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» Clarin
Fecha: 08/04/2026 13:08
Hungría va este domingo a las urnas en unas legislativas clave para Europa pese al relativo poco peso relativo del país en la Unión Europea. Tan importantes son los comicios que Donald Trump envió a su vicepresidente J.D. Vance y medios húngaros cuentan que el presidente ruso Vladimir Putin desplegó una misión del GRU (servicios de inteligencia militar, encargados de las misiones ilegales en el extranjero) desde hace meses. Moscú y Washington quieren que siga en el poder el veterano y ultranacionalista Viktor Orban, el padrino de las extremas derechas europeas. Los sondeos dicen que el Tiszma del conservador Peter Magyar superaría en casi 10 puntos al Fidesz de Orban. Aunque el resultado puede ser muy diferente en porcentaje de voto y en escaños porque las sucesivas reformas electorales puestas en marcha por Orban pueden dar hasta un 70% de escaños con apenas el 45% de los votos. La trampa fue reducir el número de escaños en el Parlamento húngaro hasta 199, pero aumentando la proporción de circunscripciones uninominales, lo que hace que las ciudades, donde el Fidesz de Orban es más débil, tengan proporcionalmente menos representación. Toda Europa mira a Budapest esta semana. Hungría es un peso pluma, pero Orban es esencial en el organigrama de las extremas derechas. La población húngara es apenas el 2,1% de la población de la Unión Europea y su economía el 1,1% del bloque, pero Orban pelea muy por encima del peso de su país. El primer ministro es el referente de partidos como el de Santiago Abascal en España, Giorgia Meloni en Italia o Marine Le Pen en Francia porque es el único dirigente de extrema derecha que pudo conseguir amplias mayorías y generar un modelo de democracia iliberal con el que el resto sueña. Bruselas no quita el ojo a los comicios porque Hungría es, además, el caballo de Troya de Rusia en Europa, el país que bloquea y frena constantemente las sanciones a Rusia por la guerra de agresión contra Ucrania, el país que protege a Putin e impide ayudar más rápido al ucraniano Volodimir Zelenski. Y es a la vez el mejor socio de Donald Trump en Europa, su aliado más fiel, el que siempre dice que sí a todo y el que nunca se alejó del estadounidense. Un soldado esencial para la Casa Blanca y el Kremlin Por eso Trump envió a su vicepresidente, que este martes en Budapest pidió el voto para Orban mientras criticó la supuesta injerencia de las instituciones de la Unión Europea en los comicios, aunque los dirigentes de esas instituciones no han pedido el voto para nadie. Los europeos temen que Orban use cualquier cosa que digan para seguir alimentando sus teorías de la conspiración. Orban es un soldado esencial para Putin y para Trump en su estrategia de destruir la Unión Europea desde dentro, algo que defiende la Administración estadounidense en su Estrategia de Seguridad Nacional. J.D. Vance dijo en Budapest que lo ocurrido en este país, en medio de esta campaña electoral, es uno de los peores ejemplos de injerencia extranjera que haya visto o leído. Y acusó a los burócratas de Bruselas. La visita de J.D. Vance dejó además la relativa sorpresa de ver cómo se confunden los intereses de Washington y Moscú. El número dos de Trump dijo en público que los europeos deberían volver a comprar petróleo a Rusia (dejaron de hacerlo, excepto Hungría y Eslovaquia) para no financiar la guerra de Putin contra Ucrania y pasaron a aumentar sus importaciones de gas estadounidense. Este martes se supo, gracias a una exclusiva de la agencia Bloomberg, que Orban se ofreció a trabajar para Putin directamente. El húngaro, según la transcripción de una llamada oficial del pasado octubre, le dijo al ruso: Nuestra amistad ha alcanzado un nivel tan alto que puedo ser de ayuda de cualquier manera. Estoy a su disposición para cualquier necesidad. No importa el relativo pequeño tamaño de Hungría en Europa. Importa Orban. Por eso el húngaro recibió videos de apoyo de los principales líderes de extrema derecha, desde el israelí Benjamin Netanyahu, pasando por la italiana Giorgia Meloni hasta el presidente argentino Javier Milei. En Hungría se juega una de las primeras grandes partidas de la extrema derecha europea. Los datos dicen que el éxito que vende Orban no es tal. El desempleo crece, el país pierde población porque la juventud emigra hacia el occidente europeo y la economía apenas crece, con un escuálido crecimiento del 0,4% el año pasado, el más bajo de todos los países del centro de Europa y tres veces menos que la media europea. Orban lleva años gastando más que nadie en Europa, en proporción a su economía, en políticas de fomento de la natalidad para justificar su política de inmigración cero, pero la natalidad sigue estando en números históricamente bajos, como en el resto de Europa. La campaña electoral está llena de propaganda falsa para desacreditar a la oposición. Cuentas en redes sociales cercanas al Fidesz de Orban publican videos falsos de Magyar cantando el himno ucraniano (Orban ha convertido al ucraniano Zelenski en una especie de enemigo personal). Medios de Europa del Este como VSquare publicaron que el entorno de Orban y los agentes rusos a su servicio habían incluso planeado representar un intento de homicidio para aumentar la popularidad del veterano primer ministro. También supuestos preparativos para provocar atentados de falsa bandera contra infraestructuras energéticas y después culpar a los servicios secretos ucranianos. Diplomáticos europeos consultados en Bruselas temen incluso que el Fidesz intente, gracias a su total control de las palancas administrativas del Estado húngaro, cometer fraude electoral si el resultado le es desfavorable. Sobre la firma Newsletter Clarín
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