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Concepcion del Uruguay » La Pirámide
Fecha: 28/03/2026 12:30
One Piece. La Generación Z sale a las calles Una generación nativa digital está derribando y reconstruyendo las tácticas del activismo en tiempo real. Son jóvenes, están conectados y comparten una profunda indignación. Mariano Chaluleu en su nota Nepal, Perú, Marruecos, Madagascar - Alternativa noviembre de 2025 describe esta sensación compartida de que el futuro corre peligro. Este movimiento está impulsado por una profunda desconfianza en las élites, una creciente precariedad económica y el poder sin precedentes de las redes sociales para movilizar y coordinar La bandera del anime japonés One Piece, la calavera sonriente bajo un sombrero de paja se ha convertido en símbolo global de una generación que identifica en el protagonista de la serie, el capitán Monkey D. Luffy, un emblema perfecto de la resistencia anti-establishment. El mensaje es claro y directo: no aceptamos lo que nos impone el poder sin cuestionarlo. Escrita e ilustrada por Eiichiro Oda describe un mundo de islas controlado por un gobierno mundial. Contra ese control los piratas intentan vivir al margen de la ley. Luffy es el capitán de los piratas del sombrero de paja, y lidera un ejército variopinto donde cada personaje se aferra a sus sueños, luchando con los obstáculos que la vida presente con la única esperanza de alcanzarlos. Fue en las protestas propalestinas en Reino Unido e Indonesia, explica una crónica del New York Times, donde comenzó a ondear el estandarte de la calavera y tibias huesos - cruzados sobre un fondo negro con el sombrero de paja distintivo del anime, siendo adoptada luego como símbolo en las protestas estudiantiles y de transportistas que sacudieron Indonesia. Emblema de la generación Z de nativos digitales, la enseña pirata comenzó a ser común en protestas a lo largo y lo ancho del planeta. La llevaban los jóvenes marroquíes que salieron en 2025 en Casablanca, Marrakech o Tánger contra el deterioro de los servicios públicos y la falta de inversión en Educación y Salud bajo la consigna Menos Mundial y más hospitales y los de Perú, donde reclamaban contra la reforma al sistema de pensiones. Es el hilo conductor que une las masivas movilizaciones que han llevado a la caída de los gobiernos en lugares tan distantes como Nepal y Madagascar. Flamea sobre las cabezas de quienes tomaron las calles en Kenia contra el abuso policial y el aumento del costo de vida, los que en Filipinas enfrentan la corrupción del gobierno, o en Paraguay piden más inversión para la educación, salud y seguridad. Son más de 1.700 millones los jóvenes de entre 15 y 25 años y representan aproximadamente el 20 % de la población mundial. Tienen como denominador común la ruptura de un contrato social que, para ellos, dejó de funcionar. En palabras del políticologo y analista Daniel Zovatto el ascensor social se ha detenido. Ven que las promesas del progreso y la meritocracia se desvanecieron y en cambio solo encuentran desesperanza y frustración. En 2030 el 85% de ellos vivirá en países en vías de desarrollo. Una bomba demográfica a futuro. Representan el 25 % de la población en edad laboral, pero son el grupo más castigado por el desempleo. Una de cada dos personas sin trabajo en el mundo tiene entre 15 y 24 años. Según la OIT más de la mitad de los trabajadores jóvenes de todo el mundo tiene un empleo informal. Excluidos y precarizados, son un caldo de cultivo propicio para proyectos mesiánicos y autoritarios. Explosiva combinación de desilusión, incertidumbre y convulsión social. Víctimas involuntarias del nuevo capitalismo de aplicaciones, tecnofeudalismo en palabras de Yanis Varoufakis, donde las grandes empresas tecnológicas actúan como los señores feudales modernos, controlando plataformas digitales, datos y mercados en línea, mientras que los usuarios son los siervos. Atónitos contemplan como el dios mercado arrasa con todo a su paso dejando un tendal de excluidos, desechados en realidad, por un sistema que solo busca maximizar ganancias y obtener rentabilidad al costo humano incluso - que sea. La Organización Internacional del Trabajo, en un informe titulado Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil, advierte que el número de jóvenes de 15 a 24 años que no tienen empleo, educación o formación - ninis o neet - es uno de los desafíos más difíciles por sus implicancias de todo tipo. uno de cada cinco jóvenes del mundo era nini dos de cada tres de estos ninis eran mujeres. Constituyen verdaderos ejércitos de desesperados que reclaman, sin éxito, su lugar bajo el sol. Como explica Chistrian Dürr, la profundización, la radicalización del capitalismo: la mercantilización total y forzada de la comunidad y la construcción de una sociedad meritocrática, elitista y autoritaria, que promete la posibilidad de ascenso social para todos, sabiendo que solo unos pocos podrán alcanzarlo y que los mejores puestos ya están tomados. El sistema el capitalismo como sentencia el propio Dürr ya no tiene la capacidad de promover una supervivencia digna ni, mucho menos, una buena vida. casi el 50% de los jóvenes entre 18 y 34 años sufre problemas de salud mental de importancia clínica señala un estudio global de Sapien Labs, en consonancia con la Organización Mundial de la Salud que da cuenta - La salud mental de los adolescentes diciembre de 2025 - que siete de cada diez jóvenes padece algún tipo de trastorno mental la ansiedad, depresión y el suicidio - tercera causa de muerte entre 15-29 años - son problemas críticos. Escenario dramático donde los jóvenes llevan la peor parte. Imposibilitados de imaginar un futuro posible, reducidos a meras estadísticas en la retórica del mundo capitalista, constituyen un peligro potencial para las elites, que ven en ellos una amenaza para un status quo injusto y cada día más desigual. Condenados a vivir en lo que Byung-Chul Han llama La sociedad del cansancio. Alienados. Deshumanizados. Impulsados por un estado de autoexplotación continua, persiguen la búsqueda desenfrenada de logros bajo la presión del rendimiento y la autoexigencia, en la cual el individuo se convierte en su propio opresor. Las distopías literarias del siglo XX Un mundo feliz de Huxley; Fahrenheit 451 de Bradbury; La naranja mecánica de Burgess; 1984 de Orwell; contaban desde la ciencia ficción como los poderosos ejercerían un control extremo sobre la vida de los ciudadanos, apelando a la violencia, al uso de psicotrópicos, manipulando el pasado y el lenguaje hasta llegar a controlar el pensamiento. Un mundo donde pocos eran dueño de casi todo. Un mundo donde la mayoría, especialmente los jóvenes, no eran dueños siquiera de su futuro. El capitalismo en su versión siglo XXI nos muestra que las distopías ya no son solo literarias. Frente a este panorama, incierto y desesperanzador, son los jóvenes quienes salen a reclamar su lugar bajo el sol. Lo que está en juego es su futuro. Muchos bajo la bandera de One Piece , otros haciendo suyo el hagan lío del Papa Francisco, pero todos, parafraseando al Manifiesto Comunista, convencidos que no tienen nada que perder. Tienen - si es que lo hay - un mundo nuevo por ganar.
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