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  • Los problemas cada vez más serios en la medición de la pobreza

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 05/04/2026 03:54

    Tal vez no era lo más apropiado. Pero así fue. El martes a las 16 horas, el Indec informó que la pobreza había descendido, en el último semestre del 2025, al 28,2 por ciento. Un minuto después, apareció el primer tuit celebratorio: La pobreza bajó al 28,2 por ciento. Es la más baja en 7 años. Fin.. Lo firmaba el aún jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Mezclar pobreza con Adorni no parece en estos días el método más inteligente para difundir un logro importante. Pero, ¿es realmente un logro lo que difundía Adorni o se trata de una manipulación estadística? En el Gobierno no estaban para esas preguntas. Unos minutos después, otra cuenta de Twitter, la de la Oficina de Respuesta Presidencial, posteó dos imágenes. En una se veían a Alberto Fernández y a Sergio Massa. 52,3: Más de la mitad de los argentinos en la pobreza. En la otra, aparecían Javier Milei y Luis Caputo: 28,2. La pobreza más baja en 7 años. O sea, para el Gobierno la pobreza bajó 25 puntos en su gestión. Javier Milei lo tradujo en una cifra concreta en varios de sus discursos: Sacamos a 15 millones de personas de la pobreza. Se trata de un número fantástico, en cualquier sentido que se le quiera dar a la palabra. Es difícil que esos datos coexistan con otros que pertenecen a la misma realidad. Por ejemplo, el Observatorio de la industria láctea informó que entre enero y febrero se consumió un 25 por ciento menos de leche fluida que hace siete años y 10 por ciento menos que en el momento en que asumió Milei. Más aún, 2026 fue el peor año en ese sentido de la última década, si se exceptúa el 2024, en el que también gobernaba Milei. Entonces, ¿hay muchos menos pobres pero a cada vez más gente no le alcanzan los ingresos para comprar leche? ¿Cómo funcionará eso? El Indec, al mismo tiempo, registra caídas de consumo en supermercados en comparación con noviembre de 2023. La periodista Rosalía Costantino enumeró otros datos de contexto: Tenemos niveles RéCORD de mora en todo tipo de créditos y préstamos, siendo mayor la mora en los montos más chicos de préstamos (es decir, la gente que más se endeuda es la que menos ingresos tiene y la que menos puede pagar la cuota de la deuda). Cae el poder de compra del salario hace 6 meses consecutivos. Pierde casi 10% la jubilación mínima con bono vs nov 23, cae el poder de compra de la AUH con la canasta alimentaria. El contraste entre el número de pobreza que difunde el Indec y esas otras realidades ha generado una polémica cada vez más relevante entre los máximos especialistas en pobreza del país. Como se verá, no se trata de una campaña opositora sino de algo mucho más profundo y documentado. Para entender lo que pasa, conviene primero despejar un dato incorrecto. Nadie toma en serio que la diferencia entre la herencia recibida por Milei y la situación actual sea de 25 puntos o de 15 millones de pobres. La maniobra oficialista es fácil de detectar. El Gobierno analiza la variación entre el pico (52,3) y la situación actual (28,2). El problema es que el pico se produjo en el primer semestre de gobierno de Milei, y fue posterior a la gran devaluación de diciembre del 2023, que tuvo un enorme impacto en los precios. El Frente de Todos dejó una herencia de pobreza altísima, de 41 por ciento. Pero no es lo mismo 41 que 52. Así las cosas, la diferencia real, según las cifras del Indec, entre la herencia y la situación actual, sería de 13 puntos. Recibió 41 y ahora hay 28 por ciento de pobres. Aún cuando ese número represente la mitad del logro que se atribuye Milei, sería igual gigantesco. Pero la historia no termina allí. El índice de pobreza surge de cruzar dos datos: los precios de la canasta básica con los ingresos de la población. Cualquier variación de uno u otro factor, por las razones que fuera, modifica el resultado final. En enero de este año, como se sabe, Marco Lavagna renunció a conducir el Indec porque el