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  • Este detox puede borrar 10 años de daño cerebral por redes sociales, dicen los investigadores

    » La Nacion

    Fecha: 12/04/2026 15:20

    Este detox puede borrar 10 años de daño cerebral por redes sociales, dicen los investigadores WASHINGTON.- La joven relató ante un jurado cómo fue perder el control de su vida a causa de las redes sociales. Dijo que todo empezó cuando era niña y que, con el tiempo, el hábito se expandió hasta ocupar casi cada hora disponible: las noches se extendían hasta la madrugada y dormir iba quedando cada vez más relegado. Intentaba parar, pero se encontraba volviendo una y otra vez, atrapada en un bucle del que no podía escapar. A medida que su uso se intensificaba, también lo hacía su angustia: ansiedad, depresión y una creciente fijación con su apariencia. Quería estar todo el tiempo en las redes, declaró la joven de 20 años en el juicio histórico contra Meta y YouTube, antes de que un jurado determinara que las empresas habían sido negligentes y les ordenara pagarle US$6 millones en concepto de daños y perjuicios. El veredicto en California y otro fallo dictado en marzo en Nuevo México marcan un punto de inflexión en el largo intento de responsabilizar a las empresas de Silicon Valley por productos que, según los críticos, están diseñados para ser tan adictivos como el tabaco o los juegos de azar. La ciencia avanzó en paralelo al reconocimiento de los tribunales. Un cuerpo creciente de investigaciones vincula el uso intensivo de redes sociales no solo con el deterioro de la salud mental, sino también con efectos cognitivos medibles en la atención, la memoria y la concentración que en algunos estudios se asemejan a un envejecimiento acelerado. La ciencia también sugiere que tenemos más control del que creemos cuando se trata de revertir ese daño, y que la solución es sorprendentemente simple: tomarse un descanso. Dos semanas El estadounidense promedio pasa entre 4 horas y media y 5 horas al día frente al teléfono, según las encuestas. Incluso en quienes se ubican en el extremo más bajo, con entre dos y tres horas diarias, eso suma un mes y medio al año sin hacer otra cosa. Todos tenemos una relación poco saludable con el teléfono, dijo Kostadin Kushlev, profesor asociado de psicología en la Universidad de Georgetown. Los llamados detox digitales pueden sonar como una moda pasajera. Pero en uno de los estudios más grandes realizados hasta ahora, publicado en PNAS Nexus y con más de 467 participantes de una edad promedio de 32 años, incluso un período corto de alejamiento produjo resultados llamativos: en los hechos, borró una década de deterioro cognitivo asociado a la edad. Noah Castelo, profesor asociado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Alberta, explicó que el estudio surgió a partir de su propia experiencia. Hoy, con 35 años, recordó que obtuvo su primer teléfono inteligente en la universidad y empezó a notar cómo reorganizaba su tiempo: Estas tecnologías pueden interferir con actividades que, de otro modo, resultarían atractivas, como salir a cenar con amigos. Durante 14 días, los participantes usaron una aplicación disponible comercialmente, Freedom, para bloquear el acceso a internet en sus teléfonos. Aun así, podían realizar llamadas y enviar mensajes de texto, lo que en la práctica transformaba un teléfono inteligente en un teléfono básico. El tiempo en línea se redujo de 314 minutos a 161 minutos diarios y, al final del período, los participantes mostraron mejoras en la atención sostenida, la salud mental y el bienestar informado por ellos mismos. La mejora en la atención sostenida fue, según señalaron los investigadores, de una magnitud similar a la del deterioro asociado a 10 años de envejecimiento. Además, el impacto de la intervención sobre los síntomas de depresión fue mayor que el de los antidepresivos y comparable al de la terapia cognitivo-conductual. Pero hubo dos hallazgos que resultaron todavía más sorprendentes para Castelo y Kushlev, coautor del estudio: incluso quienes hicieron trampa y rompieron las reglas al cabo de unos días registraron efectos positivos tras el descanso; y, en los seguimientos posteriores a las dos semanas, muchas personas informaron que los beneficios se mantenían en el tiempo. Así que no necesariamente hay que restringirse para siempre. Incluso hacer un detox digital parcial, aunque sea por unos pocos días, parece funcionar, sostuvo Kushlev. Los investigadores distinguen entre el uso de internet en teléfonos y en computadoras, y concluyen que los teléfonos resultan mucho más perjudiciales. Según Kushlev, el uso del celular es más compulsivo y automático. Con el teléfono, las personas pueden estar en redes sociales mientras caminan, miran una película, hablan con alguien y así