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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/04/2026 03:32
Para principios de 1958 Gran Bretaña comenzaba a salir de la cruda austeridad de la posguerra y aunque en el número 10 de Downing Street habitaba el conservador Harold McMillan en las grandes ciudades del reino se empezaban a respirar nuevos aires políticos y culturales, impulsados por una potente generación joven que se abría paso. Producto de las pérdidas humanas de la Segunda Guerra Mundial, el 40 por ciento de la población tenía menos de 25 años. Se los conocía como baby boomers y luchaban por su lugar. Londres apuntaba a convertirse en la capital mundial de la moda, aunque todavía Patty Boyd y Jane Birkin no habían empezado a caminar por las pasarelas y Mary Quant no había inventado la minifalda. En la ciudad puerto de Liverpool, en enero, dos pibes tocaron por primera vez juntos en un local llamado The Cavern. Uno era diestro y el otro zurdo, los dos empuñaban guitarras, sus nombres eran John Lennon y Paul McCartney y acababan de formar un grupo de rock al que bautizaron The Quarrymen. Sin embargo, no todas eran esperanzas en las tierras donde reinaba Isabel II, porque también se respiraba miedo. A fines del año anterior las tensiones de la Guerra Fría habían comenzado a escalar y el enfrentamiento entre el bloque occidental, liderado por los Estados Unidos y Gran Bretaña, y el Pacto de Varsovia, fogoneado por la Unión Soviética, no presagiaba nada bueno para el mundo. Las dos grandes potencias mostraban su poderío en dos frentes muy relacionados: la carrera espacial y la armamentista. Moscú había lanzado al espacio su primer Sputnik en 1957 y Washington se apresuró a poner en órbita el Explorer I en enero siguiente. Eran muestras de un desarrollo tecnológico nunca visto que también se aplicaba al material bélico con la producción de los primeros misiles balísticos intercontinentales con cabezas nucleares. El fantasma de una devastadora guerra atómica se corporizaba cada vez más y Europa vivía con miedo. La sociedad británica fue una de las primeras en reaccionar ante ese peligro con una manifestación pública. El 4 de abril de 1958, viernes santo, más de diez mil personas partieron desde Trafalgar Square, en el corazón de Londres, hasta la pequeña ciudad de Aldermaston, a orillas del rio Tadley, a unos 83 kilómetros de distancia, cerca de la cual el gobierno británico había instalado una base atómica secreta. Esa marcha, que se prolongó hasta el 7 de abril, fue la primera de muchas que se repetirían los años siguientes y coronó las acciones de un movimiento surgido un año antes para generar conciencia. Contra las armas nucleares La Campaña por el Desarme Nuclear (CND, por su sigla en inglés) era una organización recién nacida. Creada en noviembre de 1957, estaba conducida por un comité que tenía al canónigo John Collins como presidente, a Bertrand Russell como vicepresidente y a Peggy Duff como secretaria de organización. De inmediato despertó la atención del público por el prestigio de los notables que la impulsaban, entre los cuales se contaban científicos, líderes religiosos, académicos, periodistas, escritores, actores y músicos. La formación de la CND marcó un cambio significativo en el movimiento pacifista internacional, que desde finales de la década de 1940 había estado dominado por el Consejo Mundial de la Paz (CMP), una organización antioccidental dirigida por el Partido Comunista Soviético. Debido a que el CMP contaba con un gran presupuesto y organizaba conferencias internacionales de gran repercusión, el movimiento pacifista quedó identificado a los ojos del mundo con el bloque soviético. En ese sentido, el surgimiento de la CND marcó un punto de inflexión y potenció el desarrollo de un movimiento pacifista no alineado, desvinculado del CMP. Para presentar la campaña en sociedad, el dramaturgo J. B. Priestley autor de obras de enorme éxito como El Tiempo y los Conway escribió un artículo para la revista New Statesman titulado Gran Bretaña y las bombas nucleares, donde abogaba por el desarme nuclear unilateral del Reino Unido. En pocas palabras: ahora que Gran Bretaña le ha dicho al mundo que posee la bomba de hidrógeno, debería anunciar cuanto antes que ha terminado con ella y que se propone rechazar, bajo cualquier circunstancia, la guerra nuclear, decía. Sin embargo, la primera convocatoria a la marcha no partió de la CND sino de una pequeña organización llamada Comité de Acción Directa Contra la Guerra Nuclear (DAC), a la que la CND le dio inmediatamente apoyo sumándose a la organización. La movida fue de gran impacto, no solo por sus exigencias sino porque sacó a la luz pública un peligroso secreto. Por entonces, la población de Aldermaston