Gobierno no le permitía modificar la composición de la canasta que mide la evolución de los precios pese a que se había comprometido a hacerlo. Ese pequeño escándalo puso a mucha gente en guardia, porque todavía está fresco el recuerdo de la intervención del organismo en 2007. La actual canasta subestima la influencia de los aumentos de servicios dispuestos por este gobierno. La canasta alternativa hubiera reflejado mayores índices de inflación en estos dos años. Martín Gonzalez Rosada es un investigador de la Universidad Di Tella que hace varios años mide mensualmente la evolución de la pobreza. Se trata de un estudioso de muy bajo perfil. Esa condición fue afectada por Javier Milei. Como González Rosada difundía números mensuales en los que la pobreza bajaba más de lo que había informado el Indec en la medición previa, Milei empezó a citarlo y el Ministerio de Capital Humano a difundir sus datos. Cada mes, la cuenta de Twitter presidencial celebraba los números de Gonzalez Rosada. El mismo científico analizó cuánto sería la pobreza si se midiera con la canasta de precios que el Gobierno no le deja utilizar al Indec. Habría cinco o seis puntos más de pobreza, declaró. Esa proyección figura en su página web. El Gobierno dice que la pobreza disminuyó 25 puntos. Si se tiene en cuenta su período real de Gobierno, las cifras del Indec reflejan que la pobreza habría caído 13 puntos. Pero si se midiera con la canasta actualizada, según los cálculos del técnico más citado por Milei, la caída sería de alrededor de 8 puntos. Pero la historia tampoco termina acá. En octubre de 2025, el economista Emanuel Alvarez Agis difundió un dato curioso. Si se mira la evolución de los salarios comparados con la inflación hay dos comportamientos distintos: los salarios formales evolucionan casi como los precios, pero los informales superan esa evolución en más de un cien por ciento. Dicho de otro modo, el ingreso de los trabajadores en negro habría aumentado abrumadoramente, según el Indec, por encima de la inflación. No hay forma de congeniar ese dato con los números de consumo masivo, por ejemplo. Ese es otro punto que generó alertas y consultas de todo tipo entre los estudiosos del tema en la Argentina. La versión que más consenso genera entre los investigadores es que ese registro exagerado obedece a que las preguntas de la Encuesta Permanente de Hogares permiten acceder a un panorama más preciso que antes del 2023: captan ingresos que antes no captaban. Entonces, no es que los asalariados en negro ganen más, sino que se registra que ganan más. El primero que se animó a hacer un cálculo sobre el tema fue el ecomonista Martín Rapetti. A principios de enero difundió un trabajo en el que sostenía que esa modificación en el registro del ingreso disminuiría en un 4 por ciento la brecha entre la pobreza heredada y la actual. Hace pocos días, ese trabajo fue complementado por un paper que difundió el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS). La conclusión fue muy contundente y rebotó mucho en las redes sociales: la baja real de la pobreza al primer semestre del año pasado fue, según sus cálculos, un 2 por ciento. Se trataría de alrededor de un millón de pobres menos que en 2023. El paper del CEDLAS generó un impacto fuerte entre los académicos, políticos y periodistas que observan este debate porque el prestigio de sus investigadores es indiscutible y trasciende las fronteras del país. Entre otros, Martín Tetaz y Hernan Lacunza expresaron en las redes que el registro de ingresos ha cambiado y eso tiene impacto en la comparación entre la pobreza heredada y la actual. El Indec no ha hecho ninguna manifestación pública sobre el tema. Milei dice 25 por ciento. El Cedlas dice 2 por ciento. ¿Quién tiene razón? Pero hay más. Los especialistas coinciden en que desde octubre del año pasado, con el aumento de la inflación, la pobreza volvió a crecer. Eso se puede ver en los informes mensuales de Gonzalez Rosada, por ejemplo, donde la curva descendente pega la vuelta. Curiosamente, desde que se produjo ese cambio, Milei ya no se refiere a los números