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» Clarin
Fecha: 31/03/2026 21:25
En una reciente exposición en la Fundación Tucumán el economista Ricardo Arriazu elaboró un ensayo interesante alrededor de una cuestión visceral para el grueso de los argentinos que resume la siguiente declamación: No llego a fin de mes. Arriazu actuó de profesor e ilustró con cuatro opciones como para marcar con un lápiz, cuáles son los motivos que identifican esta insatisfacción ya instalada. No llego a fin de mes porque: el Gobierno no quiere darme lo que corresponde, por la corrupción, por la distribución del ingreso o porque la torta no alcanza. Spoiler alert: Arriazu dirá que la respuesta correcta es la última. En su presentación aclaró que yo hablo de economía, casi descartando las primeras dos opciones, aún cuando en una encuesta reciente de la Universidad de San Andrés la corrupción aparece como la tercera preocupación detrás de los bajos salarios y la falta de trabajo. Dejando de lado, entonces, las primeras dos opciones del multiple choice, las otras dos variantes representan un desafío. ¿Hay acaso un problema con la distribución del ingreso en la Argentina? Podría ser, después de todo. Al fin y al cabo la producción tocó un récord histórico en enero. Y el ex ministro de Economía Hernán Lacunza señaló en su último informe que los números de enero confirman la tendencia: la economía no está estancada. Arriazu dice que la opción mala distribución del ingreso no es plausible. Y hace la siguiente cuenta: Si fuéramos todos iguales ganaríamos dos millones de pesos. Y agrega: Si se tuviera la distribución del ingreso de los Países Bajos (N.E.: una economía con uno de los repartos más equitativos), el 50% de las personas ganaría menos de un millón de pesos por mes. Dicho esto, la economía argentina no enfrenta el problema de que los empresarios pagan a sus trabajadores salarios por debajo del valor de los bienes y servicios que producen, factor fundamental de la desigualdad como identificara 200 años atrás el filósofo irlandés William Thompson. En todo caso la Argentina es un país pobre -como dice Arriazu- o, bajo los estándares internacionales, de ingresos medios bajos que fabrica productos con bajo valor agregado y, ergo, malos salarios. Y, si no, basta ver lo que el Indec informó este martes: la pobreza a fines de 2025 fue 28,2% siendo el menor nivel en siete años. El camino a recorrer por delante es arduo si se tiene en cuenta que la pobreza desde que asumió Milei no habría bajado 10 puntos porcentuales como dice el Indec sino entre 2 y 5 puntos de acuerdo a un trabajo de próxima publicación de los economistas del Cedlas, Albina, Gasparini y Tornarolli, ajustando las cifras de la canasta utilizada y a la caída del subreporte de ingresos en la EPH. El punto es claro cuando se señala que la torta es chica o no se produce lo suficiente. Un abanico de economistas que puede ir desde el propio Arriazu, pero a otros en cambio identificados con el peronismo, sostienen que la Argentina en las últimas décadas recurrió a comerse los stocks de capital para darle impulso a la demanda como recurso de corto plazo. Así como en las últimas horas se debatió si la decisión del kirchnerismo de expropiar YPF había sido legal o no, se escuchó menos sobre la economía política que desembocó en esa decisión: subsidiar el consumo de energía a las clases medias significó meter a la gallina en la cacerola en vez de buscar más huevos, achicando así la torta y creando presiones sobre la inflación. Como consecuencia de esto, la Argentina entró en un estanco y tiene hoy un Producto Bruto por habitante equivalente al de 2010 medido en dólares constantes de 2015 (según el Banco Mundial, US$ 15.000 anuales). Y una tasa de inflación más elevada y por lo tanto también el números de pobres. Javier Milei este martes escribió un posteo en X diciendo que con inflación no se puede crecer, reafirmando su objetivo principal de desinflar para crecer más y seguir bajando la pobreza. El camino no será parejo. Efectivamente, un informe de la consultora Empiria que dirige el propio Lacunza afirma que la economía no está estancada pero sí existe una heterogeneidad superior a la habitual, con tres sectores que, por distintos motivos, se expandieron a tasas extraordinarias en dos años: agro 42% mayor en 2025 que la sequía de 2023, minería-energía 16% por Vaca Muerta y los bancos 18% por las altas tasas de interés. En el extremo opuesto se ubican tres de los sectores urbanos más relevantes como la industria, el comercio y la construcción tienen todavía caídas promedio del 10% respecto a 2023. El índice de la industria, del Indec, muestra que este sector está a 17% de su máximo histórico y la construcción también. El comercio, 6% abajo. ¿Qué puede hacer al respecto el Gobierno, se pregunta Arriazu? Dos cosas: ofrecer seguro de desempleo para los que quedan en el camino y confianza a los argentinos para que no salgan corriendo a comprar dólares de manera de presionar el tipo de cambio e interrumpir la baja de inflación. Esto último en una economía bimonetaria es crucial. De ahí que los economistas el partido de Milei de cara a 2027 se juega en esto último. ¿Volverán los argentinos a comprar dólares y a privar al Banco Central de acumular reservas? ¿Y si no está Donald Trump para ayudar? ¿Por qué si el Banco Central compró US$ 4.400 millones en lo que va del año las reservas en ese período subieron solo US$ 924 millones?. JP Morgan aumentó la previsión del proceso de dolarización de carteras de los argentinos en un informe para sus clientes distribuido este martes: estima US$ 20.000 millones en este año y US$ 30.000 millones para el próximo. Sobre la firma Newsletter Clarín
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