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  • De casi seis kilos a 5,52 kilos de yerba: la nueva cuenta de la coparticipación en Concordia | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 08/04/2026 07:30

    En abril de 2025 publiqué en El Entre Ríos una nota en la que propuse medir la coparticipación que recibe Concordia en kilos de yerba por habitante. La intención era simple: sacar la discusión de las cifras millonarias y volverla comprensible con una referencia cotidiana. En aquel momento, el cálculo del primer trimestre de 2025 daba casi seis kilos por habitante por mes. Un año después, repetir la misma cuenta permite comparar sin cambiar la lógica. Y esa comparación deja una primera conclusión: Concordia no mejoró en términos reales. La nueva cuenta Los números del primer trimestre de 2026 dejan una foto bastante precisa. Concordia recibió $ 8.004.718.510,52 de coparticipación nacional y $ 6.603.671.142,73 de coparticipación provincial. Sumadas, ambas partidas alcanzan los $ 14.608.389.653,25. Llevado a la escala de la ciudad, el dato se vuelve más claro. Sobre una población de 179.203 habitantes, esa masa de recursos equivale a un promedio mensual de $ 27.172,89 por habitante. Y ahí aparece la medida que permite comparar esta nota con la anterior. Si se toma como referencia el precio del kilo de Yerba Unión Suave, fijado en $ 4.919,00 y publicado en el sitio web del mismo hipermercado utilizado en la comparación anterior, ese monto representa 5,52 kilos de yerba por habitante por mes. La pregunta de fondo Más allá de los millones, la cuenta termina planteando algo mucho más directo: ¿cómo se administra una ciudad con 5,52 kilos de yerba por mes por habitante? Esa equivalencia no reemplaza al presupuesto, pero sí lo vuelve inteligible. Obliga a mirar de otra manera una cifra que, expresada sólo en pesos, puede parecer enorme y, sin embargo, resultar muy limitada cuando se la traduce a la escala real de una ciudad. Dicho de otro modo, la comparación deja de ser una curiosidad y pasa a ser una pregunta concreta para cualquier lector común: ¿cuánto pueden rendir, con esa escala, recursos que tienen que sostener calles, alumbrado, limpieza, salud primaria, asistencia y salarios? Ahí aparece el verdadero peso del dato. Lo que cambió entre 2025 y 2026 En el primer trimestre de 2025, la misma cuenta había dado 5,54 kilos por habitante por mes. En 2026, da 5,52. La diferencia numérica es mínima. Pero sería un error leerla como si dijera que nada pasó. La comparación no muestra una mejora. Muestra un estancamiento. La coparticipación real quedó casi en el mismo lugar, aun cuando el ajuste, la caída de la recaudación y el freno de la actividad sí alteraron todo lo demás. La diferencia es más seria de lo que parece Vista sola, la distancia entre 5,54 y 5,52 puede parecer menor. Pero no lo es. No lo es porque esa comparación se hace entre dos momentos económicos distintos. Entre 2025 y 2026 no hubo una mejora del consumo, del salario ni de la actividad que permitiera decir que la ciudad está hoy parada sobre una base más sólida. Más bien ocurrió lo contrario: la propia dinámica de la recaudación muestra un cuadro más contractivo. Y hay además un problema metodológico que vuelve la comparación todavía más exigente. Entre una medición y otra también cambió el mercado de la yerba. El Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023 recortó atribuciones del Instituto Nacional de la Yerba Mate, el Decreto 812/2025 profundizó esa orientación y la apertura de importaciones alteró las condiciones de formación de precios. Por eso, la comparación en kilos no puede leerse como si la vara hubiera permanecido intacta. Si la desregulación y la apertura de importaciones contuvieron el precio de la yerba, entonces los 5,52 kilos pueden incluso estar suavizando la caída real de la coparticipación. Dicho de otro modo: sin esa alteración de la vara, la baja expresada en kilos habría sido todavía más visible. El problema no nace en Concordia, pero en Concordia tuvo respaldo político Conviene ser precisos. La caída de la coparticipación no se origina en el municipio, porque depende de variables macroeconómicas y tributarias que se definen fuera de Concordia. Pero eso no vuelve políticamente neutro lo que ocurre en la ciudad. Francisco Azcué expresó públicamente su apoyo a Javier Milei y respaldó explícitamente el acuerdo político entre Rogelio Frigerio y La Libertad Avanza en Entre Ríos. Por eso, la estrechez de la coparticipación puede tener causa macroeconómica nacional, pero en Concordia no puede presentarse como una desgracia enteramente ajena: el rumbo que ayuda a explicarla también tuvo acompañamiento político local y provincial. Cómo se sostuvo un total que parece igual En 2026, la recaudación nacional mostró una caída real y eso afectó la masa coparticipable. Según un análisis difundido por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en el primer trimestre de 2026 la recaudación tributaria nacional total habría caído 7,5% real interanual; la porción que quedó en manos de la Nación habría retrocedido 