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» Clarin
Fecha: 28/03/2026 14:09
La vida de Marta Cohen se parece a un puzzle en el que cada pieza, hasta la peor, termina encajando en un diseño mayor, que tiene sentido. En abril, la patóloga pediátrica argentina que todos conocimos en pandemia por las entrevistas que daba desde el Reino Unido, vuelve al país. Va a presentar su libro, que nada tiene que ver con las más de 200 publicaciones científicas que le hicieron un lugar en la investigación clínica. De la lucha por su hijo Emiliano a ser condecorada en 2022, de manos del Príncipe Carlos, con la Orden que le otorgó la reina Isabel II, en En busca del sol cuenta una historia atravesada por la resiliencia, la migración y la ciencia. La suya. A los 28 años, en una Argentina atravesada por la hiperinflación, Marta tomó la primera decisión que cambiaría su destino: emigrar a Sudáfrica. Nacida en Trenque Lauquen, se fue a vivir a La Plata para estudiar Medicina, y recién recibida, la oportunidad apareció en una cena académica que casi no puede pagar, pero que terminó siendo decisiva para su carrera. "La entrada costaba 10 dólares, un cuarto de mi sueldo. Le conté a mi mamá y ella, una pediatra que entendía que tenía que conocer a la gente indicada, de sorpresa me mandó los 10 dólares en un sobre. Un profesor de Sudáfrica al que me presenté en esa cena me invitó a hacer un fellowship allá. Pasé de cobrar 40 dólares a cobrar 2.000 dólares", dice Cohen a Clarín. Lo económico pasó a ser lo "de menos" en su vida, y ese bienestar financiero, de hecho, fue pasajero. Recién había conocido a su novio (un cantante amateur de Opera), a los pocos meses estaban casados y viviendo en un país marcado por el apartheid. Así nació su primer hijo, Emiliano, con un raro y grave síndrome genético, el de Wolf-Hirschhorn. El bebé llegó a tener hasta 35 convulsiones por día. Cambió toda nuestra vida, resume Cohen. Sin diagnóstico claro, sin red de contención y en un contexto social hostil, la experiencia fue abrumadora y determinante. Tomó otra decisión difícil: volver a la Argentina para entender qué le pasaba a su hijo y rearmar su vida. El aterrizaje en casa no fue el alivio que esperaba. Se encontró con un sistema que la excluía. En las entrevistas, incluso con colegas que la conocían desde antes, le preguntaban: "¿Quién va a cuidar a tu hijo cuando estés haciendo guardia?". Como si su carrera fuera incompatible con la maternidad y, menos, con la discapacidad. Si hubiera sido varón, conseguía trabajo enseguida, insiste. En ese contexto, protagonizó un episodio que hoy forma parte central de su historia. Se presentó en Hora Clave, el programa conducido por Mariano Grondona, como profesional desocupada, por una convocatoria pública en medio de un debate sobre el desempleo en los 90 de Menem. Le costó, dice, por "la vergüenza de exponerse". Pero fue. Contó su formación en la universidad pública y su deseo de "devolverle al país lo que el país invirtió en mí". Esa aparición televisiva derivó en una reunión en el Ministerio de Trabajo y, finalmente, en un cargo en La Plata, donde trabajó durante años sin ser planta permanente. Mientras tanto, la vida cotidiana era la materia más compleja. Emiliano requería el pago de cuidadores permanentes y Cohen tomó otra determinación clave: seguir trabajando en su carrera aunque el costo económico fuera alto. Si trabajaba, iba a ser feliz, dice sobre esa convicción. Con el tiempo, nacieron sus otras dos hijas, Guillermina y Martina, y la familia logró cierta estabilidad. Pero la crisis de 2001 volvió a sacudir todo. Frente al corralito, el panorama era decisivo: O me metía en política o nos íbamos, dice. Eligió emigrar por segunda vez. El destino fue el Reino Unido. Tras enviar un mail, recibió una carta oficial desde el número 10 de Downing Street. Firmada por Tony Blair, "aunque ese era un membrete estándar", la invitaba a integrarse al sistema de salud británico. La llegada al Hospital de Niños de Sheffield, a 250 kilómetros de Londres, tuvo un simbolismo inesperado: la entrevista fue un 2 de abril, "una fecha sensible también para los británicos". Ahí consolidaría su carrera y es donde sigue trabajando hoy. Con el tiempo, no solo terminó siendo la jefa de su ex jefe sudafricano, sino que terminó liderando el servicio. Uno de sus mayores desafíos fue tan científico como judicial. Junto a una colega, cuestionó la teoría del bebé sacudido, al demostrar que ciertas lesiones en lactantes podían explicarse por hipoxia y no necesariamente por maltrato. Esa postura generó fuertes resistencias en los juicios. El conflicto escaló al punto de enfrentar investigaciones impulsadas por Scotland Yard y la fiscalía británica, que intentaron quitarle la licencia. Cohen sostuvo su posición basada en evidencia y sostuvo su carrera. Su marido -que "todavía canta muy bien"- se recibió de arquitecto y construye viviendas que otorga el gobierno. Hoy, con 64 años, no para de investigar (en 2023 publicó su último libro sobre esa hipoxia en bebés) y de entrenar: va al gimnasio cinco veces por semana. Todo lo que me pasó es un orgullo, afirma. Hoy hay residentes del Hospital Italiano que viajan hasta Sheffield para hacer prácticas con ella, y es vicepresidenta del Royal College of Pathologist. Emiliano ya tiene 35 años, sigue siendo el centro de su vida. "Es un bebé grande", dice. Vive con ellos en el Reino Unido, acompañado por un equipo de cinco cuidadores financiados totalmente por el Estado británico. Podría vivir en una residencia, pero elegimos que esté en casa. La red familiar se completa con Teresa, la niñera peruana que los acompaña desde hace más de 25 años, cuando emigró con ellos desde Argentina, y que se convirtió en la abuela de sus hijos. El libro, en ese sentido, funciona como una síntesis: A veces no ves la luz, pero hay que salir a buscarla. El 6 de abril Cohen será distinguida en el Hospital Británico de Buenos Aires, el 7 presentará su libro en la Universidad Nacional de La Plata y el 11 en Trenque Lauquen, desde donde llegaron los 10 dólares que la hicieron tomar la primera gran decisión de su vida. Aunque el sol no siempre estuviera a la vista. AS Newsletter Clarín
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