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  • Memoria Frágil: Marta Zamarripa, la poeta que llevaba los versos puestos | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 22/03/2026 00:58

    En el programa Memoria Frágil (Canal 9, Litoral), la figura de Marta Zamarripa emerge como un poema que se rehúsa a cerrarse. El documental que la retrata no se limita a reconstruir una biografía: ensaya, más bien, una lectura coral donde la memoria, como un verso en suspenso, vuelve a pronunciar su nombre en múltiples voces. Desde Gualeguay hasta Paraná -pasando por Concordia-, su vida se despliega como una cartografía íntima en la que la palabra y la enseñanza se entrelazan con una ética inquebrantable. Zamarripa no fue solo una escritora: fue una arquitecta de sensibilidades. En las aulas, donde el lenguaje suele volverse norma, ella lo convirtió en revelación. Enseñar literatura era, en su caso, abrir ventanas hacia lo humano. Su impulso fundacional de la cátedra de Derechos Humanos en Entre Ríos puede leerse como un gesto también trascendental en el sentido más profundo: nombrar lo que duele, lo que falta, lo que debe ser restituido. Allí, la palabra dejó de ser ornamento para transformarse en herramienta de dignidad. Los testimonios que atraviesan Memoria Frágil -de escritores, artistas, docentes- la evocan como una presencia intensa, casi volcánica, capaz de la ternura más honda y de la confrontación más filosa. Como toda gran poeta, habitó la contradicción: supo abrazar la belleza de lo cotidiano mientras denunciaba las heridas de su tiempo. En su voz, los desposeídos no eran cifra sino latidos; en sus clases, la literatura no era pasado sino urgencia. Hay en el relato una persistencia luminosa: la de una mujer que eligió habitar la cultura desde el compromiso. Su obra, muchas veces relegada por los márgenes geográficos y de género, resiste como resisten los versos verdaderos: en la memoria de quienes la leyeron, en la voz de quienes aún la recitan, en la formación de quienes heredaron su mirada. Así, el documental de Memoria Frágil no solo la recuerda: la vuelve presente. Porque hay vidas -como la de Marta Zamarripa- que no se archivan, sino que siguen escribiéndose en quienes aprendieron, alguna vez, que la poesía también puede ser una forma de justicia. Marta Zamarripa, la poeta que llevaba los versos puestos Marta Zamarripa nació en Gualeguay y vivió en casi toda la provincia. Fue docente, rectora, directora editorial, creadora de la primera cátedra de Derechos Humanos de Entre Ríos y, sobre todo, una gran poeta. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer apasionada, militante, generosa y con la poesía viva en ella. Juan Meneguín, escritor Como todo adolescente cuando empecé a escribir necesitaba tener a alguien que me diera un consejo, una indicación o que leyera esos versos primerizos, por cierto, horribles. Pero, esa persona -alguien me dijo- por qué no vas a ver a la profesora Zamarripa, que vive allá, en el barrio Nebel. Y en esos años, 1974-1975, ir a la casa de Marta era hacer toda una travesía, porque vivía muy cerca del río, en una casita modesta que se llamaba ´La Cachuera´. Y, bueno, Marta me fue haciéndome interesar por la poesía latinoamericana y me hizo un acuerdo de escuchar en unos discos muy destruidos y en un tocadiscos Winco, la voz de Pablo Neruda, de Guillén, de Marechal, de Mujica Lainez en fin, en esas tardes de invierno, esas tardecitas de invierno, son recuerdos muy fuertes que tengo. Stella Maris Ponce, poeta y cantante Realmente, no recuerdo cuándo la conocí a Marta Zamarripa. Tengo la impresión de que nos conocimos desde siempre. De hecho, el nombre de Marta siempre sonaba en el ámbito literario de la provincia y de mi ciudad, entre los poetas porque Marta era amiga de los poetas y de los artistas y de la gente dedicada a la cultura. Rubén Clavenzani, actor y director ´Mujer, sé que nos une este silencio, la pureza de caminar desnudos pedregales´. Son dos versos de su vasto poemario. Y a Marta la recuerdo arrogante, con un lenguaje sutil y generoso, elevado, pero podía tener un... un lenguaje soez, picante. Y usar, en determinados lugares, que ante determinadas personas, que no le caía demasiado bien, con quienes pudo haber confrontado o confrontaba, esa áspera ironía. Porque tenía un lenguaje que manejaba miles de palabras. Entonces eso le daba esa facultad, ¿no? Era la mujer que entraba a los despachos. Recuerdo que compartimos gestión acá por los ´90, ella era directora de Enseñanza Superior, fue ahí donde creó la cátedra de Derechos Humanos, en los institutos de Profesorado por entonces, ¿no? Mucho antes de depender de la UADER (Universidad Autónoma de Entre