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  • Memoria Frágil: La cruz que tardó cuarenta años en llegar a Malvinas | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 11/04/2026 21:59

    A 44 años de la guerra, la historia del piloto Danilo Bolzán vuelve a latir en Malvinas. El documental reconstruye su última misión, el dolor de la ausencia y la llegada de una cruz que transformó la memoria en presencia. Un relato íntimo donde el heroísmo y la Patria se sostienen en el tiempo. Hay historias que no terminan cuando callan las metrallas de la guerra. La de Danilo Bolzán, piloto entrerriano caído en la última oleada del 8 de junio de 1982 en Malvinas, pertenece a esa estirpe de relatos que siguen respirando en la memoria, como brasas encendidas bajo la ceniza del tiempo. El documental La cruz que tardó cuarenta años en llegar a Malvinas, que el programa televisivo Memoria Frágil puso en pantalla, no reconstruyó solamente una biografía: levantó, con pulso de verdad y emoción contenida, un monumento íntimo donde la Patria se vuelve carne y legado. La guerra, como un relámpago que parte la historia en dos, dejó a su paso cuerpos dispersos y preguntas sin respuesta. Bolzán cayó en tierra, pero su ubicación permaneció durante décadas en el territorio incierto del olvido. Mientras tanto, su familia -como tantas otras- aprendió a habitar la ausencia: una viuda de 23 años, un hijo que creció reconstruyendo la imagen de su padre a partir de relatos, fotografías y silencios. En ese tejido de memoria fragmentaria, cada testimonio funciona como una puntada que intenta cerrar la herida abierta de Malvinas. El documental de Memoria Frágil avanzó como una travesía emocional y geográfica. Desde los cielos helados donde los A-4 desafiaban la lógica de la supervivencia hasta los campos isleños donde aún reposan restos de metal y de historia, la narración reconstruyó el derrotero de un hombre que eligió volver al combate cuando ya no estaba obligado. No hay épica vacía en ese gesto: hay una convicción profunda, casi ancestral, de que la patria no es una consigna sino un compromiso vital. La llegada de la cruz en 2019 -casi cuatro décadas después de la guerra- condensa el sentido más hondo del relato. No es solo un símbolo religioso ni un acto personal: es la materialización de una memoria que se niega a desaparecer. Clavada en suelo malvinense, entre restos de avión y viento austral, esa cruz parece dialogar con el horizonte como una antena de la historia, captando las voces de quienes aún reclaman ser recordados. Pero, acaso uno de los gestos más luminosos sea el encuentro con el otro lado del combate. La presencia del piloto británico que participó del derribo, o el diálogo posterior con las familias de los soldados caídos, introduce una dimensión profundamente humana: la guerra como tragedia compartida, donde el dolor no reconoce banderas. Allí, el heroísmo se resignifica no solo en el valor del combate, sino también en la capacidad de tender puentes sobre el abismo de la historia. En tiempos donde la desmalvinización amenaza con convertir la gesta en efemérides, este documental irrumpió como un acto de resistencia cultural. Porque recordar no es un ejercicio pasivo: es una forma de sostener la soberanía en el terreno más perdurable, el de la conciencia colectiva. Y en esa tarea, la figura de Bolzán -como la de tantos otros- vuelve a despegar, no ya en un avión de combate, sino en la memoria viva de un país que todavía se busca a sí mismo en el espejo de su historia. La cruz que tardó cuarenta años en llegar a Malvinas El 8 de junio de 1982, en la última oleada de ataque que salió hacia Bahía Agradable, cuatro pilotos argentinos despegaron en misión en Malvinas. Tres no volvieron. El teniente Danilo Bolzán fue uno de ellos. Sus compañeros de esa tanda, el alférez Alfredo Jorge Vázquez y el teniente Juan José Arrarás, cayeron al mar: sus cuerpos nunca pudieron ser recuperados. Bolzán, en cambio, cayó en tierra. Pero, nadie sabía dónde. De esa misión regresó con vida solo el comodoro Héctor Pipi Sánchez. Esta es la historia del teniente Bolzán, uno de nuestros héroes en Malvinas. Laura Rusi, esposa Yo te puedo hablar por mí mi hijo ya te habrá dicho lo que él siente. Pero, cada vez que se aproxima esta época siempre es como que se revive y está a flor de piel todos aquellos momentos del ´82, sobre todo, cuando llegamos a junio, que es cuando cayó Danilo en combate: el 8 de junio. Los primeros tiempos pasaron escuchando las distintas misiones y demás los compañeros que caían y él entrenándose para volver a pilotear el A4; porque nosotros estábamos de pase en Córdoba, hacía dos meses y cuando él vio que sus compañeros estaban peligrando, pidió que lo vuelvan a Reynolds y estuvo unos días actualizándose en el avión. Deben cumplir horas de vuelo y bueno, volvió a pilotear ese avión y a participar en las distintas misiones que le