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Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 29/03/2026 18:03
Celebraciones y costumbres que se vivieron en décadas pasadas El Concilio Vaticano II se celebró entre 1962 y 1965. Fue inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. El mismo introdujo importantes modificaciones en la iglesia como: misa en lengua vernácula, (antes se celebraba en latín), apertura al diálogo interreligioso, ecumenismo, participación activa de los laicos, enfoque pastoral y renovación de la Iglesia, entre otros. Desde muy niña participé de las ceremonias junto con mi madre y mi hermana mayor, quien pertenecía a la Acción Católica. En ese entonces el párroco era el Presbítero Manuel Peralta a quien entre sus frases recuerdo a los chicos no hay que aflojarles ni un tranco de pollo. Esa era una máxima para mí. En ese entonces, las mujeres debían acudir al templo con mantilla o pañuelo cubriendo la cabeza, mangas largas y medias. Si se vestía una prenda de manga corta, muchas se hacían una especie de manga adicional, que se ajustaba con un elástico por arriba del codo, para usarla en el templo. Por supuesto que las polleras debían llevarse debajo de la rodilla. Para las ceremonias de Primera Comunión se podían lucir hermosos trajes con puntillas y enaguas, una capotita, bolsita para la limosma y rosario. Muchas guardamos fotos de esa época. Más adelante, el guarpapolvo unificó a todos. De mi niñez recuerdo muchas fiestas religiosas, pero la Semana Santa y la festividad de San Antonio quedaron grabadas en mi memoria. Es posible que cuando el padre Peralta fue trasladado a la parroquia Ntra. Sra. de Fátima en Gualeguaychú, muchas de las formas ceremoniales se mantuvieran con el P. Marcos Kemerer. Voy a recordar lo vivido de niña y casi adolescente. Iniciada la cuaresma con el Miércoles de Ceniza, ese día y todos los viernes no se podía comer carne de sangre roja, por lo que el pescado, de mar o de río, generalmente, era el ingrediente principal de las comidas de esos días. No acatar ese precepto era pecado, creo que lo sigue siendo, aunque en forma más laxa. En nuestros días, muchos católicos siguen ese precepto. Los Viernes Santos se debía comer frugalmente, sin excesos. Los pescadores se multiplicaban, no sólo los que tenían ese oficio, sino también los aficionados, y los vendedores ambulantes recorrían las calles ofreciendo su mercadería. Durante la cuaresma, todas las imágenes de la parroquia se cubrían o envolvían con un paño azulado o violeta. El Vía Crucis se rezaba varias veces en la semana. Durante la cuaresma, las familias católicas no realizaban casamientos ni fiestas y no iban a bailes. Era un tiempo de guardar, de espera y acompañamiento a Jesús en su camino a la cruz. La Semana Santa, tal como es ahora, comenzaba con el Domingo de Ramos. Los ramos eran llevados al templo para la bendición, una forma de celebrar lo que narran los evangelios: Jesús entró triunfalmente montado en un asno, bajando desde el Monte de los Olivos y pasando por Betfagé y Betania, aclamado por la multitud que extendía mantos y ramas de palma como el Mesías. Los días santos continuaban con celebraciones de Vía Crucis hasta llegar al Jueves Santo, celebración cristiana clave que conmemora la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, marcando el inicio del Triduo Pascual. Este día se instituye la Eucaristía, el Orden Sacerdotal y se recuerda el lavatorio de los pies, ceremonia que se continúa en nuestros días. La misa se celebraba en latín y de espaldas al pueblo. Luego se realizaba la procesión por dentro del templo en la que el párroco llevaba el Santísimo bajo palio acompañado de los fieles y un coro maravilloso. No recuerdo si en esa época ya estaba el Coro San Gregorio Magno, dirigido por Felipe Heis. ¡Una maravilla! El Santísimo quedaba expuesto hasta la medianoche. El Viernes Santo era de profundo silencio y respeto; la radio transmitía música sacra y era costumbre visitar 7 templos. Aún muchos lo hacen. A las 15 en punto de la tarde tres campanadas anunciaban la muerte de Jesús y comenzaba la ceremonia central a esa hora en punto. Luego el templo quedaba abierto, como ahora, para las visitas de los fieles, que debía hacer doble genuflexión (hincarse con las dos piernas), y orar a la Virgen Dolorosa y a Jesús yacente. Todo era silencio respetuoso. Si el clima acompañaba, se hacía el Vía Crucis alrededor de la plaza como acostumbramos también ahora. Delante del altar se colgaba un manto que lo cubría totalmente. A las 22 horas tenía lugar el Sermón de soledad, reflexiones del Padre Peralta u otro sacerdote que duraban una hora aproximadamente y que era seguido por los fieles en un clima de silencio y recogimiento. Uno de los motivos era acompañar a la Virgen Dolorosa en tan triste momento. El Sábado Santo era un día reservado a preparar la resurrección, con confesiones que llevaban adelante muchos sacerdotes. El templo seguía en silencio con sus imágenes tapadas. Ya a las 23 horas del sábado, ni antes, ni después, comenzaban las ceremonias previas a la misa. A la cero hora las campanas se batían a vuelo, el coro entonaba el Gloria y se festejaba la Resurrección del Señor. El paño que cubría el altar caía y ante todos los fieles se encendía a pleno el templo. Lo esencial de estas ceremonias mantiene su esencia, como corresponde; han cambiado otras costumbres, sobre todo lo que hace a guardar silencio y recogimiento hasta la cero hora del domingo, ya que las fiestas y la música de diversos géneros atruenan en los medios y en las calles y muchas personas toman esos días santos para el turismo. Sería importante que en medio de las minivacaciones se concurra a las celebraciones principales. Graciela Saavedra
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