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» TN
Fecha: 22/03/2026 05:32
Fernando Champomier corre triatlones e Ironman en distintos países. Tiene 41 años y convive con esclerosis múltiple, un diagnóstico que recibió a los 19 después de perder la sensibilidad en las piernas en plena competencia. Lejos de dejar el deporte, decidió seguir adelante de la única forma que conoce: en movimiento. Durante una carrera de ciclismo, Champomier iba en primer lugar cuando perdió la sensibilidad en las piernas. Terminó la prueba con dificultad y, al intentar subir al podio, no podía coordinar los pasos. Horas después, el diagnóstico médico cambiaría su perspectiva de vida. Antes de ese momento ya habían aparecido señales. A los 15 años había tenido un episodio de diplopía, un trastorno que provoca visión doble. Nadie supo explicar qué sucedía en ese momento. Con el paso del tiempo los síntomas se repitieron y finalmente los especialistas pudieron ponerle nombre a lo que le pasaba. El diagnóstico abrió una etapa llena de incertidumbre y preguntas. Cuando habló con el médico, Fernando contó a TN que sus tres preocupaciones principales eran si podría ser padre, si perdería el cabello y si seguiría practicando deporte. Hoy tiene un hijo y, con el paso del tiempo, comprobó que podía seguir entrenando, aunque con cuidados y escuchando al cuerpo. Esa posibilidad fue suficiente para tomar una decisión: el deporte no iba a desaparecer de su vida. El deporte como respuesta después del diagnóstico Champomier nació en Tierra del Fuego y desde chico tuvo una relación muy fuerte con el deporte, aunque no se destacaba en los juegos de equipo. Lo suyo estaba en otro tipo de desafíos. Con los años descubrió que tenía una ventaja: podía sostener esfuerzos largos sin cansarse demasiado. Así empezó a acercarse a los deportes de resistencia. Primero probó con el remo y el mountain bike. Después empezó a mirar triatlón por internet, una disciplina que combina natación, ciclismo y running en una misma carrera, y la curiosidad con el tiempo se transformó en objetivo. Lee también: Un hallazgo clave podría mejorar el tratamiento de la esclerosis múltiple Cuando logré ordenar mi vida luego de recibir el diagnóstico, quise saber cuál era la carrera más dura que existía en ese momento. Me dijeron que era el Hombre de Piedra. Y hacia ahí fui. La terminé. Tenía muchísimo por aprender, pero después de esa experiencia empecé con los duatlones y, al poco tiempo, con los triatlones, contó Fernando. Desde entonces el entrenamiento se convirtió en una forma de convivir con la enfermedad. Champomier explica que cada disciplina le provoca sensaciones distintas. Después de correr muchos kilómetros puede sentir los pies muy cansados. Entonces cambia de actividad y se mete al agua a nadar. Así logra equilibrar el esfuerzo. No todas las jornadas son iguales. Hay días buenos y otros más difíciles, reveló el deportista. Cuando el cuerpo no responde como se espera, baja el ritmo. A veces corre más despacio o incluso camina. Pero nunca deja de moverse. Su primer triatlón fue en Mar del Plata y estuvo lejos de ser perfecto. No tenía experiencia en natación y tragó mucha agua durante la prueba. Aun así logró terminarla. Esa experiencia le dejó una enseñanza clara: todavía tenía mucho por aprender, pero ese era el camino. Del primer triatlón al desafío del Ironman Con el tiempo llegaron desafíos mayores. Uno de ellos fue el Ironman, una de las competencias más exigentes del triatlón. Durante años dudó si intentarlo. Finalmente habló con su neurólogo, organizó el viaje y decidió hacerlo. Incluso invitó a su padre para que lo acompañara por si acaso. Ese momento también tuvo un valor familiar. Su papá pudo ver de cerca el esfuerzo que implican esas carreras. Champomier es el mayor de cinco hermanos y muchas veces su familia no había podido acompañarlo en las competencias. Lee también: Impulsan un tratamiento innovador para la esclerosis múltiple Hoy es profesor de Educación Física y también trabaja con chicos con discapacidad. Además utiliza las redes sociales para contar su experiencia, mostrar su historia de superación y ayudar a otras personas que atraviesan situaciones similares. Siempre aclara que no brinda consejos médicos y recomienda consultar con especialistas. El deporte asegura no cambió la enfermedad. Pero sí cambió su forma de enfrentarla. Le dio herramientas para ordenar su vida y aceptar que no todo se puede controlar. También lo ayudó a vivir más en el presente. Cuando cruza la meta después de nadar, pedalear y correr durante horas siente algo difícil de explicar. Por un lado aparece la satisfacción de haber terminado la prueba. Por el otro, surge una pequeña tristeza: el juego se termina. Pero enseguida llega otro pensamiento. Para mí es llegar a un acuerdo con mi cuerpo para que me deje hacer lo que me gusta, resumió Fernando. Su calendario deportivo sigue lleno de objetivos. En los próximos meses planea correr otro Full Ironman en Chile, un Half Ironman en Paraguay y participar de la Copa Argentina de triatlón en Mar del Plata. Nuevos desafíos para alguien que aprendió a convivir con la incertidumbre. Si tuviera que resumir su historia en una frase, Fernando no duda demasiado: Me adapto y sigo. Porque la vida no te espera. *Redacción: Lola Blasco
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