Ríos), como ahora. Fue muy preocupada preocupada y ocupada en ese tema. Siempre recordó, a través de una exquisita poesía exquisita y olorosa poesía, sus diez alumnos y alumnas desaparecidas. Si mal no recuerdo, en el Colegio Nacional ´Enrique Carbó´ en Concordia. Y tenía después... coincidimos también en gestión allá por el ´94-´95, con ´ ´Carlitos´ Asiaín y Miguel Codaglio, que era directora de la Editorial, que tenía un vínculo muy fuerte con Jorge Busti. Y ella entraba, entraba a los despachos ¿no? Estamos hablando de hace cuarenta y pico de años. Y... bueno, una vez que entraba, entraba. Y caída, ¿no? Y siempre tenía palabras para todo. Tenía esa arrogancia, ¿no? Como diciendo, acá camino yo. Pero, bueno, portaba y emanaba. Una especie de halo literario, de halo vuelo. Y eso le daba un sustento, ¿no? Muy fuerte. Marta Dora Zamarripa nació el 5 de agosto de 1932 en el Sexto Distrito del departamento Gualeguay, hija de Juan Zamarripa de origen uruguayo, que solía recitarle de niña los versos del payador Gabino Ezeiza y de Olivia Barozzi, también maestra. Esa doble herencia, la del verso y la del magisterio, marcaría toda su existencia. Desde pequeña se trasladó a Victoria, donde recibió su educación básica y secundaria, antes de llegar a Paraná para estudiar en el profesorado de Castellano, Literatura y Latín. Como profesora graduada se desempeñó en Entre Ríos, Santa Fe, Misiones y Mendoza. Roberto Romani, escritor Marta Dora Zamarripa. Siempre hablábamos con ella y yo decía, bueno, ¡sos de Gualeguay! Nadie dice que sos de Gualeguay, pero bueno, vos naciste en el Sexto Distrito. Bueno, ella dibujaba una sonrisa y me decía bueno, yo he sido en cada uno de los lugares donde viví, donde trabajé, donde sufrí, donde gocé, donde en definitiva elegí algunos ´retacitos´ de mi vida. Pero en realidad era así, su papá Juan trabajaba en el campo, en el Sexto Distrito del Departamento Gualeguay, así que allí nació el 5 de agosto de 1932. Y después tempranamente ya con su familia se dirigió a Victoria. Allí hizo Marta la escuela primaria y la secundaria también en la ciudad de ´Las Siete Colinas´. Siempre me invitaba a recitar aquello de Gaspar Benavente y me decía, vamos a recitar juntos: ´Qué lindo es volver al pago, por más que se haya sufrido y ver que están como entonces, la casa, la calle, el río´. Y se emocionaba siempre recordando su pago de Victoria y aquel poeta enorme que fue Gaspar Lucilo Benavente. Alejandro Bekes, poeta y traductor En 1980 yo creo que fue la primera vez que traté con Marta Zamarripa. La historia vino por varios lados. Ella era muy amiga de una gran persona que tuvimos acá en la ciudad, profesora de música y gran -¿cómo diríamos ahora?- promotora de actividades artísticas en la ciudad, Elvira Guidobono. Eran muy amigas las dos, a pesar de sus diferencias políticas. Y Elvira Guidobono era amiga de mi abuela Yolanda y a través de esa relación de mi abuela yo trabé el primer contacto con Marta Zamarripa. Así que la conocí en la casa de Elvira, ya les digo, por esas épocas. Seguramente, muchos de ustedes no habían nacido. Y, bueno, ella fue muy amable y se enteró yo le dije que escribía y ella inmediatamente me citó en la Biblioteca del Colegio Nacional. Y tengo esa idea, por lo menos, que no tomen literalmente todo lo que digo porque esto pasó hace muchísimos años. Yo creo que en ese encuentro estaba, fue la primera vez también que lo vi a Mario Meichtry, que después sería un gran amigo mío, un año mayor que yo, Mario. Falleció en 2021. Y, bueno, así que fue un gran encuentro ese, ¿no? Con Marta y con Mario juntos. Ellos ya se conocían de antes. Y, bueno, a partir de ahí empezó un intercambio, ¿no? Muy rico. Poco a poco nos fuimos integrando a un pequeño grupo de contertulios, así que estaba formado por Marta, que era la maestra ahí; Mario; el que les habla, y Juan Meneguín, que poco después se incorporó también. Así que nos juntábamos con Marta, que desde entonces vivía con Rafael Torres, su compañero, un periodista de aquí, que, bueno, murió poco después, en el año ´85. Mario Daniel Villagra, autor y realizador Yo conocí a Marta Zamarripa por los años 2009, como dice en la dedicatoria del libro ´Azul de frío´, a su presencia, a su juventud y a su futuro. Entonces, la imagen que tengo de Marta son la imagen de los últimos 10-11 años de vida de Marta. Cuando yo la conocí, ya tenía 76 años. Vivía en Paraná y también conocí a su marido, a (Tomás Vladimir) Santich, y compartimos en su departamento alguna partida de ajedrez, alguna charla. Ella llegó a leer los primeros manuscritos de ´Los mandatos de Camilo Fink´ y después, con el tiempo, la invité a un programa de radio que teníamos en aquel momento, y ahí hizo