asignaban. Pero, el dolor no solo para nosotros es de abril a junio, desde aquella época fue una gran lucha la vida nuestra. Cuando digo nuestra, digo en este caso mía y de mi hijo. Acá, en Córdoba, hemos sido 14 viudas somos 14 viudas muy compañeras entre todas. Cada una hizo lo que pudo. Algunas con hijos más chicos. Yo tenía a Pablito que no tenía dos años. Otras tenían hijos en la panza tres hijos yo tenía 23 años. Claudio Schulz, docente - rescatista histórico Danilo nace en el Sanatorio Adventista del Plata, el 20 de enero de 1955. Hijo de familia de origen italiano. Y luego se radica acá en la zona cerca de Crespo, que conocemos como Aldea San Juan. En esa zona rural él pasa su infancia. Estudia en la Escuela Primaria 105 Patria Libre. Luego se muda a Córdoba y se va de pupilo a un Colegio Salesiano en Colonia Vignaud (Córdoba). Termina la primaria y la escuela secundaria él la cursa en Crespo en un colegio que ya no existe, que duró pocos años, que se llamó San Arnoldo Janssen. Luego, en el colegio Adventista del Plata y finaliza sus estudios en la Escuela Normal de Paraná, los últimos años de la escuela secundaria. A los 17 años se va a Córdoba, a la Escuela de Aviación Militar. Entra a cursar el curso de alférez. Se recibe de alférez a los 3 años. Luego, hace y termina el curso de aviador militar. Se recibe en el año ´76, si no me equivoco. Y por las características que él tenía, las cualidades de vuelo que él tenía, es destinado a la IV Brigada Aérea de Mendoza, donde hace el curso de estandarización en sistemas de combate. Entonces, ahí él ingresa con todo lo que es la capacitación para volar aviones de combate. Pablo Bolzán, hijo Obviamente, yo ahora tengo 45 años, y en ese momento tenía dos, con lo cual las vivencias que uno ha recibido de mi padre han sido a través de mi madre, principalmente, en una primera etapa, y luego a través de sus compañeros, ¿no? Sus compañeros de vuelo o sus compañeros, su camada dentro de la Fuerza Aérea. Y después con el tiempo, a medida que uno se va haciendo más grande a través de otros familiares que uno se va encontrando en el camino, digamos. En Entre Ríos con personas que uno no sabía que existía y de pronto, se enteran de uno y se acercan y dicen: yo me acuerdo de distintas anécdotas bueno todo eso de alguna manera uno lo va armando dentro de su imaginario y a partir de ahí se construye la imagen o lo que uno lo recuerda no recuerdos porque uno no los tenía, pero sí la imagen de quién era Danilo Bolzán. Atilio Tropini, familiar Éramos primos, y había una relación familiar, y aparte de familiar, había una relación de amistad, porque vos podés tener familiares y, bueno, el apellido o el parentesco dice que sos pariente, pero no hay una relación de amistad. Bueno, en el caso de Rubén, para nosotros, los familiares es Rubén, si bien es Danilo Rubén, para nosotros es Rubén Rubén conmigo y con Mary, mi esposa, siempre fuimos muy amigos, muy compinches, cómplices también en travesuras de juventud. A los dos nos gustaba la velocidad, tuvimos un accidente de auto en un camino el camino que va de Viale a Maciá, cerca de la estancia Las Achiras, ahí tuvimos un accidente era un día, esas esas fechas quedan grabadas: 4 de abril del año 1969, ahí tumbamos con el auto que íbamos, a Rubén no le pasó nada, apenas unos regaños y yo me quebré el brazo y, bueno, nada eso fue una anécdota, después nos reíamos y comentábamos de los errores que habíamos cometido y, bueno, esas cosas que pasan. Mario Francisconi, autor del libro Malvinas. Tributo entrerriano Cuando yo comencé a hacer el libro de Malvinas, me impactó la foto ésta, la imagen de él y todavía no había terminado el libro ni iba por la cuarta parte y ya tenía la tapa diseñada, ¿viste?. Varios años después de la guerra, la Fuerza Aérea Argentina hizo llegar a la familia Bolzán una bolsita pequeña. Dentro había tres fragmentos del avión. Los acompañaba un papel escrito a mano: restos del A4B, matrícula C-204, encontrado por Frank Leyland y entregado a Nicholas Tozer para la familia. Leyland era un isleño que había recorrido el lugar. Tozer, un periodista de origen anglo argentino que después de la guerra había investigado en las islas durante un tiempo. Esa bolsita fue el punto de partida. Pablo Bolzán Todo arranca en el año 1991. En ese momento yo tenía 11 años y fue el primer viaje que organizó la Cruz Roja Internacional, luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Argentina y Gran Bretaña. Y nunca me voy a olvidar, fuimos con mi mamá, con mi tío y con mi abuela a ese viaje. Y, obviamente, que fue un viaje muy duro, porque uno entre que era chico, todo el movimiento que había alrededor, las cámaras, cuando uno llegaba, nosotros en ese momento vivíamos en Córdoba, nos fuimos hasta Buenos Aires, después Ezeiza saliendo a la madrugada, O sea, son todos flashes que uno tiene de una situación muy, obviamente, de mucho estrés, porque además cuando