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» TN
Fecha: 11/04/2026 22:00
Después de cancelaciones y postergaciones, los nervios del despegue, la expectativa por la travesía en el lado oscuro de la Luna y las tensiones del reingreso a la atmósfera, la misión Artemis II finalizó con éxito el 10 de abril. Así, cuando Integrity amerizó en las aguas del Pacífico, concluyó un viaje de casi diez días que llevó a cuatro astronautas al entorno lunar por primera vez desde 1972 y la NASA consiguió validar en condiciones reales el funcionamiento del cohete Space Launch System, la nave Orion y una parte central de la arquitectura con la que busca sostener sus próximas misiones hacia la Luna. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen fueron los héroes y las caras visibles de la hazaña, los cuatro tripulantes elegidos para una misión que tenía un peso técnico, operativo e histórico muy claro: Artemis II debía probar cómo respondían la cápsula, el soporte vital, la navegación, la propulsión, las maniobras manuales y la reentrada con personas adentro. Y también había que confirmar que el sistema completo podía viajar más allá de la órbita terrestre, bordear la Luna y regresar a salvo. Y en medio de esta histórica misión, Argentina tuvo una participación, pequeña, pero importante, para la ciencia de nuestro país: entre las cargas secundarias liberadas durante el vuelo estuvo ATENEA, un nanosatélite CubeSat desarrollado por la CONAE. Su tarea incluyó la validación de subsistemas, el ensayo de comunicaciones de largo alcance y la obtención de datos en una operación real de espacio profundo. El satélite logró transmitir a más de 70.000 kilómetros de la Tierra y se convirtió en el microsatélite argentino lanzado a mayor distancia hasta ahora. Qué fue Artemis II y por qué era una misión clave para la NASA Artemis II fue el primer vuelo tripulado del programa Artemis y la primera misión con astronautas del sistema SLS-Orion. La NASA la definió como un paso clave hacia su regreso sostenido a la Luna y hacia futuros vuelos a Marte. La nave debía despegar, alejarse de la Tierra, pasar por el entorno lunar, regresar y completar el reingreso con una tripulación de cuatro personas. La agencia también dejó en claro desde la previa qué esperaba obtener. Los cuatro astronautas iban a poner a prueba sistemas, procedimientos y desempeño del vehículo en espacio profundo. La lista incluyó operaciones manuales de la nave, control de actividades automáticas, chequeo de sistemas de soporte vital, propulsión, energía, control térmico y navegación, además de observaciones lunares y estudios vinculados con la salud humana en misiones de larga duración. Por esos motivos, Artemis II ocupó un lugar especial dentro del cronograma de la agencia espacial norteamericana. Artemis I había servido para validar el conjunto sin tripulación. Artemis II debía hacer lo mismo con cuatro personas a bordo. La diferencia era enorme. Cada maniobra, cada ajuste de trayectoria y cada revisión de sistemas pasaban a tener una dimensión distinta cuando la prioridad era proteger vidas humanas mientras la nave viajaba a cientos de miles de kilómetros de la Tierra. Leé también: Artemis II, un viaje histórico a la Luna El cohete SLS, la nave Orion y la lógica del viaje El SLS fue el vehículo de lanzamiento de Artemis II. NASA lo definió como el único cohete capaz de enviar, en un solo despegue, a Orion, astronautas y carga directa hacia la Luna. El 1 de abril fue su primer uso tripulado. Arriba del SLS se ubicaba Orion, la nave diseñada para llevar y sostener astronautas en el espacio profundo y traerlos de regreso a la Tierra. Su módulo de tripulación tiene solo 9,34 metros cúbicos habitables, 5 metros de diámetro y es capaz de alojar a cuatro personas durante hasta 21 días. Debajo de la cápsula tenía lugar el módulo de servicio europeo, que le da a la nave propulsión, electricidad, agua, oxígeno y nitrógeno, y que se separa antes de la reentrada. Un detalle importante de Artemis II fue que el plan de Orion no era entrar en órbita lunar. Su ruta seguía una trayectoria de sobrevuelo y retorno libre, un recorrido que usa la gravedad de la Tierra y de la Luna para guiar el viaje de ida y de regreso. Esa característica ayuda a entender la misión completa. El 1 de abril, unos 49 minutos después del despegue, la etapa superior del SLS colocó a Orion en una órbita elíptica alrededor de la Tierra. Después ejecutó un segundo encendido para enviarla a una órbita alta de unas 47.000 kilómetros sobre la Tierra durante aproximadamente 24 horas de chequeos. Completada esa fase, Orion se separó de la etapa superior y comenzó a volar por sus propios medios. En ese momento, a la tripulación le tocó el turno de hacer una demostración de pilotaje manual para probar no solo sus habilidades, sino las del vehículo espacial. Leé también: Artemis II: las fotos más espectaculares del lado oculto de la Luna ATENEA, el aporte argentino dentro de una misión lunar tripulada A pocas horas del despegue, y dentro de la primera órbita terrestre, Argentina sumó una historia propia dentro de Artemis II. NASA había confirmado que cuatro CubeSats internacionales viajarían como cargas secundarias en el adaptador