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» Clarin
Fecha: 25/03/2026 06:43
La madrugada de este lunes dejó una herida profunda en el ciclismo argentino. En la ciudad de Córdoba, un accidente vial terminó con la vida de dos jóvenes promesas: Máximo Cornejo y Rodrigo El Potro Silva, ambos de apenas 22 años. El impacto no sólo sacudió a sus familias y amigos, sino también a toda una comunidad deportiva que veía en ellos un futuro lleno de posibilidades. El accidente ocurrió sobre avenida Armada Argentina, en el sur de la capital cordobesa, cuando el Fiat Siena en el que viajaban perdió el control y se estrelló contra un poste de luz. La violencia del choque fue tal que ambos fallecieron en el acto. Una tercera ocupante, una mujer mayor, fue trasladada con heridas al Hospital de Urgencias. Pero más allá de la crudeza del hecho, lo que conmueve es lo que se pierde: dos historias en construcción, dos caminos que recién comenzaban a desplegarse. Máximo Cornejo, oriundo de Monte Cristo, representaba fielmente al ciclismo del interior. Allí, la bicicleta no es solo un deporte: es identidad, pertenencia, una forma de vida. Desde chico estuvo ligado a ese mundo. A los cinco años, viendo por televisión a Walter Pérez y Juan Curuchet consagrarse campeones olímpicos en Beijing 2008, descubrió su vocación. Ese impulso inicial se transformó con los años en disciplina. Cornejo fue un ciclista activo en ruta entre 2022 y 2025, participante del circuito provincial y nacional, integrando equipos como Municipalidad de Córdoba Venzo y Gomería Tessoro Winner, estructuras clave dentro del competitivo pero aún semiprofesional ciclismo argentino. No era todavía una figura consagrada, pero sí un corredor en plena evolución, parte del sólido semillero cordobés y en preparación activa para nuevos desafíos. La vida de Maxi no se limitaba al deporte. También tenía un rol social marcado: colaboraba en el área de prensa de su localidad, participando en la organización y comunicación de eventos. Esa doble faceta -deportista y miembro activo de su comunidad- explica el profundo impacto que su muerte generó en Monte Cristo. Rodrigo Silva, en tanto, tenía un perfil distinto pero igualmente significativo. Nacido en Catamarca y radicado en San Juan -una de las capitales del ciclismo nacional-, era conocido en el ambiente como El Potro. En el mundo del ciclismo, los apodos no son casuales: surgen del reconocimiento dentro del pelotón, de la identidad construida entre compañeros y rivales. Silva integraba el equipo SEP San Juan, uno de los más importantes del país, y había competido en pruebas de alto nivel como la Vuelta de Mendoza. En 2025 logró un 11° puesto en el Campeonato Argentino de Ruta Sub-23, un resultado que lo posicionaba claramente dentro del nivel competitivo nacional. A diferencia de Cornejo, su carrera ya mostraba signos de consolidación. Sin embargo, también reflejaba una realidad frecuente en el ciclismo argentino: la dificultad de sostener una trayectoria exclusivamente deportiva. De hecho, en estos momentos Silva estaba temporalmente alejado de la competencia por motivos laborales, con la intención de regresar. Esa tensión entre trabajo y deporte es parte estructural del ciclismo local, donde muchos talentos deben alternar entre la vocación y la necesidad económica. La noticia generó conmoción inmediata en el ambiente ciclista. En Monte Cristo, el dolor es íntimo, cercano. En San Juan, golpea a una tradición que siempre proyecta futuro a través de sus corredores. Y en todo el país, deja una sensación amarga: la de dos caminos que prometían, truncados de manera abrupta. AA Sobre la firma Newsletter Clarín
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