entramos a las islas no entramos con nuestra documentación, nos habían dado como unas credenciales. Por grupo nos habían separado, entonces uno tenía una credencial roja, el otro de distintos colores. Pero, hay algo que siempre me voy a acordar que fue mientras nosotros llegamos con el avión a la base de Mount Pleasant, estábamos esperando en un salón nos ofrecieron las bebidas, comidas calientes y demás, obviamente, era un día muy muy muy feo, muy ventoso, típico día de Malvinas. Y siempre recuerdo que en ese momento yo estaba en el colegio y ya había, ya estaba estudiando inglés, ¿no? Y fue mi primera oportunidad de interactuar con un soldado británico que estaba sirviendo una sopa o un caldo o algo por el estilo mientras estábamos esperando ahí. Y fueron todos muy amables con nosotros, con todos los familiares que estábamos ahí. Y esa fue la primera vez Ese primer contacto siempre lo tengo en mente, después nos llevaron en un helicóptero hasta el cementerio y esa fue la primera vez, el primer contacto con Malvinas. Leticia Bolzán, familiar En estos últimos años en los que uno por ahí creció y pudo averiguar y tuvo acceso a más información de... por charlas o por ahí sin miedo o sin vergüenza, aprendí que realmente Rubén fue a Malvinas a pelear porque quiso, para defender a su país. Él, cuando la guerra empezó, ya no era piloto. Estaba enseñando. Era instructor de vuelo y al comunicarse con compañeros decidió que él quería estar ahí, que él quería ayudar. Yo era muy chiquita, no tengo recuerdos de la guerra, pero en su tiempo en la casa yo tuve la suerte de crecer con mis abuelos, o sea que yo crecí en la casa que fue de Rubén. Y mucho no se hablaba de la guerra porque justamente era un tema algo triste, algo doloroso. Cuando crecimos tuvimos más relación por ahí con Pablo, con el hijo de Rubén y hablamos más sobre la guerra, sobre su experiencia. Él viajó varias veces a Malvinas. Mi papá y mi abuela también fueron una vez. Para mí es como una materia pendiente. Yo quiero ir pero, bueno, capaz que ya se va a dar, quizás más adelante, a conocer, a ver el cementerio. Volviendo a la experiencia y a lo que pude charlar, por ejemplo, cuentan que Rubén era una persona muy recta, pero que era buena y no era alguien muy gracioso, no le gustaban mucho las bromas. Pero, bueno, era un buen compañero. Claudio Schulz Hay poco conocimiento de base. Los chicos lo único que saben es que hay dos calles en Crespo que se llaman Danilo Bolzán y Juan José Falconier y muchas veces la pregunta lleva a que uno empiece a hablar con ellos y a explicar las cuestiones básicas de quiénes fueron. Pero, se quedan muy asombrados de que un piloto pueda volar a una velocidad cercana a los mil kilómetros por hora tratando de esquivar todo tipo de fuego enemigo y tratando de poner una bomba sobre un buque y tratar de huir lo mejor posible tratando de salvar su vida todo eso en pocos segundos. Se quedan asombrados, sobre todo, cuando ven algún video con un sonido que les permite apreciar lo que eran esos aviones de combate y los apasiona mucho. Siento que hay mucha pasión en los chicos y muchas ganas y mucho entusiasmo a la hora de que se les explique esto y se les enseñe. Hay como un vacío en este sentido y creo que algunos deberíamos empezar a llenarlo. Yo tomé desde mi lugar y con mi esposa la posta en ciertos aspectos, pero la idea es ser agentes multiplicadores de que esto se vaya -justamente- tornando una práctica habitual de que nuestros hijos conozcan a sus veteranos y sobre todo a sus héroes. Mario Francisconi Atacan los 2 barcos, esos famosos, le prenden fuego hay toda una historia detrás de esas fotos, porque después Cachón se encontró con uno de los marineros de esos barcos que quedó, Simón Weston, que quedó todo quemado, que es emocionante el encuentro de ellos dos y, bueno ya estaba la misión cumplida: los barcos estaban prendidos fuego, habían hecho un desastre los aviadores argentinos y se le ocurre a algún genio mandar una segunda cuadrilla de ataque, donde va Danilo, en el 204; va el Turquito Raras, el Pipi Sánchez y Alfredo Vázquez de Rosario. Claro, cuando llegaron al lugar del ataque que ya estaba todo prendido fuego ya estaban los Harrier esperándolos. Y los Harrier son esos aviones que bajan las toberas y quedan en el aire suspendidos, incluso aterrizan verticales. Y tenían el famoso misil norteamericano, es decir, de Sidewinder, que es letal, donde te apuntaron y te tiraron, no hay forma, tenés que ser un genio para para escaparte. Más con la biónica que tenían los A 4, que eran Fiat 600, al lado de estos Fórmula 1. No tenían nada, ellos no sabían si venía un misil, como vos ves en las películas hoy, que van volando y se le prende una lucecita y viene un misil y le tiran otro misil bueno, eso no existía en ese entonces era muy básicos en ese sentido. Héctor Sánchez, piloto y compañero de Bolzán en Malvinas Formamos una sola unidad aérea, una