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» TN
Fecha: 05/04/2026 05:45
La dirigencia de Boca le dio forma a un pedido que se volvió prioritario entre los hinchas, más que cualquier título o refuerzo para el plantel. La problemática era cada vez más evidente: la Bombonera necesita una mayor capacidad ante el importante aumento de la masa societaria en los últimos años. Se presentaron distintos proyectos, algunos con más difusión que otros, pero Juan Román Riquelme decidió ir por su propio camino. A principios de marzo, el Xeneize presentó su plan para llevar el Alberto J. Armando de 57.000 a 80.000 espectadores sin comprar una sola casa, sin trasladar el estadio y sin depender de cambios legislativos. La consigna que Riquelme bajó a su equipo de arquitectos e ingenieros fue explícita: Trabajemos un proyecto propio. Dentro de la Bombonera. Sin tocar casas. Sin violar el código. Y respetando su identidad. El anteproyecto consta de más de 60 páginas y fue desarrollado durante dos años, con estudios estructurales, memorias de cálculo y planos completos de arquitectura que todavía no fueron difundidos oficialmente desde el club. La hoja de ruta para llegar a los 80.000 espectadores combina una cuarta bandeja con nuevas torres de circulación sobre las vías del tren, la transformación de la tercera bandeja a popular, seis niveles de palcos nuevos sobre la calle Dr. del Valle Iberlucea y modificaciones en las populares Norte y Sur. La etapa más compleja será la demolición de los palcos actuales sobre Iberlucea, la cual requerirá entre 12 y 14 meses en los que Boca mudará su localía. El proyecto, además, promete también cubierta completa, zona mixta profesional y acceso FIFA a nivel de campo. Los proyectos alternativos: de la indispensable compra de las casas frentistas a la batalla discursiva No todos llegaron a la misma conclusión que Boca. Mientras el club desarrollaba su plan, distintas agrupaciones con profundo conocimiento del barrio venían construyendo sus propias respuestas al mismo problema. Uno de ellos es el Proyecto Esloveno Plus, impulsado por Fabián Fiori. Su propuesta contemplaba la compra de las casas frentistas de la calle Iberlucea como eje central de la ampliación, argumentando que esa vía permitía un crecimiento más ambicioso y que posibilitaba la finalización de la obra tal como la querían los arquitectos de la construcción original. Lo que nadie entiende justamente es cómo Boca piensa ampliar su estadio sin tener en cuenta a los vecinos, le dice Fiori a TN. El representante del proyecto asegura tener el aval de la mayoría de los dueños de las propiedades frentistas, representados por Rubén Lopresti. El Esloveno Plus es el proyecto que menor impacto negativo tiene, porque lo que se requiere es el desplazamiento de unos metros de la calle Iberlucea. Tenemos antecedentes recientes: lo han hecho con el Metrobús con una obra similar, argumenta Fiori. Existe una batalla discursiva entre el Proyecto Esloveno Plus y el plan del oficialismo. En una reciente entrevista en El Canal de Boca, Riquelme aseguró que los demás proyectos son inviables por una ley que indica que no pueden demolerse las casas que fueron catalogadas como Patrimonio de la Ciudad. La mención al Esloveno generó la respuesta de Fiori, con distintas acusaciones que se adueñaron del debate sobre el futuro de la cancha del Xeneize. Otro de los planes que tomaron notoriedad fue impulsado por Jorge Reale, quien también contemplaba la adquisición de los terrenos frentistas como parte de su visión para el estadio. Años atrás, su espacio había propuesto trasladar la Bombonera a la Isla Demarchi y el proyecto dividió opiniones entre los hinchas, hasta que finalmente se decidió el camino de la readaptación de los papeles para mantener la sede sobre Brandsen 805. El club hoy tendría que estar comprando las viviendas que están en venta para que nosotros podamos avanzar sobre ese proceso, le dice Reale a TN. Ahora se habla de un proyecto de ampliación que dicen de ir para el otro lado, pero Boca tiene que comprar todo. Es más, nosotros tendríamos que pensar en comprar desde la Bombonera hasta Almirante Brown", completó. La postura sobre la compra de las propiedades sobre la calle Dr. del Valle Iberlucea es inamovible: No se puede pensar en ampliación de la Bombonera sin contemplar la compra de las casas. He mirado absolutamente todo tipo de alternativas: ir para arriba o ir para abajo es imposible. Cualquier cosa que muevas, te va a hacer perder terreno. Ganás por un lado pero perdés por el otro. Entonces sí o sí hay que generar espacio", detalló el dirigente opositor. Reale, que es además precandidato a presidente del club para las elecciones de 2027, tomó una decisión que él mismo reconoce como un gesto hacia la institución: cuando Boca formalizó su proyecto propio, dio un paso atrás. Hay que bancar este nuevo proyecto de ampliación. Me pongo a disposición para colaborar en las gestiones que sean necesarias", manifestó públicamente. El debate no implica acuerdo con todos los argumentos oficiales, pero sí una lectura institucional que pone a Boca por encima de la discusión. El proyecto de la Bombonera 360 también fue otra de las propuestas que más se sostuvieron en el tiempo, con la particularidad de que fue impulsada, en gran parte, por la fórmula de Jorge Amor Ameal y Juan Román Riquelme. El plan diseñado por el arquitecto Carlos Navarro propone completar el diseño original del estadio de Boca mediante la demolición del sector de palcos y la construcción de tres bandejas que cierren el anillo perimetral, elevando