8%, mientras que la destinada a provincias bajó 6,5%. Para marzo, además, las transferencias automáticas a provincias habrían caído 4,3% real interanual. Ese deterioro se refleja en la parte nacional de la cuenta. Lo que evita una caída más visible en el resultado total de Concordia es que la parte provincial amortiguó una parte de esa baja. Por eso, el total queda cerca del nivel anterior, pero con una composición distinta: menos peso nacional y mayor sostén provincial. Qué muestra la composición de la nueva cuenta La planilla no sólo muestra cuánto ingresó. Muestra, sobre todo, cómo se sostuvo un total que en apariencia quedó parecido al del año pasado. Y ahí aparece el dato central: la parte nacional perdió peso y la parte provincial pasó a sostener una porción mayor del resultado. Eso no debería leerse como una mejora genuina de la economía entrerriana. Al contrario. Lo que aparece es otra cosa: una decisión fiscal de compensar parte de la debilidad nacional con mayor peso del Impuesto Inmobiliario y del Impuesto Automotor. En esa lógica, Ingresos Brutos pierde incidencia relativa, mientras el esfuerzo recaudatorio se desplaza hacia tributos que terminan impactando con más fuerza sobre la propiedad y sobre la economía cotidiana. Dicho sin rodeos: una parte del ajuste no desapareció; cambió de ventanilla. Lo que no pudo sostenerse con más actividad, más consumo o más recaudación nacional, se buscó sostener con mayor presión provincial. Y ese traslado no es neutro. Termina llegando, de manera directa o indirecta, a asalariados, jubilados, pequeños y medianos empresarios y contribuyentes que ya venían trabajando con márgenes cada vez más finos. Ahí es donde la cuenta fiscal se conecta con la calle. Porque esa mayor presión no cayó sobre una sociedad en expansión, sino sobre una sociedad que en el primer trimestre de 2026 tuvo aumentos salariales paupérrimos, que en promedio no superaron el 10%, tanto para empleados públicos entrerrianos como para buena parte del sector privado. Es decir: mientras los ingresos corrían por detrás, la necesidad de recaudar siguió buscando sostén en impuestos que terminan repercutiendo sobre la vida diaria, el patrimonio y el costo de producir. Por eso, cuando se mira la composición de la nueva cuenta, lo que aparece no es un alivio. Aparece un mecanismo de compensación. La Nación pierde fuerza, la Provincia cubre una parte de ese vacío, y en el medio el costo se va corriendo hacia abajo. Esa es la verdadera estructura del dato. La calle también lo está diciendo Entre una medición y otra no sólo se debilitó la recaudación. También empeoró el clima social. La encuesta de CB Consultora, relevada entre el 22 y el 28 de marzo de 2026, ubica como principal preocupación los bajos salarios y la pérdida del poder adquisitivo, seguida por la falta de empleo y la desocupación. El informe Latam Pulse Argentina, elaborado por AtlasIntel y Bloomberg entre el 20 y el 24 de marzo de 2026, muestra además una percepción predominantemente negativa sobre la economía, el mercado de trabajo y la situación de las familias. Eso refuerza la lectura de la cuenta, porque la coparticipación real que recibe Concordia quedó prácticamente en el mismo punto, pero no sobre una sociedad que llega mejor, sino sobre una sociedad más preocupada por sus ingresos, por su trabajo y por su futuro inmediato. El lugar de los municipios Los municipios no emiten moneda, no definen la política tributaria nacional, no trazan la estrategia macroeconómica y tampoco administran la coparticipación primaria. Sin embargo, son el nivel del Estado que primero absorbe los efectos de todo eso. Esa es su paradoja: se les exige cercanía, respuesta, presencia y gestión, pero muchas veces se los deja con un margen fiscal cada vez más estrecho. Y cuando el contexto empeora, esa estrechez no se discute en abstracto: se traduce en menos holgura para sostener servicios, dar respuestas y administrar tensiones sociales que no nacen en el municipio, pero terminan golpeando en su puerta. Una fórmula demasiado conocida La diferencia numérica puede parecer menor, pero alcanza para dejar a la vista un cambio más de fondo en la forma en que se sostiene el financiamiento. Concordia no recibió una mejora real de la coparticipación. Recibió, en el mejor de los casos, una estabilidad aparente sostenida por una composición distinta: menos fuerza nacional, más sostén provincial y un costo que, de una manera u otra, terminó desplazándose hacia abajo. Eso es lo que vuelve relevante esta comparación. No muestra un alivio. Muestra cómo, aun cuando el número total parece resistir, el esfuerzo fiscal cambia de lugar y la estrechez sigue ahí. La historia económica argentina ya conoció esa receta. Álvaro Alsogaray, ministro de Economía de la Nación, dijo que había que pasar el invierno para justificar un ajuste duro. Para Concordia, aquella fórmula vuelve a sonar demasiado conocida: el invierno se hizo demasiado largo. (*) Contador Público, Abogado y Escribano (Esta columna fue publicada originalmente en El Entre Ríos)

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