escuadrilla de cuatro aviones. Él era el número uno, Arrarás era el número dos, yo el número tres, y Vázquez, ´El Gordo´ Vázquez, de Rosario -Santa Fe-, era el número cuatro, el más jovencito, el que menos experiencia tenía. Así que nos fuimos los cuatro siguiendo la navegación que estaba prevista. Calculá que teníamos que volar 800 kilómetros sobre el agua. Una actividad que para nosotros era novedosa, porque ni siquiera teníamos los trajes de supervivencia de exposición en caso que fuéramos eyectados para sobrevivir sobre el agua, ¿no? La temperatura era muy fría. Estamos hablando del 8 de junio, en la zona austral la verdad que es complicado. Fuimos siguiendo la ruta, esquivando tormentas que íbamos encontrando en la ruta: Todos, siempre muy atentos a la protección que debíamos darnos en vuelo. Así llegamos los cuatro hasta el sur de las islas, en el estrecho de San Carlos. De ahí, ´El Ruso´ puso rumbo Noreste, con dirección a Monte Dos Hermanas, que era lo previsto. A esa altura ya estábamos volando muy rasantes. El momento más esperado para la familia Bolzán llegó en 2019. Para entonces, Pablo Bolzán había conseguido las autorizaciones necesarias: del dueño de la estancia y de las autoridades de las islas. Los Memoriales en Malvinas tienen reglas estrictas: no pueden contener inscripciones alegóricas a la guerra, al valor o a la soberanía. Lo que Pablo quería colocar era algo personal: una cruz con el nombre de su padre, su rango, su identidad. La cruz fue fabricada en Córdoba, en un taller que trabaja con acero inoxidable y soldadura láser, elegida esa tecnología porque el clima de las islas es implacable. Los artesanos supieron adónde iría la pieza y la trabajaron con cuidado especial. Viajó en valija desde Córdoba hasta Buenos Aires, luego a Río Gallegos, y de allí cruzó en avión hasta las islas. El grupo que llegó ese día al sitio fue numeroso y heterogéneo. Estaban dos compañeros de armas del teniente Bolzán, veteranos que habían volado con él. Estaba el comodoro Sánchez, el único sobreviviente de aquella última tanda del 8 de junio. Estaban familiares y amigos. Y estaba también David Morgan, el piloto británico del Harrier que, junto a David Smith, había derribado el avión de Bolzán y los de sus compañeros en Bahía Agradable. Morgan había aceptado la invitación casi sin pensarlo y había viajado desde Gran Bretaña con su esposa, más de 17.000 kilómetros, a sus casi 80 años. Pablo Bolzán En Malvinas la gente, isleños, me prestaron portland, pala y cuando llegamos ese día, éramos varias muchas personas: estaba David Morgan también estaban dos compañeros de mi padre, que habían viajado: ¡Dos veteranos! Y estaba Héctor, el Comodoro, retirado Héctor ´Pipi´ Sánchez, que era el último que estuvo con mi padre. O sea, en esa misión eran cuatro personas, cuatro pilotos, en la última tanda, la última oleada que salió de ataque, y de esa misión solamente volvió Sánchez. Entonces, Sánchez estuvo con nosotros también allá en Malvinas. Fue un viaje muy difícil para él, porque obviamente que para cada veterano es muy complejo. Esos cuerpos y esas mentes han pasado por mucho estrés Han podido llevar la vida después de acuerdo a las capacidades de cada uno y la verdad que solo ellos saben lo que han vivido. Entonces, fue complejo, sobre todo, para Sánchez. Y la verdad que, bueno, llegamos, hicimos una oración todos juntos allí, y después empezamos a buscar un lugar y quedó en los pies de hay como los restos están esparcidos por tres partes, y empezamos a cavar, hicimos un hueco tratamos de acomodar todo. Otros fueron a buscar cada uno empezó a asignarse tareas, roles propios. Buscaron piedras para acompañar, otro buscó literalmente uno de los restos del avión, donde encajaba la cruz tenía como una rosca que habíamos dejado para poder justamente asimilarlo, pegarlo, que quede lo más sólido posible pero, esas son las cosas que uno nunca, que no se pueden explicar, porque justo daba con la rosca de ese resto. Entonces, quedaba como una base esa base se insertó pusimos piedras pusimos la base y adentro le pusimos portland, cemento, y arriba más piedras. Y bueno, obviamente que de hecho la gente de la estancia se ofreció a si le queríamos poner algún tipo de cerca o demás, porque hay animales, hay ovejas dando vueltas. Pero, les dijimos que no y esa fue la experiencia. Claudio Schulz Volaban más o menos una hora y media hasta el objetivo de ida y una hora y media más o menos de vuelta dependiendo de la distancia a la cual estaban tenían que reabastecerse en vuelo porque el combustible no alcanzaba para llegar, volar y volver por lo general tenían que reabastecerse. Entonces, se enganchaban usualmente a mitad de viaje y a mitad de viaje de vuelta a un avión Hércules, les suministraba combustible a través de una manguera que conectaban justamente con la espiga, con la lanza de carga de combustible, reabastecían y seguían volando. Cuando