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  • JOSE ANGEL ALLENDE, JUBILADO, CONTRATOS TRUCHOS, CONDENADO Y OTRA VEZ SOLO EN LA CANCHA - Entre Rios 24

    Parana » ER 24

    Fecha: 12/04/2026 07:29

    JOSE ANGEL ALLENDE, JUBILADO, CONTRATOS TRUCHOS, CONDENADO Y OTRA VEZ SOLO EN LA CANCHA Con el antecedente de la condena por coacciones a Martín Carboni, la causa de Sonia Velázquez prescripta, y una nueva causa como presidente de la HCD con los CONTRATOS TRUCHOS y poder en el tablero de OSER, José Ángel Allende va por más. En Entre Ríos ya no se trata de una elección sindical. Se trata de un sistema que se repite. José Ángel Allende, al frente de UPCN desde 1998, ya había asumido su séptimo mandato en 2022, y ahora vuelve a proyectar su continuidad con la cancha despejada, sin oposición real y con el mismo esquema de poder que lo sostiene desde hace décadas. El dato no es menor: no es solo permanencia, es perpetuación. Salvo la honrosa exepcion del año 2018, con nombre y costo político, fue Luis Cufi Mariani, quien denunció públicamente irregularidades, falta de democracia interna y prácticas de presión dentro del gremio. Pero fue una excepción. La regla fue otra: listas únicas, estructuras cerradas y una oposición que, con el tiempo, fue desapareciendo o quedando neutralizada. Allende no gana solo por fortaleza propia; gana porque nadie logra competir en igualdad de condiciones. La justicia le permitio por ejemplo nuevos mandatos de secretarios condenados, y todo tipo de irregularidades al ahora jubilado de Diputado Jose Allende.- A eso se suma una contradicción difícil de explicar: Allende es un dirigente jubilado del Estado provincial. Y aunque formalmente haya debido adecuar su situación para seguir al frente del gremio, el dato político permanece intacto: quien conduce a trabajadores activos hace décadas ya no vive la realidad laboral que dice representar. Mientras tanto, los jubilados entrerrianos reales están en la otra punta: ajustados, deteriorados, invisibles. Pero el problema no es solo sindical. También es institucional. En 2022, Allende fue condenado a dos años de prisión condicional por coacciones contra el periodista Martín Carboni. El fallo fue claro en cuanto al carácter intimidatorio de los hechos. La frase que sobrevoló el expediente la referencia a terminar como José Luis Cabezas no fue un exabrupto menor. Fue considerada dentro de un contexto de presión concreta. En cualquier escenario institucional sano, ese antecedente habría significado un límite político inmediato. En Entre Ríos, no cambió nada. En paralelo, la causa impulsada por la exministra de Salud Sonia Velázquez, también por coacciones agravadas, terminó prescripta en el Superior Tribunal de Justicia, en una resolución que dejó más preguntas que respuestas y que la propia exfuncionaria cuestionó públicamente. Otra vez el mismo patrón: denuncias graves, alto impacto institucional y un desenlace que diluye responsabilidades. El capítulo patrimonial tampoco puede ignorarse. Allende ha quedado vinculado en distintas instancias judiciales a investigaciones por enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con la función pública, con bienes tasados en cifras millonarias. Incluso en un proceso abreviado se dispuso el decomiso de propiedades y sanciones económicas. No hace falta una sentencia definitiva para advertir el problema político: la imagen de un dirigente sindical con patrimonio millonario es incompatible, por sí sola, con la realidad de los trabajadores que representa. Y en ese contexto aparece otro eje clave: OSER. Allende no solo conserva poder gremial. También mantiene incidencia política en la discusión sobre la obra social de los entrerrianos, uno de los temas más sensibles para estatales y jubilados. No es un dato menor. Es poder real. Es capacidad de decisión. Es influencia sobre la salud de miles de personas. Por eso el cuadro es completo: un dirigente eterno, con antecedentes judiciales, CONTRATOS TRUCHOS, con cuestionamientos patrimoniales, sin competencia interna real, y con peso sobre una estructura clave como la obra social. Y todo eso sostenido por un sistema que reacciona con dureza frente a los débiles, pero con cautela frente a los poderosos. Porque mientras a un abogado o periodista se lo puede exponer o perseguir por denunciar, cuando el denunciado es un dirigente con estructura, los tiempos cambian, las calificaciones se atenúan y las causas se diluyen. Ese doble estándar no es un error: es el mecanismo. La continuidad de Allende no es una victoria sindical. Es la confirmación de un modelo. Un modelo donde el poder no se discute, se administra. Donde la representación no se renueva, se hereda. Y donde los trabajadores docentes, policías, enfermeros siguen mirando desde abajo cómo otros deciden por ellos. Allende seguirá. El sistema también. Y los trabajadores, una vez más, quedarán atrapados en el mismo lugar.

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