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» La Nacion
Fecha: 29/03/2026 08:42
Qué gana y qué pierde la Argentina con la guerra en Medio Oriente En el mediano plazo, el país emergerá como un gran ganador de este conflicto, por su nuevo rol como exportador de petróleo y gas; en el corto plazo, el enfrentamiento impone varios costos - 9 minutos de lectura' La guerra de Medio Oriente, iniciada a principios de mes, es un evento terrible desde el punto de vista humano y material para todos los afectados directa e indirectamente. Nuestros pensamientos están con todos los damnificados. No podemos, sin embargo, dejar de analizar cómo afecta la guerra a la Argentina. En el mediano plazo, la Argentina emergerá como un gran ganador de esta guerra, mismo si terminase inmediatamente. Esto es porque ella transcurre al mismo tiempo que se da una transformación estructural que va a convertir a la Argentina en un gran exportador de petróleo y de gas en los próximos años. Este cambio no es solo una promesa, sino que ya es en parte una realidad. La producción petrolera llegó el último mes a 874.000 barriles por día, récord histórico para nuestro país, con aproximadamente 600.000 barriles saliendo de Vaca Muerta. Luego del fuerte salto del precio del crudo, que subió un 48% a US$107 por barril (el llamado Brent) en marzo, las exportaciones de energía podrían llegar a los US$17.000 millones este año, desde US$11.000 millones el año pasado. La balanza comercial energética, que fue deficitaria en US$4539 millones en 2022, fue positiva en US$7829 millones en 2025, y puede superar los US$13.000 millones este año. La producción de petróleo y de gas no es mayor porque existen restricciones de capacidad de transporte, pero estas están siendo levantadas rápidamente. Es decir, la revolución energética está en pañales. Luego del aumento de capacidad del Oleoducto del Valle (Oldelval), que llevó su capacidad de transporte desde Vaca Muerta hasta Puerto Rosales, en la Provincia de Buenos Aires, hasta los 530.000 barriles por día, está avanzando rápidamente la construcción de Vaca Muerta Sur (VMOS), una inversión de US$3000 millones que permitirá exportar petróleo vía Punta Colorada, Río Negro, ya algo a fin de este año y cerca de 700.000 barriles por día a fines de 2027. Haciendo una cuenta de almacenero, 700.000 barriles por día, a US$100 el barril, por 365 días, implican exportaciones por US$25.550 millones por año. Este oleoducto también traerá un fuerte impulso a la inversión y al empleo para extraer el petróleo, y más ingresos para las arcas fiscales, con US$2000 millones de ingresos solamente en retenciones petroleras. La expansión de los gasoductos para exportar gas natural licuado (GNL) viene más retrasada, pero también será impresionante. El proyecto de Southern Energy (SESE) permitirá exportar gas utilizando un buque a partir de 2027, y otro a partir de 2028, desde el Golfo de San Matías, en Río Negro. Entre ambos, la Argentina exportará 27 millones de metros cúbicos de gas por día. Hay, además, un proyecto mucho mayor en carpeta, Argentina GNL, un consorcio encabezado por YPF, con una inversión esperada de más de US$30000 millones, pero que en el mejor de los casos comenzará a exportar a partir de 2030. Es precisamente en el mercado de gas donde la Argentina tiene mucho más para ganar de la guerra de Medio Oriente. Los países europeos, antes dependientes del gas ruso, vieron por la guerra mermadas las exportaciones de gas de Qatar, que maneja el 20% de las exportaciones globales de gas natural licuado, 80% de las cuales pasaba por el Estrecho de Ormuz. Un ataque de Irán destruyó el 17% de la capacidad de exportación de gas de Qatar. Las reparaciones dejarán fuera de servicio esta producción entre tres y cinco años. El impacto de la guerra en los precios del GNL fue muy fuerte, experimentando subas desde cerca de US$10 por millón de BTU (British Thermal Units, una unidad de medida), a más de US$20. Ante esta realidad, está claro que los países europeos y asiáticos van a intentar diversificar sus fuentes de abastecimiento de GNL. Si bien la Argentina tiene un conjunto de problemas y riesgos importantes, estos no están correlacionados con los problemas en Medio Oriente. De hecho, Alemania ya firmó el 4 de marzo un contrato con SESE para la importación de 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años a partir de 2027, o sea un 80% de la capacidad del primer barco que va a estar operando. El problema es que estos beneficios, si bien sustanciales, van a tardar en materializarse. De corto plazo la guerra le impone varios costos a la Argentina. El primer impacto es en el precio de la nafta, que subió un 11% en promedio durante marzo y deja un arrastre del 10% para abril (es decir, si los precios quedasen constantes al nivel actual, el promedio de abril sería un 10% superior al promedio de marzo). Aun a estos precios, la brecha con la paridad internacional permanece en poco menos del 10%. Si el precio internacional del petróleo no baja en las próximas semanas, enfrentaremos un dilema de frazada corta. Los precios domésticos de la nafta pueden seguir subiendo, pero a un costo político para el Gobierno. El caso de Chile, un