la capacidad a unos 82.000 espectadores. Su ejecución depende, al igual que la mayoría de las ideas mencionadas, de la compleja compra de las dos manzanas linderas sobre la calle Del Valle Iberlucea. La premisa fue que el estadio no debía mudarse, sino terminarse. Se puede debatir e intercambiar ideas, pero Riquelme no puede invalidar nuestro proyecto, dice Navarro a TN al recordar las palabras de Román en una reciente entrevista en el Canal de Boca. Mientras el plan de Riquelme resuelve la ampliación sin tocar las casas, trabajando hacia las vías y hacia arriba, los proyectos alternativos apostaban a que la incorporación de los terrenos de Iberlucea era no solo posible, sino necesario para alcanzar un resultado más completo. Esa diferencia de enfoque es técnica, pero también tiene una dimensión legal que el debate público nunca terminó de resolver. En este punto disiente Gerardo Adaro, creador del Proyecto Bombonera Siglo XXI que estuvo en la discusión popular por última vez cuando lo presentaron Andres Ibarra y Mauricio Macri para las últimas elecciones en el Xeneize. Este es un proyecto para Boca, no para la política, le remarca Adaro a TN antes de proceder a describir su visión en medio de este complejo panorama. Esta idea plantea el traslado del estadio a los terrenos de Casa Amarilla en lugar de remodelar la estructura actual, distinguiéndose de los ya comentados. El diseño técnico contempla una capacidad para 105.000 espectadores y mantiene la acústica original mediante tribunas en corte de escamas, conectando el nuevo recinto con el histórico de Brandsen 805 a través de un puente peatonal elevado. Para Gerardo Adaro, no hay solución posible para los problemas de capacidad que castigan a la mayoría de los socios de Boca y, según le explicó a este medio, la catalogación del grupo de casas que se ubican frente a la Bombonera imposibilitan toda ampliación en el actual terreno. Su visión sobre el plan de Riquelme también es crítica: asegura que no hay planos desarrollados y que un conjunto de leyes le imposibilitarán al oficialismo avanzar con sus obras. El foco: las casas sobre la calle Del Valle Iberlucea En las dos medias manzanas que lindan con la Bombonera sobre la calle Dr. del Valle Iberlucea hay 48 lotes, según indican los planos de la Ciudad de Buenos Aires. Son casas de barrio, en su mayoría antiguas, habitadas por familias que llevan décadas viviendo a metros de uno de los estadios más famosos del mundo. La pregunta sobre qué hacer con esas propiedades es, desde hace años, el centro de cualquier debate sobre la ampliación. El diagnóstico oficial de Boca es terminante. Del análisis de los informes de dominio surge que 21 de esos 48 lotes están incorporados al Catálogo de Inmuebles Protegidos de la Ciudad mediante la Ley N° 6.922, lo que los cataloga como propiedades que no pueden demolerse ni modificarse libremente. El resto presenta, según el relevamiento del club, una combinación de problemas: hipotecas, embargos, sucesiones no iniciadas o no finalizadas, propiedades sin matrícula, conflictos entre herederos y casos de usurpación. La conclusión a la que llegó la dirigencia es que la ampliación no puede basarse en 48 negociaciones individuales, muchas de ellas condicionadas por restricciones legales y situaciones judiciales. Pero ese diagnóstico tiene distintas voces que lo cuestionan con argumentos concretos. La primera es la de los propios vecinos. El referente de los frentistas sobre Iberlucea, Rubén Lopresti, afirmó públicamente que existe consenso entre los propietarios de los lotes para vender, y que la oferta formal desde el club nunca llegó: Riquelme nunca cruzó la vereda como lo prometió en su campaña. Fuentes de la Legislatura de la Ciudad consultadas por TN sostienen que la catalogación patrimonial de un inmueble no impide su venta y que el proceso es reversible, tal como ha sucedido con la propia Bombonera cuando ingresó al catálogo mencionado. En este punto, se puede asegurar que los trámites dependen ni más ni menos de una gestión eficiente. El trayecto no es sencillo y puede demorar varios años, lo cual desalienta cualquier avance significativo cuando se acerca la época electoral. No se trata de se puede o no se puede, sino de cuánto tiempo, cuánta negociación y cuánta voluntad política requería ese camino. Boca evaluó esa complejidad y eligió un proyecto que no depende de terceros, aunque Riquelme optó por el discurso de la imposibilidad para manifestar su postura. El camino que Boca eligió para la ampliación de la Bombonera no requiere comprar casas, no necesita cambios legislativos y trabaja en líneas generales dentro del código urbanístico vigente. Sus tiempos están atados a la CNRT y luego a la Dirección General de Interpretación Urbanística del Gobierno de la Ciudad, no a cuántas familias de Iberlucea acepten una oferta. Lo que quedó afuera de esa elección es una discusión que los proyectos alternativos tenían en el centro: si la incorporación de los terrenos frentistas hubiera permitido una Bombonera todavía más grande, más integrada al barrio y menos dependiente de una mudanza temporaria durante las obras. Esa pregunta no tiene respuesta oficial porque nunca fue explorada formalmente por el club. Es el espacio en blanco que los proyectos de Fiori, Navarro y Reale -entre otros- ocupaban, y que el anuncio oficialista dejó sin llenar. La Bombonera va camino a la ampliación y el hincha se ilusionó. El proyecto luce serio, técnicamente desarrollado y tiene los primeros trámites en marcha.
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