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Parana » Radio La Voz
Fecha: 28/03/2026 14:05
La crisis que atraviesa la principal procesadora de pollos del país, Granja Tres Arroyos, profundiza su impacto en la cadena productiva y golpea a productores integrados entrerrianos. La firma pasó de faenar 700.000 pollos diarios a 200.000. La crisis de Granja Tres Arroyos continúa generando consecuencias en toda la cadena avícola, especialmente en la provincia, donde productores integrados ven deteriorarse su actividad. La situación, marcada por atrasos en pagos, menor volumen de faena y falta de definiciones, ya provocó un éxodo significativo de granjas que trabajaban con la firma. Según datos del sector, cerca del 60% de los establecimientos que mantenían vínculo con la empresa dejaron de operar bajo ese esquema. En números concretos, alrededor de 120 productores migraron hacia otros frigoríficos de la región en busca de continuidad productiva. La caída de la actividad es evidente: de los 700.000 pollos diarios que la empresa faenaba, hoy apenas alcanza los 200.000. Desde la compañía, sin embargo, transmiten una mirada distinta sobre el presente. Seguimos avanzando en el ordenamiento de nuestros compromisos con los granjeros, lo cual constituye nuestra principal prioridad. Al mismo tiempo, mantenemos el suministro de pollos a las granjas con normalidad. A su vez, sostenemos un diálogo fluido con todos los actores involucrados y el abastecimiento de alimento se encuentra plenamente normalizado", informaron desde la firma. El trasfondo financiero suma preocupación. Hasta mediados de febrero, la empresa acumulaba 224 cheques rechazados por más de $7000 millones, en un contexto de crecientes tensiones comerciales y atrasos en obligaciones. En el sector advierten que la situación no muestra mejoras. Ricardo Unrein, referente de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos, fue contundente: No ha cambiado nada, siguen en la misma temática. Además, describió dificultades operativas que afectan el desarrollo normal de la actividad. Siguen mandando una tanda de alimentos, se termina ese alimento que le aguantan dos días al pollo y después suelen estar otra vez dos días sin comer, señaló a La Nación. También advirtió sobre la reducción de granjas activas: Le han quedado muy pocas granjas; la gran mayoría son propias. La permanencia de algunos productores responde más a la necesidad que a la confianza en una recuperación. Hay gente que se ha quedado solo porque le están debiendo hasta tres crianzas, entonces se queda con la esperanza de cobrar eso y le sigue criando, explicó Unrein. Sin embargo, otros optaron por abandonar el vínculo: Hay muchos que directamente lo dieron por perdido y se han integrado con otros frigoríficos. El impacto en la estructura productiva es contundente. Granja Tres Arroyos hoy está con un 40% de las granjas integradas que tenía inicialmente. De los 700.000 pollos diarios que faenaba la compañía, hoy apenas alcanza los 200.000, afirmó. También cuestionó la falta de diálogo: Directamente, ya no tienen pollitos para darle, porque todo el pollito con lo que ellos cuentan está ya programado. En este contexto, el futuro genera incertidumbre. Hay un 40% que todavía está aguantando para poder cobrar. Si llega a pasar una situación aun peor, después se le va a complicar integrarse con otros frigoríficos, alertó. La cuestión financiera sigue siendo un punto crítico. Con respecto al tema de los pagos, los cheques que habían rebotado en febrero, dieron nuevos para mayo, y ahora hay que esperar esa fecha para ver qué es lo que sucede, recordó. Mientras tanto, los ingresos resultan insuficientes: Ahora salieron unos pocos pagos, pero muy pocos. Ante este panorama, los productores buscan alternativas para sostenerse. Las granjas están en alguna chacra de 30, 40 hectáreas, y todos tienen algo de ganadería a muy baja escala, un poco de cerdo, y con eso subsisten, detalló, evidenciando la diversificación como estrategia de supervivencia. El impacto trasciende a toda la cadena avícola entrerriana. Todo el sector avícola de Entre Ríos está preocupado por la situación porque no se logra una solución ni un diálogo, sostuvo. La falta de previsibilidad impide proyectar inversiones: Sería bueno tener un horizonte cierto para poder programar alguna pequeña inversión, alguna mejoría, pero no se puede programar nada. Con una actividad en retroceso y sin señales claras de recuperación, el escenario sigue abierto. No hay un norte para guiarse, concluyó Unrein, reflejando la incertidumbre que domina al sector frente a la crisis de Granja Tres Arroyos.
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