ellos salían de acá del continente volaban más o menos a una velocidad de 600-700 kilómetros por hora. A la hora de reabastecer bajaban a unos 400 kilómetros por hora, luego al reabastecer bajaban casi tocando las olas y viajaban a velocidad de 750-800 kilómetros por hora sin saber si iban a tocar las olas o no porque no tenían radio altímetro, ellos no sabían a qué, este, distancia del agua estaban volando: ¡era ojo! Muchas veces con los parabrisas cubiertos de sal un ingeniero químico de Río Gallegos inventó ahí en esos días una fórmula que le pasaban los parabrisas y evitaba por ahí la formación de sal. Entonces, fue un logro también para ver un poquito mejor por los parabrisas. Y cuando estaba ya cerca del enemigo, metían velocidad al máximo y llegaban entre 900 y 950 kilómetros por hora volando a los barcos, esquivando todo tipo de munición que les tiraban: misiles, cohetes, artillería chica, lo que fuera tratando de esquivar los bombazos, y cuando estaban sobre el buque, trataban de apuntar, apretar el botón, lanzar las bombas y huir sin que los derriben con la munición antiaérea y sin chocarse entre ellos. Entonces, todo esto pasaba en pocos segundos, o sea, volar a una velocidad cercana a los 1.000 kilómetros por hora y hacer todo esto, era increíble cómo se les ha sucedido las imágenes tan rápidamente y cómo volaban al filo de la muerte. Laura Rusi En tres oportunidades fui fui al principio cuando todavía no estaba el cementerio nuevo, y bueno, he podido ir ahora fui el año pasado, a principio del año, y bueno, siempre ese sentimiento de estar ahí y justo Daniel está al frente de la Virgen, primera fila al frente de la Virgen. Así que pienso que la Virgencita lo cubre con su manto y está protegido su alma vuela entre nosotros. No es fácil, es muy duro, pero bueno como bien entrerriano que es tenía muy claro su objetivo. Muy claro que quería ir. Desde 2019 y hasta el 2024, Pablo Bolzán buscó otro contacto difícil post Malvinas: los familiares de los soldados británicos muertos en el lanchón de desembarco que el teniente Danilo Bolzán había hundido en esa última misión, antes de ser derribado. Siete hombres murieron en ese ataque. Después de mucho trabajo y paciencia, logró que lo recibieran en Inglaterra. Se reunieron en la casa de un anfitrión. La tensión inicial fue evidente: para muchos de ellos era la primera vez que hablaban con un argentino. Con el tiempo y la conversación esa tensión se disolvió. Intercambiaron presentes. Pablo Bolzán pudo transmitirles algo que para él era fundamental: que los pilotos argentinos no eran improvisados ni temerarios, sino profesionales altamente entrenados que tenían miedo como cualquier ser humano, pero que supieron sostener lo que les pedía su formación y su deber. Pablo Bolzán Obviamente que uno, yo en lo personal, no guardo rencores esa persona, porque él estaba cumpliendo su rol, su función, al igual que mi padre. Mi padre con su bomba hundió un lanchón de desembarco y murieron siete personas Entonces, eso es lo trágico de la guerra. La cuestión es que en el 2019 nosotros pudimos llegar hasta allí y logré autorizaciones del dueño del lugar, de la estancia, y pudimos poner una cruz, ¿no? en los restos del avión. Y con los datos de mi padre, con su rango, y todo esto fue posible, obviamente, porque uno lo quería hacer pero, a su vez con la ayuda de los propios isleños, porque ellos son muy respetuosos de las guerras, o sea, obviamente, que uno tiene quien, por lo menos yo entiendo, cuando uno se pone en el lugar del otro O sea, estamos hablando de una persona que está en su casa, es como si de pronto te toca la puerta y entra un grupo de gente diciendo esto es mío, ¿no? Esa es la visión de ellos, de la recuperación nuestra de Malvinas. Mario Francisconi Yo lo tomaría quizás de otra manera. Pero, él estuvo con uno de los aviadores que mataron a su papá. Y hay que tener una pasta muy especial, ¿no? Así que, ya te digo, siento una admiración muy grande, lástima que no lo pude conocer. Pero, bueno, son las cosas de la vida. Después, profundicé mucho más en su vida que quizás si lo hubiese conocido personalmente. Claudio Schulz Muchos dicen:¡Eran kamikazes! Ellos dicen: ¡No! ¡No éramos kamikazes! ¡Teníamos miedo! ¡Teníamos miedo! Y (Héctor Hugo) ´Pipi´ Sánchez, en una charla, es piloto, el único que sobrevive en la misión donde cae Bolzán, él decía: a mí me temblaban ´las patitas´ antes de subir al avión. Pero, ellos sabían que era un deber que tenían que cumplir. Y aparte iban, según Pablo (Marcos Rafael) Carballo, dice yo iba a la Gracia de Dios. Dice, ellos se confesaban y (Nicolás) Kasanzew, el periodista que cubrió mucho la guerra, en una entrevista él dice: ´No había nada más peligroso para un inglés que un piloto argentino recién confesado´. Ellos sabían que, si se morían, seguramente los esperaba la vida eterna. Y Carballo dice que en las misiones él pensaba en su esposa, en sus