretar las experiencias. Así lo indicó la psicóloga española Elena Sanz, quien añadió: Solo entendiendo su punto de vista podremos ofrecer soluciones apropiadas a sus demandas. Por ello, esta técnica tiene tanto valor. Además, explicó que la técnica de la rejilla es un instrumento de evaluación psicológica creado por George Kelly en 1995, se enmarca dentro de la teoría de los constructos personales, un enfoque que afirma que las personas damos sentido a nuestro entorno y a nuestras experiencias a través de diversas construcciones personales, es decir, la realidad es subjetiva y cada individuo crea significados propios. Son, precisamente, estos significados (o esta forma personal de organizar el conocimiento) lo que se pretende descubrir mediante la técnica de la rejilla. Así, sus características principales son las siguientes: - Su objetivo consiste en explicitar el sistema de creencias propio de la persona. - Es una técnica centrada en el individuo, pues se construye en base a las palabras o ideas del entrevistado y no en base a los constructos teóricos del entrevistador. - Es una técnica subjetiva y cualitativa, ya que no busca comparar o medir las respuestas de la persona, sino llegar a comprender profundamente su mundo interno. Cómo se aplica la técnica de la rejilla Al aplicar esta técnica de evaluación, entrevistador y entrevistado trabajan conjuntamente para dar forma a una matriz que representará gráficamente las principales creencias de la persona. Se trata de un proceso en tres partes: Elementos. En primer lugar, sobre una hoja en blanco, se colocan de izquierda a derecha los nombres de algunas de las personas más importantes en la vida del entrevistado. Pueden ser familiares, amigos, compañeros de trabajo, jefes o incluso personajes famosos que sirvan de inspiración. También es interesante añadir a personas que ya no formen parte del presente (como exparejas o antiguos profesores) o que representen un significado negativo. Además, es importante incluir algunos elementos de la propia identidad del entrevistado, por ejemplo: - El yo actual (quien soy ahora mismo). - El yo ideal (quien me gustaría ser). - Yo mismo antes de presentar el síntoma. - Yo cuando sufro el síntoma. Constructos. En segundo lugar, de arriba a abajo y en la zona izquierda de la hoja debemos plasmar atributos que pueden ser significativos para la persona. Estos constructos son bipolares (suave-áspero, claro-oscuro, bueno-malo), pero también dimensionales, ya que abarcan un amplio rango de posibilidades entre ambos polos. Además, surgen a partir de la experiencia, es decir, al observar, por ejemplo, a una persona que habla mucho y a otra que apenas se expresa, puede surgir el constructo hablador-callado. Cada uno de nosotros contamos con constructos nucleares que son los primeros a los que recurrimos para dar forma y significado a nuestras vivencias y son estos los que se plasman en la rejilla. Para ello, se relacionan los elementos (personas) designados en el primer paso, confrontándolos de dos en dos. Por ejemplo: - ¿Qué tienen en común tu madre y tu padre? Si la respuesta fuera que son muy generosos, habría que preguntarse: ¿cuál es el antónimo de generosos? De este modo obtendríamos, por ejemplo, el constructo generoso-egoísta. - ¿Qué similitud hay entre tu mejor amigo y tu antiguo profesor? Siguiendo la secuencia de preguntas anteriores, podría obtenerse, por ejemplo, el constructo inteligente-tonto. Confrontar los distintos elementos y colocar desde arriba hacia abajo los constructos que vayan surgiendo. Para este último paso, tenemos que clasificar a cada uno de los elementos en relación a los distintos constructos y lo haremos utilizando una escala que puede ir, por ejemplo, del 1 al 7. Así, debemos preguntarnos qué puntuación obtendría cada persona en los atributos que hemos obtenido. Comenzaremos con la primera e iremos colocando debajo de su nombre las diferentes puntuaciones y, a continuación, haremos lo mismo con todas las demás. Finalmente, obtendremos una matriz (una especie de tabla) que estará plasmando de forma gráfica: - Quienes son las personas más relevantes en la vida del entrevistado - Cuáles son los principales constructos que utiliza para interpretar y entender el mundo - Qué posiciones ocupa cada una de esas personas en estas categorías principales de significado Qué tipo de información podemos obtener de la técnica de la rejilla Completada la rejilla, podemos acceder a información valiosa sobre la forma en la que el entrevistado organiza su experiencia. Algunos datos pueden obtenerse directamente de la matriz dibujada en papel, pero, para un análisis más profundo podemos ayudarnos de algún programa informático que nos permita identificar y, sobre todo representar, relaciones en las que nos interese trabajar. En un análisis cualitativo, podemos ver, por ejemplo: - ¿Qué tipo de atributos predominan? Algunas personas tienden a elegir más frecuentemente constructos relacionados con el intelecto (como inteligente-tonto), otras con las relaciones personales (generoso-egoísta), otras con la afectividad (empático-insensible). Esto nos da una idea de qué áreas son más relevantes para esta persona. - ¿En qué posiciones se encuentran los elementos? Puede que a simple vista seamos capaces de ver que todas las personas puntúan alto o bajo en una dimensión. Por ejemplo, tal vez la mayor parte de los elementos se sitúen cercanos al polo insensible. Esto nos movería a preguntarnos por qué el paciente/cliente se vincula con este tipo de personas o por qué las percibe de este modo. - ¿Existen asociaciones llamativas? Por ejemplo, puede que la expareja se sitúe (por sus puntuaciones) en una posición muy cercana al padre. O, quizá, el yo ideal se encuentre muy parejo al mejor amigo. A partir de estos hallazgos, podemos realizarnos preguntas interesantes y extraer objetivos a trabajar. - ¿Podemos identificar posibles conflictos o dilemas? Esto ocurre cuando un constructo deseado (como podría ser buena persona) se sitúa gráficamente muy cerca de otro que se rechaza (por ejemplo: ser sumiso). Esta técnica proporciona información valiosa sobre cómo la persona organiza la experiencia. Una técnica de exploración de las creencias La técnica de la rejilla es un instrumento de exploración del mundo interno y de las creencias funcionales más arraigadas. Puede ser muy útil en un proceso de psicoterapia para identificar trastornos y conflictos, ver de dónde surgen e intervenir para solventarlos, pero, además, esta técnica tiene otras utilidades. Leé también; Dos hábitos diarios ayudan a dormir mejor y reducen el estrés, según un estudio Por ejemplo, puede emplearse en un proceso de toma de decisiones o en un trabajo terapéutico de cambio, incluso, si no hay ningún tipo de patología. Puede ser el caso de una persona que desee pulir o modificar algunos aspectos de su personalidad, pero presente resistencia a hacerlo. También es comúnmente utilizada como una técnica de orientación vocacional. En este caso, añadiendo los distintos estudios como elementos, se pueden identificar las preferencias académicas y vocacionales de la persona y sus aspiraciones, a fin de decidir acerca de su desarrollo profesional.
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