de este investigador, y el Ministerio de Capital Humano dejó de publicarlos. El cambio de tendencia se refleja en muchos otros informes. La consultora ex Quanty está integrada por técnicos del Indec, que trabajan para la Universidad de Buenos Aires. En base a datos del Indec y de la Universidad Di Tella cuantificaron la cantidad de pobres en los últimos años. Sus números eran y son buenos para evaluar la gestión libertaria. En esos registros, Milei recibió 18 millones de pobres. Seis meses después la cifra había trepado a 25 millones. La caída de la inflación produjo un descenso vertical de ese número y tocó un piso de 13 millones en el tercer trimestre del año pasado. Pero luego empezó a subir y, a fin de año, el número era de 15,5 millones. O sea que, según esos cálculos, en el mejor momento, Milei y Caputo habían logrado que los 18 millones de pobres heredados disminuyeran a 13. No habían disminuido en 15 millones pero sí en 5: un gran logro. Pero en el último trimestre del año pasado, el número aumentó en 2,7 millones. La diferencia entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 sería de 2.5 millones, alrededor de un 5 por ciento de la población. Faltan contabilizar los dos primeros meses de este año, donde la inflación siguió alta. Este debate está destinado a alterar los nervios de la Casa Rosada. En principio, porque pondrá la lupa en los números que difunde el Indec y especialmente en los que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares que, como su nombre lo indica, es una encuesta. Al cierre de esta nota, el Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia de Buenos Aires señalaba que existen diferencias muy grandes entre los salarios formales registrados en el Índice de Salarios del Indec y los que refleja la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Los primeros son mucho más bajos que los segundos. Pero son los segundos los que se usan para calcular quién es pobre y quién no. ¿Es un problema técnico? ¿Es un problema de otra índole? En todo caso, sería mejor explicarlo. La propaganda y las exageraciones alrededor de la caída del número de pobreza han sido un punto central de la estrategia discursiva oficial. Depende el día, o el funcionario, el Gobierno rescató a 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 o 15 millones de argentinos de la pobreza. Pero el mecanismo se extiende a casi todos los sectores de la economía. Hace dos semanas, por ejemplo, Milei se apoyaba en el número mayorista para sostener que la inflación empezaba con 0. En diez días se verá que seguramente empieza con 3 y que la mayorista no debe ser tomada como número de referencia. La semana pasada Caputo se burlaba de los periodistas que reflejaban los problemas de actividad y consumo de la economía. El miércoles reconoció que el periodismo tenía razón: Puede ser que la producción haya caído en febrero y que la inflación haya crecido en marzo. Hace dos semanas, Federico Sturzenegger sostenía que el Gobierno había creado 400 mil empleos. El Indec lo desmintió: el desempleo creció de 5,7 a 7,5 desde la asunción de Milei. Y así hasta el infinito. Se trata de un patrón que consume una energía interminable y refleja una ingenuidad y un voluntarismo casi infantiles. Bajar la pobreza es muy difícil en un país como la Argentina. Nadie dijo que no lo sería. Pero suponer que alguien la baja porque dice que la baja es una tontería contraproducente. Milei tiene el mérito de haber aumentado los aportes de la Asignación por Hijo y de la tarjeta Alimentar, dos instrumentos creados por gobiernos anteriores de ideología antagónica. La caída de la inflación mejoró aún más la situación, lo que refleja la irresponsabilidad del gobierno anterior, que la dejó crecer por encima del 200 por ciento. Pero la pelea recién empieza y los últimos datos reflejan que el tejido social se ha deteriorado nuevamente. Ninguna persona seria podría sostener que hay 25 por ciento menos de pobres que en diciembre de 2023. Los datos, siempre, son los datos. Por eso, mejor cuidarlos.

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