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  • Therianismo, una cultura que se cuestiona qué significa ser humano

    » Clarin

    Fecha: 25/03/2026 08:33

    Un bar para Therians aclara que se puede ir con humanos. El término therian proviene del griego therion (bestia) y anthropos (humano). En la actualidad describe a personas que se identifican interiormente de forma psicológica o espiritual con un animal, aunque reconocen que biológicamente son humanas. El fenómeno puede revelar algo más profundo: una cultura que se cuestiona qué significa ser humano. No son delirios zoológicos. Lo que describen es una identidad interior que, según asumen, no es completamente humana. La reacción inmediata suele oscilar entre la burla y la alarma. Antes de despacharlo como una excentricidad conviene hacerse una pregunta más incómoda: ¿qué está diciendo esto sobre nuestra cultura? Durante siglos, las sociedades ofrecieron respuestas a través de la religión, la tradición, la comunidad y la nación proporcionando marcos de sentido compartidos. La identidad no era una construcción individual sino una herencia cultural. Uno nacía dentro de una historia. Ese marco se ha debilitado profundamente. En la modernidad tardía la identidad se convirtió en un proyecto personal. Ya no se recibe: se construye. Cada individuo debe decidir quién es, qué cree y cuál es su lugar en el mundo. Esa libertad también es una carga. Cuando las referencias colectivas se disuelven y las instituciones como los liderazgos resultan cuestionables, el yo queda obligado a inventarse. No se trata simplemente de una afinidad simbólica con el mundo animal algo presente en mitologías y culturas desde tiempos remotos sino de una búsqueda de esencia y sensibilidad en una época que ha vuelto incierto incluso el significado de la condición humana. Nunca hemos tenido tanto conocimiento científico sobre nosotros mismos y, sin embargo, nunca ha sido tan inestable la pregunta por nuestra identidad. Vivimos una época en la que las identidades tradicionales han perdido en gran parte su capacidad de organizar la experiencia humana. La tecnología difumina progresivamente las fronteras entre mente y máquina. La crisis ecológica cuestiona la idea de superioridad humana sobre la naturaleza y la pandemia expuso nuestra fragilidad como especie. Las redes sociales, por su parte, convierten la identidad en una narrativa permanentemente negociada, una identidad fluida. Hay un componente generacional evidente. La juventud siempre fue territorio de exploración simbólica. En otras épocas se expresaba en tribus urbanas, movimientos contraculturales, militancia política o estéticas musicales. Hoy internet permite que esas exploraciones encuentren comunidades globales, lenguajes propios y validación mutua. Reducir el fenómeno únicamente a una moda juvenil sería quedarse en la superficie. Es algo más profundo: una nostalgia difusa de pertenencia. En una civilización que ha separado radicalmente al ser humano de la naturaleza, identificarse con un animal puede funcionar como gesto simbólico de reintegración. No necesariamente como rechazo de la humanidad, sino como crítica implícita a una cultura que ha convertido al individuo en una entidad cada vez más aislada. El therianismo revela fragilidad cultural y búsqueda de sentido. Fragilidad, porque muestra hasta qué punto la identidad humana ha dejado de ser un marco compartido. Búsqueda, porque expresa el deseo profundamente humano de encontrar un lugar en el mundo. Sería esperable que fenómenos similares crezcan vis-a-vis la multiplicación de conflictos bélicos y el comportamiento de los líderes de distinto orden. Tal vez el fenómeno therian no indique que algunos jóvenes quieran dejar de ser humanos. Tal vez lo que revela es algo más inquietante: que nuestra cultura ha comenzado a dudar de lo que significa serlo. Sobre la firma Newsletter Clarín

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