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Parana » NSA
Fecha: 24/03/2026 06:32
Para la renovación de Suite House Cariló, un complejo de 450 m2 ubicado en la localidad balnearia de Cariló, en Buenos Aires, Gabriela Jagodnik decidió alojarse una semana con su familia antes de trazar la primera línea del proyecto encomendado Estudio Montevideo. El diagnóstico fue crudo. «El hotel tenía muchísimo potencial pero era como si hubieran implantado un edificio urbano en el medio del bosque de Cariló. Frío, sin identidad. Recuerdo el color turquesa de las paredes y de los palieres», describe la arquitecta cuyo estudio obtuvo el segundo puesto en el Ranking de Excelencia ARQ 2025. La intervención liderada por Jagodnik, socia del estudio junto a Ramiro Veiga y Marco Ferrari, se propuso desarticular esa rigidez para conectar el edificio con el microclima local. La obra se centró en la planta baja para resolver desafíos funcionales y económicos. El sistema anterior obligaba a llevar el desayuno a cada unidad, lo que generaba desperdicios y altos costos operativos. «Al no tener este espacio, se llevaba el desayuno a cada departamento (un litro de leche, un litro de jugo, cuatro yogures, ocho medialunas) cosa que, viviéndolo ahí, vi que la mayoría se desperdiciaba», recuerda Jagodnik. El mercado como solución Una de las incorporaciones más disruptivas en el lobby fue la creación de un mercado autoservicio. La lectura del equipo (integrado también por el concept leader Simón Fassi Santo y la project leader Pilar Perez) detectó que, al estar los departamentos equipados para cocinar, los huéspedes debían trasladarse hasta el centro para cualquier compra básica. Con la inclusión de heladeras y freezers para productos envasados al vacío, snacks y bebidas, el hotel no solo sumó un servicio crítico, sino que abrió una nueva unidad de negocios. «El diseño de interiores y restyling no solamente ayuda a mejorar los espacios, sino que impacta directamente en la rentabilidad del negocio. El cliente me contó que redujeron muchísimo los costos de los desayunos y que el mercado empezó a vender cada vez más», comenta. Para revertir la frialdad original, se trabajó con una paleta de marrones y verdes, con sectores más lúdicos para enfatizar el gimnasio y el mercado. «Conceptualmente lo que se buscó fue transmitir un poco de toda la magia del microclima que existe en Cariló dentro del hotel. Hicimos un revestimiento simulando arena en las paredes con las marcas de las olas. Elegimos todos materiales cálidos, rústicos pero de diseño para que cada elemento esté conectado con la idea de vacaciones lejos del ruido». Refugio para los días de lluvia El área de la piscina, antes subutilizada (el espacio alrededor no te invitaba a quedarte», señala la autora), fue sectorizada para convivir con una zona de juegos equipada con pool, metegol y ping pong. Esta decisión cambió la dinámica social del complejo en Cariló, según cuenta. «Ya la gente no se iba del hotel. Familias enteras disfrutaban de la pileta y ya no era un problema que lloviera porque había actividades para hacer ahí mismo», explica Jagodnik. La transformación se completó con una sala de masajes, una cocina específica para desayunos y un mobiliario de madera natural que dialoga con el patio. La arquitecta concluye con la evidencia de que el resultado final arrojó un salto de categoría en las plataformas de reserva y una experiencia de usuario donde el diseño funciona como el puente definitivo entre la arquitectura y el bosque.
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