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  • El cambio en la rutina nocturna que podría duplicar el riesgo de infarto, según científicos

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 05/04/2026 17:01

    Dormir no solo es cuestión de cantidad, sino también de regularidad. Un nuevo estudio científico, realizado en Finlandia y publicado en la revista BMC Cardiovascular Disorders, acaba de demostrar que acostarse a distintas horas cada noche podría duplicar el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular en la mediana edad. El hallazgo, fruto del seguimiento de más de 3.200 adultos durante más de una década, reveló que la falta de rutina a la hora de ir a la cama es un factor de riesgo cardiovascular tan relevante como la falta de sueño en sí misma. La investigación analizó los hábitos de sueño y la salud de 3.231 adultos nacidos en el norte de Finlandia en 1966. Los participantes usaron monitores de actividad durante siete días a los 46 años. Luego, sus datos médicos fueron seguidos por más de una década. El hallazgo principal es contundente: la variabilidad en la hora de acostarse se asocia con un riesgo dos veces mayor de padecer infarto o ictus respecto a quienes mantienen una rutina nocturna estable. Los expertos subrayan que este efecto aparece principalmente en quienes duermen menos de ocho horas cada noche. Según la investigadora Laura Nauha, autora principal del estudio: Nuestros resultados sugieren que la regularidad al acostarse, en particular, puede ser importante para la salud del corazón. Refleja los ritmos de la vida diaria y cuánto fluctúan. No es solo cuánto, sino cuándo se duerme El equipo del University of Oulu detalló que no todas las irregularidades afectan igual al organismo. La investigación separó el impacto de la hora de acostarse, la de despertarse y el punto medio del sueño. Solo la variabilidad en la hora de acostarse y el punto medio del descanso mostró vínculo con el riesgo cardiovascular. En contraste, levantarse a horas distintas no se asoció con un mayor peligro para el corazón. Durante el periodo de seguimiento, 128 personas (4,0% de la muestra) sufrieron eventos cardiovasculares mayores como infarto, ictus o insuficiencia cardíaca. El mayor riesgo se observó solo en quienes tenían una alta variabilidad en la hora de ir a dormir y, además, dormían menos de 7 horas y 56 minutos por noche. En ese grupo, la probabilidad de padecer un evento cardíaco grave fue un 101% más alta respecto a quienes dormían más tiempo y mantenían horarios regulares. Un reloj biológico que exige regularidad Los resultados sugieren que la irregularidad en los horarios de sueño podría alterar el reloj biológico interno, incidiendo en procesos como la presión arterial, el metabolismo y la inflamación. Estos factores están directamente relacionados con la salud del sistema cardiovascular. La regularidad en la hora de acostarse refleja la estabilidad biológica y los ritmos de la vida cotidiana, destacó Nauha. Los análisis estadísticos ajustaron variables como índice de masa corporal, presión arterial, colesterol, glucosa y actividad física. Este enfoque, según los autores, refuerza la solidez de las conclusiones. No se estableció una relación causal directa, pero la señal es clara: la falta de rutina nocturna y el descanso insuficiente actúan como un multiplicador del riesgo cardíaco. Un hábito sencillo con impacto en la prevención Las conclusiones del estudio ponen el foco en un gesto cotidiano. Mantener horarios constantes para dormir es un hábito que la mayoría de las personas puede modificar sin necesidad de medicación ni intervenciones complejas. Mantener una rutina estable a la hora de acostarse podría ser clave para reducir el riesgo de infarto o ictus, remarcó. En la vida moderna, marcada por jornadas extensas, pantallas y horarios cambiantes, asegurar la regularidad nocturna se ha vuelto un desafío. Sin embargo, este estudio sitúa a la rutina del sueño al mismo nivel que la dieta o el ejercicio en la prevención cardiovascular, según coinciden los expertos. Mientras los investigadores continúan explorando la relación entre los hábitos cotidianos y la salud del corazón, la evidencia reunida por el University of Oulu ofrece una advertencia concreta: el corazón no solo necesita descanso, también necesita ritmo. Un pequeño cambio en la rutina nocturna podría marcar la diferencia en la salud cardiovascular a largo plazo.

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