hijos y que en cualquier momento ´yo reviento´ porque iban solos ellos y su alma sobre el avión. Solo tenían cañones que por lo general se trababan, cañones de 20 milímetros, por lo general se trababan, no funcionaban, y lo único que tenían eran una bomba grande o tres ´bombitas´ para tratar de ponerlas sobre el puente del buque. Laura Rusi Si yo te digo lo que pensé lo que significaba, te miento, porque en ese momento estábamos partidos en cuatro. Éramos muy jóvenes. No fue ayer: hace de esto muchos años atrás. Desde el momento que teníamos que ir a estas formaciones nos temblaban las piernas éramos muy chicas, teníamos las criaturas chicas. Pero, de hecho, a medida que pasa el tiempo, uno va tomando conciencia de lo que es eso, ¿no? De cómo actuó él para con su Patria, de cómo defendió él a su Patria, cómo es más cómo plantó yo digo plantó soberanía. Fue el único piloto que los ingleses fueron a los dos días después de que cayó el avión, al día siguiente fueron, veían que salía humo, entonces fueron a ver qué pasaba, porque habían visto el combate, los parroquianos, fueron atrás de la montaña a ver qué pasaba, porque estaba saliendo humo, y encontraron el avión, prácticamente así partido en tres, y el piloto sentado en el avión. Entonces lo sacaron, dicho esto por los ingleses, lo sacaron por respeto a la investidura y por respeto a lo que habían visto ellos cómo defendió a su Patria, y lo enterraron al pie del avión. Hasta el día de hoy hay una cruz de madera muy pobrecita que está al pie de ese avión. Está el avión y está esta cruz. ¡Qué más honor que eso! Él luchó hasta el final, hasta donde más no pudo. Yo hablé con él el día anterior, y yo me volvía con mi suegra, con la mamá de él, a Córdoba. Yo estaba en Crespo, había ido a Crespo, había ido con una tía de Bolzán, con Zulema, con el nene, y me volvía con mi suegra. Y, bueno, controlé el aceite del auto, cómo te fue, qué sola, fíjate bien, yo te llamo mañana a las 20 horas. Yo volvía con el nene, yo iba a todos lados. Repito, tenía 23 años. Llegó ese día, y nos llamó a las él decía a las 20, era a las 20, no a las 21 ni a las era exacto. Bueno, nos llamó, pasó esa noche Al día siguiente, yo estaba muy inquieta y mi suegra lo mismo, y al día de la una de la tarde me vinieron a avisar. Pero, él tenía, y me dijo esto: ´Vamos bien, vamos bien, Cachorra -me dijo, así me decía él-. Vamos bien, quédate tranquila que yo vuelvo pronto´. Bueno, quedó allá () Escucho que se habla, escucho que se habla, pero yo considero que a través de la diplomacia se llegue a acuerdos. La guerra no lleva a nada, solo deja dolor, destrucción, familias, hijos sin padres, mujeres solas que tienen que luchar toda una vida. Espero y confío en Dios y espero que así sea pero, bueno, no sé ha pasado mucho tiempo espero que la diplomacia logre. Sería una gran cosa. La guerra terminó en junio de 1982. La cruz llegó en 2019. La conversación con las familias del otro lado del combate, en 2024. Estas son las duraciones reales de la posguerra: no los meses que marca el calendario, sino los años que tarda en construirse algo parecido a la paz, siempre personal, siempre incompleta, siempre hecha de gestos pequeños y de viajes largos. Héctor Sánchez Inmediatamente que veo, ¿no? Es traumático todo esto te afecta. En segundos vi caer a dos compañeros quedas te digo son instantes que estás traumatizado por el dolor que te produce ver ese cuadro. A pesar de que uno es un profesional, que toda su vida se entrenó para eso. Pero, siempre está el costado humano donde todas estas circunstancias, quieras o no, te afectan por instantes. Así que cuando veía que caían los restos del avión de Vásquez e iban cayendo sobre el mar, la explosión porque se siente, ¿no? estaba a mil metros y se escuchó la explosión y la vibración de esa explosión tremenda. Inmediatamente, lo que hice fue ver dónde estaban los dos Sea Harrier ya no estaban más a mi derecha, ninguno de los dos, con lo cual lo primero que pensé, digo, bueno, deben estar a la cola mía. Los buscaba detrás de mi avión para verlos. Y cuando levanto la vista, arriba mío, unos 300 metros arriba de mi avión, veo uno de los Sea Harrier que desciende a mi posición, con lo cual dije: bueno, soy el que sigo. Ahí eyecté todas mis cargas que yo llevaba a bordo. Ya no seguís lo que le sucede a tu compañero, al ´Ruso´. Ya tenés que hacer tu propia evasión de esa zona lo más rápido posible. Eyecté todas las cargas externas que llevaba, las tres bombas y los tanques de combustible externos. Descendí rápidamente. Y lo otro que hice instintivamente que es ilógico, enfrente nuestro había una cortina también de agua, de lluvia, no se veía nada, llegaba lluvia pesada hasta el hasta el suelo, ¿no? hasta el mar. Así que, instintivamente, me metí rápidamente dentro de esa lluvia. ¿Por qué? Porque las lluvias son gotas de agua que están en suspensión. ¿La gota de agua qué hace? Diluye la fuente