sucesivamente. En definitiva, interrumpe esas otras actividades. En todos esos casos, los investigadores observaron que, mientras alguien está con el teléfono en la mano, presta menos atención a la actividad social que está realizando y la disfruta menos. Incluso una distracción mínima durante esas actividades reduce la calidad emocional de la experiencia y hace que las conversaciones se disfruten menos y los vínculos se debiliten, explicó Kushlev. En el caso de la mujer que demandó a Meta y YouTube, los jurados emitieron un veredicto contra las empresas por una votación de 10 a 2, tras analizar las pruebas durante varios días. Luego del fallo, Meta anunció de inmediato que apelaría ambos veredictos. La empresa sostuvo que toma medidas para mantener seguros a los usuarios jóvenes de sus sistemas y negó las acusaciones. Desde YouTube, un vocero afirmó de manera similar que también apelará, al remarcar que se trata de una plataforma de transmisión construida de manera responsable, no un sitio de redes sociales. El problema de equilibrio La investigación sobre los detox digitales y sobre cómo definirlos todavía se encuentra en una etapa inicial, lo que plantea interrogantes acerca de si enfoques más específicos, como bloquear solo las redes sociales durante algunas horas o restringir el internet móvil en determinados momentos del día o de la semana, podrían resultar igual de efectivos. En noviembre, un estudio de la Universidad de Harvard publicado en JAMA Network Open y realizado con casi 400 personas reveló que incluso un descanso breve puede generar una diferencia medible: tras apenas una semana de uso reducido del teléfono inteligente, los participantes informaron una disminución de la ansiedad (16,1%), la depresión (24,8%) y el insomnio (14,5%). Otros experimentos apuntan en la misma dirección, ya sea reduciendo el uso de redes sociales una hora al día durante una semana o alejándose solo de Facebook e Instagram. La creciente preocupación por los efectos de las redes sociales llevó a algunos gobiernos a imponer restricciones a los usuarios jóvenes. Australia, por ejemplo, avanzó con medidas para limitar el acceso de niños y adolescentes, y propuestas similares surgieron en distintas regiones de Europa y de Estados Unidos. Pero John Torous, profesor asociado y psiquiatra de la Facultad de Medicina de Harvard y autor principal del estudio de JAMA Network Open, advirtió que las investigaciones muestran una realidad más compleja: no todas las personas se ven afectadas de la misma manera. Uno de los principales desafíos, indicó, es identificar quiénes son más vulnerables y por qué. A lo largo de la última década, agregó Torous, la evidencia pasó a parecerse a un problema del tipo Ricitos de Oro, es decir, encontrar el punto justo. Para algunas personas, su uso es demasiado; para otras, es muy poco; y para otras, está justo en el punto ideal. Identificar a quiénes perjudica es clave, explicó Torous, que también dirige la división de psiquiatría digital del Beth Israel Deaconess Medical Center. Entre los grupos que él y su equipo analizan se encuentran quienes son más propensos a lo que los científicos llaman comparación social, es decir, evaluarse a sí mismos en relación con los demás en especial en torno a la apariencia y sentirse peor como resultado; quienes ven alterado su sueño; y quienes recurren a internet para compensar la falta de conexión en sus vidas fuera de la pantalla. En paralelo, ya está en marcha un estudio de mayor escala, con más de 8000 participantes de 23 países. Dirigido por Steven Rathje, profesor asistente entrante de ciencias de la computación en la Universidad Carnegie Mellon, y financiado en parte por la Fundación Nacional de Ciencias, el trabajo les pide a los participantes que limiten su uso de TikTok, Instagram, X y Facebook a no más de cinco minutos por aplicación por día durante dos semanas. La recolección de datos se extenderá hasta septiembre y los resultados se conocerán a comienzos del próximo año. Una de las preguntas que busca responder el estudio es si se mantiene un patrón identificado en investigaciones previas: que Estados Unidos y otros países occidentales registran efectos negativos más severos asociados al uso del teléfono inteligente. Rathje es cauto al explicar las causas. Una posibilidad, sugiere, es cultural: la vida en sociedades altamente individualistas y perfeccionistas podría amplificar el costo psicológico. Esa hipótesis coincide con investigaciones más amplias que muestran que los trastornos de ansiedad son más frecuentes en países de altos ingresos que en los de ingresos bajos. Dice algo sobre los niveles de estrés en esos lugares, sobre cuán competitivos son, señaló. Pero, en última instancia, sigue siendo un gran misterio.

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