de etapa de Orion. Uno de ellos fue ATENEA, un nanosatélite desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto con universidades nacionales y organismos científicos. Y todo salió como se esperaba. A las cinco horas del lanzamiento del cohete SLS, ATENEA fue liberado y desplegado, encendió su computadora de a bordo y realizó sus maniobras iniciales de estabilización. La primera telemetría llegó el 2 de abril a las 00:58 a estaciones de Córdoba y Tierra del Fuego. En ese momento, el microsatélite ya estaba a más de 40.000 kilómetros de la Tierra. Más tarde alcanzó más de 70.000 kilómetros y se convirtió en el objeto argentino que más lejos llegó. La misión experimental de ATENEA terminó el 2 de abril a las 20:42, después de unas 20 horas de operación. De acuerdo con la CONAE, durante ese período el satélite permitió validar capacidades de seguimiento, recepción, procesamiento de datos y gestión remota en un escenario de espacio profundo. También brindó información sobre radiación, componentes electrónicos, enlaces de comunicación de largo alcance, señales de navegación y desempeño de sensores en condiciones de muy baja luminosidad. Juan Pablo Cuesta González, ingeniero líder del proyecto ATENEA, explicó a TN Tecno que la participación argentina en Artemis II validó años de desarrollo científico y tecnológico y demostró no solo que se pudo cumplir con los tiempos establecido sino que también el país es capaz de encarar proyectos espaciales. Así fue el vuelo hacia la Luna La salida definitiva de la órbita terrestre llegó el 2 de abril, cuando Orion encendió durante 5 minutos y 50 segundos el motor principal de su módulo de servicio y completó la inyección translunar. La NASA destacó ese momento como el punto en el que, por primera vez desde 1972, personas a bordo de una misión de la agencia dejaban la órbita terrestre con rumbo al entorno lunar. A partir de allí, Artemis II quedó en el corredor que la llevaría hacia el sobrevuelo de nuestro satélite. Durante esas primeras horas surgió también la falla más comentada del viaje. La tripulación reportó un problema en el inodoro de Orion y Christina Koch trabajó junto con el control de misión para resolver el problema. Con la nave ya en camino, la rutina a bordo empezó a parecerse más a una misión real que a una prueba de laboratorio. La tripulación realizó ejercicio, siguió protocolos médicos, probó equipos de supervivencia, chequeó interfaces de cabina y avanzó con distintas tareas previstas para evaluar la habitabilidad de Orion. NASA subrayó que una parte del valor de Artemis II estaba precisamente en esa vida diaria de la nave: cómo se mueve la tripulación, cómo trabaja, cómo duerme, cómo usa el espacio y cómo responde el vehículo cuando deja atrás la cercanía de la Tierra. El sobrevuelo lunar y los récords de Artemis II El 6 de abril llegó la parte más esperada de la misión. La tripulación completó un sobrevuelo lunar de unas siete horas, capturó imágenes de la cara oculta y atravesó el tramo detrás de la Luna con una pérdida de señal planificada de unos 40 minutos. Durante ese trayecto, Orion pasó a unos 6545 kilómetros de la superficie lunar. Dos minutos después alcanzó la máxima distancia de la misión respecto de la Tierra: 406.785 kilómetros y estableció un nuevo récord para el vuelo humano más lejano. Antes de ese punto máximo, la misión ya había superado la distancia que Apolo 13 había fijado como marca histórica para seres humanos en 1970. NASA informó que el nuevo récord excedió el anterior por 6616 kilómetros. La tripulación también produjo algunas de las postales más recordadas del vuelo. Durante el paso por detrás de la Luna observó un Earthset cuando la Tierra desapareció detrás del horizonte lunar, y luego un Earthrise al reaparecer del otro lado. Los astronautas fotografiaron cráteres, llanuras de lava y otras formaciones de la cara oculta. NASA agregó otro detalle llamativo: durante un eclipse solar casi total, la tripulación reportó seis destellos producidos por impactos de meteoroides sobre la superficie lunar. Leé también: Artemis II: qué cambios sufrieron los astronautas al regresar a la Tierra El regreso y la reentrada Después del sobrevuelo lunar, Orion inició el regreso a la Tierra con una trayectoria de retorno libre y la tripulación solo realizó breves correcciones de rumbo, siguió con tareas de rutina y empezó a preparar la secuencia final de regreso. El 10 de abril, a las 20:33 el módulo de servicio se separó de la cápsula. Cuatro minutos más tarde, Orion realizó un encendido breve para ajustar su orientación y presentar el escudo térmico en el ángulo correcto. A las 20:53 la nave alcanzó la atmósfera terrestre a 121 kilómetros altura y 35 veces la velocidad del sonido. Poco después comenzó el apagón de comunicaciones previsto por la acumulación de plasma alrededor de la cápsula durante el calentamiento en el ingreso. En ese momento, la nave debió soportar más de 2700 grados centrígrados. La etapa final fue una secuencia de tiempos precisos. A 7000 metros se desplegaron los paracaídas de frenado y a los 1600 metros se abrieron los tres paracaídas principales, que guiaron el descenso final. Así, a las 20:07, Orion completó el amerizaje en el