de calor que deja el motor en tu cola. Dije, de alguna forma, voy a estar ayudado para que el misil pierda la fuente de calor de mi motor, si me están siguiendo. Todo esto con el riesgo de que vos no ves nada delante tuyo. Yo te pongo en la ruta a 140 y te cae una cortina de agua delante tuyo, vos no ves a un metro no ves delante. Lo mismo que pasa en tierra, te pasa en vuelo. Así que seguí volando. Ya no había más comunicación con el ´Ruso´ Bolzán no hablábamos, ninguno de los dos. Los dos estábamos tratando de salir de esa zona. Y una de las cosas que, con el tiempo ¿no? Tal vez no lo ayudó al ´Ruso´, fue que él evadió la lluvia, se fue por la izquierda y fue derribado un poco más adelante sobre la Isla Soledad, en la desembocadura... Ahí cayó su avión, definitivamente, por el impacto del misil de Morgan. Eso nos enteramos después con el tiempo, ¿no? Yo hasta ahí te cuento mi relato, que pude escapar metiéndome en la lluvia con el riesgo que tenía de no ver adelante. No sabés si te vas a clavar en el auto, te vas a llevar por delante una isla. No tenés idea, pero lo que tratás de hacer es salir rápido de esa zona Hasta ahí, lo que pasó con nuestra formación Mi regreso también fue complicado. Así que fue largo un día Fíjate vos, ¿no? Para los británicos fue el día más negro de la flota por los daños que le causó la Fuerza Aérea Argentina. Mario Francisconi Yo creo que está muy desmalvinizada la cosa. Sí, llega el 2 de abril, hay desfiles, se reconocen a los veteranos, se los aplaude. Creo que en ese sentido es positivo. Pero, no sé a qué grado de enseñanza en las escuelas está el tema Malvinas. Laura Rusi Fueron momentos muy duros para todos y hay un momento particular que no me lo voy a olvidar, la primera Navidad sin él. Yo puedo decir que tenía todo económicamente, había cobrado la indemnización que nos pagaban. Yo trabajaba había empezado a trabajar nuevamente en la universidad, tenía casa, auto y llegó la Navidad. Mis padres que ya estaban grandes, a pesar que son los que me sostuvieron, se fueron a dormir temprano. Al nene lo acosté porque era chiquito y yo me senté en las escalinatas de mi casa, que estaba en un barrio muy lindo acá en Córdoba, y veía los vecinos del frente que tiraban bengalas y luces de todos colores y yo lloraba como una Magdalena y decía: Señor mío, ¿dónde estás? ¿En qué estrella estás esta noche acompañándome? Ese momento me quedó grabado para toda la vida. Mi primera Navidad sin él, porque era muy... él nos cuidaba permanentemente, tenía... bueno, era muy cuidadoso con nosotros, con mi familia, era una persona de bien. Entonces, bueno, ese fue el momento que yo lo marco como... después me fui haciendo como todas. Claudio Schulz El 8 de junio a las 16:50 -17 horas, donde cae Bolzán en combate un día antes él se encuentra con un amigo de él, un piloto de apellido (Daniel Leonardo) Herlein, oriundo de Colón, que era instructor de pilotos de combate. Herlein había hecho hasta ahí vuelos de reconocimiento buscando buques ingleses en la zona de Comodoro Rivadavia para evitar que haya ataques sobre el continente. Y un día antes de que Bolzán vaya a su última misión, se encuentra en el Hotel Santa Cruz y se ponen a juntar las pertenencias justamente de (Luciano) ´Lucho´ Guadagnini, que había caído en combate unos días antes para enviársela a sus familiares. Y Bolzán le comenta a Herlein que estaba corto de dinero y que le había pedido a su esposa que le manden un giro postal. Y le pide que Herlein se lo vaya a cobrar al Correo, porque al día siguiente Bolzán ya tenía que presentarse en la pista para una misión. Al día siguiente, Herlein va al banco no al banco, perdón, al Correo porque era un giro postal se lo cobra lo encuentra allá en la pista de aterrizaje, Bolzán toma el dinero que le mandó su esposa y se lo puso en el bolsillo derecho de su mameluco. Se dieron un abrazo, se despidieron y al rato Bolzán parte en su última misión. Eso muestra un poquito que, aparte del coraje, del valor, sus condiciones económicas no eran precisamente las mejores. Y, así y todo, ofrecieron lo poco o mucho que ellos tenían que eran sus propias vidas ¿no?. Los fragmentos del avión del teniente Danilo Bolzán siguen en las islas, en el campo de una estancia, bajo una cruz de acero. La medallita de la Virgen de Loreto, con los datos de su hijo en el reverso, está con Pablo. Como siempre debió ser. Laura Rusi Yo tenía una cajita esto es algo muy personal tenía una cajita de madera donde guardaba las cartas. Cuando estuvimos de novio, cuatro años, nos mandábamos cartas, cartas cartas. Bueno, en aquella época no había celular. Después que pasó esto, yo los fines de semana llegaba a mi casa, abría la cajita y leía las cartas. Hasta que mi madre se enteró, porque vio lo que pasaba, que yo agarraba las cartas y lloraba y lloraba, hasta que un día viene de trabajar y me había quemado todo. Y me dijo: vos estás viva. Tenés un hijo