y su entorno desconocían completamente qué tipo de armamento y actividades se hacían allí. Durante años, alegando motivos de seguridad, las instalaciones no aparecían en los mapas públicos y cartografía oficial para mantenerlas ocultas. La marcha se encargó de romper ese secreto guardado celosamente por el gobierno. Emplazadas en un antiguo campo de aviación de la Segunda Guerra Mundial, las plantas de Aldermaston estaban destinadas a la investigación y la producción de armas nucleares y en especial al desarrollo de materiales fisibles de plutonio para ser utilizados en las cabezas de ese armamento. Hacia allí fueron los manifestantes. La marcha de Semana Santa El Comité de la Marcha de Aldermaston estaba formado por los militantes del Comité de Acción Directa April Carter, Hugh Brock, Pat Arrowsmith y Michael Randle, además del diputado Frank Allaun, el activista Walter Wolfgang, de la Campaña Laborista contra la Bomba H, y Bayard Rustin de la Liga de Resistentes a la Guerra (WRL). Designaron a Michael Howard para encauzar, garantizar la acción pacífica y proteger a los manifestantes en todo el recorrido. También contó con la ayuda del teórico de la no violencia Gene Sharp, aunque nunca llegó a ser miembro del comité. El éxito de la convocatoria superó las expectativas de los organizadores y causó preocupación en el gobierno conservador de McMillan, que vio en ella no solo una movida que sacaba a la luz uno de los secretos mejor guardados del reino sino también el surgimiento de un movimiento radical que ponía en peligro su hegemonía política. El 4 de abril, unas diez mil personas partieron de Trafalgar Square, a las que se sumaron centenares más durante los tres días de caminata hacia su punto de destino. Durante la preparación hubo discusiones entre los organizadores sobre algunos aspectos de la manifestación. La música fue uno de ellos. Los principales líderes de la CND propusieron marchar en silencio, pero los miembros más jóvenes, liderados por el secretario de la juventud de la organización, se plantaron en que debían cantar y acompañarse con música instrumental. La cuestión quedó zanjada con una victoria del sector juvenil que además era mayoritario y así la canción antibelicista de John Brunner The H-bombs Thunder, sonó como una suerte de himno no oficial de la manifestación. Se inauguró con ella una tradición, porque el año siguiente las canciones asociadas con la CND y la marcha fueron lanzadas en dos discos de vinilo, Songs from Aldermaston y Songs Against the Bomb. El símbolo de la paz La marcha desde Londres hacia las instalaciones secretas de Aldermaston durante la Semana Santa de 1958 no solo pasó a la historia como la primera realizada en Gran Bretaña por el desarme nuclear sino también porque allí se vio por primera vez en una manifestación una imagen que hoy es universal: el círculo y las tres rayas del símbolo de la paz, diseñado por el artista gráfico Gerald Holtom. Los manifestantes portaban 500 símbolos de la paz de Holtom sostenidos por palos, la mitad de ellos negros sobre fondo blanco y la otra mitad blancos sobre fondo verde. En Gran Bretaña, el símbolo se convirtió de inmediato en el emblema de la Campaña por el Desarme Nuclear, lo que hizo que el diseño se volviera sinónimo de esa causa de la Guerra Fría. Más tarde, el diseñador Eric Austen creó broches de arcilla blanca con el dibujo en negro, algo también muy simbólico, pues en el caso de una guerra nuclear, ese material resistiría. Con el correr de los años, el propio Holtom contó dos historias sobre cómo se le ocurrió ese diseño. La primera explicación hace referencia al alfabeto semáforo, con el que se representa cada letra con una posición distinta de los brazos. Si se colocan las posiciones de las letras N y D de Nuclear Disarmament (desarme nuclear) se obtiene el conjunto de rayas rectas. Después el círculo que las rodea representa el mundo. La segunda es mucho más personal: Estaba desesperado. Profundamente desesperado. Me dibujé a mí mismo como típico ejemplo de una persona desesperada, con las palmas de las manos hacia afuera y hacia abajo extendidas. Después simplifiqué el dibujo con líneas y un círculo, relató. El símbolo atravesó rápidamente el Atlántico y en los Estados Unidos se asoció enseguida con las protestas contra la Guerra de Vietnam. Con el tiempo, su significado fue evolucionando desde la exigencia original del desarme nuclear hasta convertirse en sinónimo de la postura antibélica universal. Gerald Holtom murió en 1985, cuando su símbolo había sido adoptado en todo el mundo. Nunca lo registró ni quiso cobrar derechos de autor para que cualquier persona o movimiento pacifista del mundo pudiera utilizarlo de manera gratuita.
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