importador neto de petróleo, sirve de advertencia. El flamante presidente José Antonio Kast, asediado por la falta de fondos con que lo dejó el gobierno anterior, tuvo que suspender el mecanismo existente de moderación de las fluctuaciones de precios de los combustibles y permitió que la nafta suba el 32% y el gasoil el 62%. Inmediatamente su popularidad cayó del 57% al 47% y el rechazo subió del 36% al 49%, con poco más de dos semanas en el poder. Alternativamente, si se decide no aumentar precios, puede surgir escasez en algunos productos que se importan, como el gasoil. El timing no podría ser peor, ya que se viene el pico de la cosecha de maíz y soja. Pero los problemas de corto plazo no terminan ahí. Si bien la producción y exportación de gas están a punto de explotar, durante este invierno la Argentina sigue necesitando importar gas. Se requieren hasta 20 barcos de GNL (de más de 50 que se requerían en 2022), cuyos precios no fueron fijados antes de que empiece la guerra. En teoría, este era el primer año que el costo de la importación de GNL se iba a trasladar a los usuarios. Pero la suba de precios internacionales abre un dilema parecido al de la nafta: en este caso, pasarlo a los usuarios al costo de mayor inflación, o absorberlo fiscalmente. El otro costo de corto plazo que trae a la Argentina la guerra en Medio Oriente es que dificulta el acceso al mercado de deuda para el Gobierno y las empresas. El shock petrolero traerá menos actividad a la economía global, pero antes que nada mayor inflación. La OCDE acaba de actualizar su proyección de inflación de los países del G-20 del 2,8% al 4%, incluyendo un salto de 3% al 4,2% en los Estados Unidos y del 1,9% al 2,6% en Europa. En este contexto, los bancos centrales globales dejarán de bajar las tasas de interés, o las bajarán más lento que lo esperado antes del inicio de la guerra, o las subirán. Es decir, se viene un panorama monetario más apretado. Las tasas de largo plazo también acusan recibo, y las tasas de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos subieron de cerca del 4% a fin de febrero a 4,47% el viernes pasado. Las tasas más elevadas en el mundo desarrollado suelen resultar en menor apetito de los inversores por tomar riesgo de países emergentes. Así, el riesgo país de los países emergentes subió, y el de los países con economías más débiles, con calificaciones de crédito triple C, como la Argentina, subió en casi 100 puntos básicos desde fines de febrero. Estas alteraciones de la economía global ocurren al mismo momento en el que el Gobierno, aparentemente preocupado por los datos de empleo, está implementando un delicado cambio de estrategia para reactivar la economía. La economía argentina destruyó más de 200.000 empleos entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025, extrapolando cifras recientemente publicadas por el Indec. Los datos de punta del mercado laboral sugieren que la situación del mercado laboral quizás haya seguido empeorando durante el primer trimestre de este año. Para reimpulsar la economía, hay que bajar el costo de capital. El problema de la guerra es que al retrasar el acceso de la Argentina al mercado de deuda internacional, evita que caiga el costo de capital en dólares. En el mercado de pesos, a partir de mediados de febrero el Gobierno permitió que bajen las tasas de interés, al evitar absorber mediante sus licitaciones quincenales de deuda todos los pesos excedentes en el sistema financiero. Así, los bancos aumentaron sus colchones de liquidez y las tasas de interés bajaron. Las de depósitos a plazo fijo mayoristas (TAMAR) bajaron del 35,69% el 23 de febrero hasta el 26,06% a mediados de la semana pasada. Estas bajas de tasas también se trasladan a las tasas de préstamos. Las tasas de adelantos a las empresas cayeron de casi el 50% el 19 de febrero hasta el 26,5% a mediados de la semana pasada. Hasta ahora, la baja de tasas no compromete el otro objetivo del Gobierno, que es la estabilidad cambiaria y, en ultimo termino, la baja de la inflación. Es más, el Banco Central (BCRA) compró cerca de US$4000 millones en lo que va del año, y el peso argentino se apreció de $1469 a $1379 por dólar. Es más, desde el inicio de la guerra el peso argentino fue una de las monedas que mejor se comportó en todo el mundo emergente, apreciándose desde $1408 por dólar a fines de marzo. Una fuerte cosecha y las emisiones de deuda corporativa y provincial en mercados externos en meses anteriores a la guerra pusieron al BCRA en una posición cómoda en el mercado cambiario estas semanas, lo que debería durar al menos hasta el final del segundo trimestre. La guerra en Medio Oriente, sin embargo, trae riesgos para este cambio de estrategia. Primero, porque al hacer subir la inflación limita la baja de tasas de interés. Segundo, porque hace más difícil emitir deuda en dólares al Gobierno, empresas y provincias, y porque tiene el riesgo de terminar haciendo caer el precio de los commodities. Es decir, citando al Ingeniero Alsogaray, hay que pasar el invierno y quizás también la primavera antes de ver resultados netos positivos de la guerra de Medio Oriente en nuestro país. 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