que criar. Rubén no está más entre nosotros ella lo adoraba a Rubén. Lo quería a Danilo como a un hijo. Pero, dijo: vos tenés que seguir adelante. Pablo Bolzán Obviamente que hay muchas cosas que yo en lo personal no expongo muchas cuestiones en redes y demás, porque son cosas pero, esto la verdad que fue muy interesante, sobre todo, porque fue como una comunión. O sea, con los veteranos nuestros, con un veterano inglés, con familiares, con amigos, digamos, ¿no? Y en definitiva justo era Bolzán pero, esto porque estaban los restos de Bolzán ahí, del avión pero, esto de alguna manera forma parte para todos, sobre todo, para los Halcones de Reynolds, que era el sistema de armas que volaba mi padre. Claudio Schulz A mí me causa mucha emoción por ahí y mucha responsabilidad también este tema. Emoción ¿por qué? Porque yo quise de chiquito, una de las pasiones que tenía era algún día ser piloto, cosa que nunca, por distintas razones, no la pude lograr. Pero, siempre me apasionó el tema de la aviación y me apasiona lo que hicieron nuestros pilotos. Nuestros pilotos y todos los que combatieron en Malvinas. Escenas de miles de personas que se movilizaron, que estuvieron, que hicieron de todo por la guerra. Pero, el caso de los pilotos, tengo una especial pasión y respeto por cómo ellos subían a esas naves, que, bueno, tecnológicamente ya estaban mucho más atrás en el tiempo que los equipamientos que tenía el enemigo, y a pesar de eso y con todas las limitaciones que tenían, ellos enfrentaron sus misiones enfrentaron los desafíos y tenían ante todo un valor supremo que era la Patria: defender la Patria ante una situación totalmente indefendible como lo es la posesión de las Malvinas por parte del Reino Unido. Así que el respeto, el amor a la Patria y todo lo que incluye la causa Malvina, yo creo que nos impulsa y nos tiene que impulsar a todos a seguir con esto. Y que sea algo que se vaya contagiando y que toda la gente de a poquito, sea un agente malvinizador, ¿no?. Atilio Tropini Vos sabés que yo tengo una memoria, no tengo muy buena memoria para la fecha, pero ¿qué pasa? Yo las personas que amé en la vida, ya sean mis padres o mis seres queridos que se han ido, en el caso de Rubén, yo no tengo una fecha en el año, yo me acuerdo todo el año de ellos. Y por ahí llega un, por decirte, un 14 de abril, que fue la fecha de fallecimiento de mi padre, y me dice, ¿te acordaste de abril? Sí, me acordé hoy, me acordé ayer, me acordé la semana pasada, me acuerdo todos los meses. Y lo mismo en el caso de Rubén, son tantas las vivencias lindas que hemos vivido, que tanto yo en forma personal como con mi señora, con Mary, que compartimos tantas cosas lindas con él y con Laura, que uno vive acordándose no es que te estás taladrando la cabeza, la memoria, pero no lo olvidas, lo tenés ahí, está en un segundo plano, pero está permanentemente. Leticia Bolzán La realidad, o lo que me gustaría es que hoy se valore o se difunda mucho más la historia de esas personas, porque son como ejemplos a seguir. El hecho de que alguien tenía otro puesto, tenía otro trabajo y eligió o pidió ir a cumplir esa misión, que fue pelear en Malvinas por su país. Hoy todos por ahí hablamos de obligaciones y de derechos, y como que muchas veces uno quiere esquivar sus obligaciones en todos los aspectos, en el trabajo, en la casa, y él en su profesión, es como que estaban preparados realmente para luchar y para defender el país. Es como que, si tenían otro chip en la cabeza que hoy en día no lo encontramos, o sea, no lo vemos. Y, bueno, quizás sea un ejemplo a seguir. En la ciudad, acá, sí, hay un monumento. Pero, la verdad es que, si vos vas a la escuela, muy pocos saben de la historia de Rubén, muy pocos saben que nació acá cerquita, que se crió acá, que era una persona muy inteligente su secundario lo terminó un año antes a lo que yo interpreté como que o empezó un año antes y terminó un año antes o algo así la cuestión es que él terminó con muy buen promedio, y, de hecho, él fue piloto de caza, como se dice, o piloto de los aviones de la Fuerza Aérea, porque su promedio se lo permitió. O sea, no es que cualquiera llega a ser piloto de guerra, digamos. Así que, bueno, fue una persona muy inteligente y me gustaría que en su ciudad sea un poco más reconocido. Laura Rusi Lo único que debo decir es que no hay palabra para describir un héroe, porque no es sólo la palabra héroe. Era completo, era bueno, entregado a sus amigos, a sus camaradas, y era un héroe un héroe un héroe. Era completo, era bueno, entregado a sus amigos, a sus camaradas, a su familia, a su familia de sangre y a mi familia política de él, digamos. No tenía resquicio, no había cosas en el medio. Era llano. Así deberíamos ser todos, ¿no? Bueno, él está ahora en el cielo, seguramente, cuidándonos. Memoria Frágil: La cruz que tardó cuarenta años en llegar a Malvinas

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