Pacífico, frente a San Diego. Después, equipos de la NASA y de las fuerzas armadas estadounidenses extrajeron a la tripulación y la trasladaron al USS John P. Murtha para las primeras evaluaciones médicas. Lo que deja Artemis II Más allá de los récords y la proeza técnica y científica que significa llevar, y traer sanos y salvos, a humanos al entorno lunar, Artemis II ayudó a conectar generaciones, a renovar el interés público por la exploración y dar a conocer la próxima etapa del programa lunar. La misión ya dejó una huella emocional y simbólica entre especialistas y protagonistas que siguieron de cerca cada etapa del vuelo. Lorna Evans, médica espacial argentina, piloto e investigadora externa en proyectos científicos de la NASA, describió la misión como un hecho histórico para la humanidad. Evans contó a TN Tecno que vivió el despegue en Florida, a solo un par de kilómetros del lugar del lanzamiento, con una emoción profunda, al punto de conmoverse hasta las lágrimas al ver salir a la nave y pensar en todo lo que había detrás de ese momento: el entrenamiento de la tripulación, el trabajo de ingeniería, los protocolos médicos y la enorme estructura humana que hizo posible la misión. Para mujer de 37 años nacida en Lanús y candidata a astronauta análoga de la agencia, Artemis II tuvo además un valor técnico muy fuerte, porque permitió poner a prueba sistemas, automatización y procedimientos en un vuelo real. También remarcó que ese aprendizaje resulta central para las próximas etapas del programa y para los futuros viajes a Marte. Por su parte Lucas Paganini, científico argentino que trabaja en la NASA en el desarrollo del telescopio Nancy Grace Roman, dijo que ver el lanzamiento de Artemis II fue profundamente emocionante: Fue también una mezcla de ilusión, esperanza y conciencia histórica". Según expresó a TN Tecno, uno de los aspectos más fuertes fue la sensación de conexión global que produjo la misión, con personas de distintos lugares del mundo siguiendo el mismo momento. Paganini también señaló que el programa Artemis reúne a múltiples naciones y que esa dimensión internacional abre oportunidades concretas para proyectos como el CubeSat ATENEA. Esta nueva etapa de exploración también funciona como una fuente de inspiración para las nuevas generaciones, al mostrar que desde cualquier parte del mundo se puede aportar al desarrollo espacial, remarcó. Roberto Giménez, ingeniero aeroespacial argentino que trabaja en SpaceX, aportó una mirada técnica y humana sobre la misión. Por un lado, explicó a TN Tecno que el lanzamiento de Artemis II generaba una tensión lógica por el riesgo de un vuelo tripulado de esa magnitud. Por otro, contó que el éxito del despegue y del resto de la misión le produjeron una gran alegría por todo lo que representa volver a llevar astronautas al entorno lunar después de más de 50 años. Artemis II ayudó a volver a poner la exploración espacial en la conversación pública y a conectar generaciones distintas alrededor de un mismo hecho. Giménez también valoró la dimensión internacional del programa, con la participación de socios como Canadá y con pequeños desarrollos de otros países, entre ellos la Argentina con ATENEA. Al respecto, Juan Pablo Cuesta González, ingeniero líder del proyecto ATENEA en la CONAE, aseguró que la participación argentina en Artemis II marcó un hito muy relevante para el sector espacial del país. En diálogo con TN Tecno, agregó el proyecto reforzó el posicionamiento de la Argentina como un socio confiable en iniciativas espaciales internacionales. Cuesta González también recordó que en el equipo argentino había mucha expectativa y tensión, y que la mayor emoción llegó cuando comenzaron a recibir telemetría sin contratiempos: Fue el instante en el que todo cobró sentido: lo que se diseñó, integró y ensayó en tierra demostró que funciona en el entorno real. Por último, TN Tecno cambién conversó con Pablo de León, ingeniero aeroespacial y director del Laboratorio de Vuelos Espaciales Tripulados de la Universidad de North Dakota. De León trabaja con NASA en el desarrollo de trajes espaciales y fue parte de la histórica transmisión de TN desde Cabo Cañaveral, junto a Nelson Castro. Ambos presenciaron el despegue de Artemis II en vivo y en directo. El lanzamiento fue imponente. El Space Launch System es muy grande y muy potente. Entonces, en el momento en el que está saliendo, sentís la vibración en el pecho. Es impresionante, expresó el ingeniero argentino. Para De León, el éxito de la misión reafirma que la NASA tiene la capacidad de llevar una tripulación a la Luna y sienta las bases para esteblecer una estación en la superficie de nuestro satélite. Por último, y a modo de conclusión, el experto destacó el papel que tuvo la Argentina con el lanzamiento de ATENEA: Nos puede abrir la puerta para tener una participación mayor en este tipo de proyectos. Yo le digo a todos mis colegas argentinos que no nos durmamos en eso, que aprovechemos la posibilidad de que nuestro país sea parte de estos proyectos, y que todos podamos contribuir a este futuro que yo creo que va a ser maravilloso en cuanto a la investigación y la ciencia espacial.
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