las primeras lecturas de sus poemas, Cosa que nos sirvió el audio original de esa entrevista para comenzar el proyecto de cine, que vino más en los años 2013 2015 fue el estreno de la película en la Biblioteca Provincial. Marta estaba presente. Estuvo muy contenta, muy emocionada de poder reencontrarse con personas queridas y recibir el homenaje en vida que significó este trabajo. En Concordia, donde vivió durante las décadas del '60-'70 y parte de los '80, Marta Zamarripa fue rectora del Colegio Nacional Alejandro Carbó y dejó una huella indeleble en varias generaciones. Alejandro Bekes, escritor y amigo de cuatro décadas, recuerda sus primeros encuentros en la Biblioteca del Colegio Nacional, a comienzos de los años '80. Alejandro Bekes Me acuerdo que cuando se había empezado a poner de moda la idea de que el docente no tenía que hablar, que había que dejar que los alumnos se expresen. La idea que está bien, pero se nos va la mano, como en todo, ¿no? Acá en Argentina, el justo medio brilla por su ausencia y siempre estamos en los extremos. O el alumno no se lo deja hablar, o es el único que habla. Bueno, y Marta me decía, en esos tiempos: no -me decía-, yo expongo, yo le expongo a la clase, doy la clase, enseño. Y era una gran profesora, adorada por sus alumnos, por todos los que la conocían. Yo no tuve la suerte de ser alumno de ella en el Colegio Nacional, porque iba a otra escuela, pero bueno, toda la gente que he conocido que fueron sus alumnos, la admiraban, la querían, recordaban sus clases maravillosas sobre literatura española, sobre poesía española, sobre Quijote, sus grandes amores, ¿no? La literatura del Siglo de Oro Español. Rubén Clavenzani Tenía una... una literatura propia de la persona nacida en Entre Ríos hace varias décadas. Creo que ella era del año ´36 por ahí. ¿Por qué digo esto? Porque vivió en Concordia. Concordia es la segunda ciudad de la provincia. Pero, por entonces, tenía pocos habitantes en relación a otras grandes ciudades. Y ella escribe en su literatura lo urbano que queda ligado con diez pasos y se encuentra con la ruralidad. Por eso vincula la luna, la flora, la fauna, los animales. Esas imágenes poéticas tan fuertes de lo urbano inmediatamente respiran lo rural, que está a la vuelta de la esquina. Que aún hoy, en la mayoría de las ciudades de Entre Ríos, tenemos ese privilegio que uno está en pleno centro de una ciudad urbanizada, llena de vehículos, con gente pasando, que quizás, en poquitos minutos, caminando, se puede encontrar con el río. Se puede encontrar con una isla en frente, a poquitos metros, con pájaros de diversas especies, con una flora riquísima. Esa propiedad la tienen estas ciudades de Entre Ríos y ella la refleja, ¿no? Ella se autocalificaba, y bueno, también se conocían. Dice: ´yo soy peronista. Pero me hice más peronista después del bombardeo del 16 de junio del ´55. Ahí me puse firme´. Y después del golpe, ni hablar. Peronista y feminista. Después del ´5, más que abrirse, se cerraban todas las puertas, ¿no? Esa era la mujer del esternón que abría hacia adelante y le daba. Realmente, ese ímpetu no lo abandonó nunca, incluso cuando, en el último tiempo, ella fue también directora del Museo Histórico, no estaba transitando un buen momento. Creo que fueron los últimos años de su vida. No obstante, no perdía la lucidez del habla, de esa palabra llena de poesía y llena de riqueza literaria. Eso no lo perdió nunca. Y bueno, Marta era esa síntesis. Una militante en tiempos difíciles. Feminista cuando no era nada fácil, como lo describen esos dos versos que dije al inicio. Roberto Romani Uno de los cargos más importantes, más significativos que llevó adelante, que pudo cumplir acabadamente, querida la querida Marta, fue como directora de la Editorial de Entre Ríos. Fue una época luminosa para las letras entrerrianas cuando ella ocupó ese cargo. No solamente por lo que sabía, sino por esa capacidad de seleccionar autores entrerrianos absolutamente trascendentes, algunos conocidos, otros no tan conocidos, pero sí merecedores de esa colección ´Homenajes´ Recuerdo cuando hizo ese gran esfuerzo para reeditar el itinerario del payador de Marcelino Román, una obra inhallable. Siempre había gente que consultaba desde el mundo, fundamentalmente del continente americano por esa obra, esa gran obra de Marcelino Román. Pues bien, Marta consiguió los originales de ese libro, trabajó intensamente y me acuerdo su felicidad la noche que lo presentamos en el salón San Martín del Consejo General de Educación. Yo tuve la suerte de presentar ese acto donde estaban Marta Zamarripa junto a José Curbelo, el gran payador oriental, y Adolfo Cosso, el payador entrerriano. Una noche realmente memorable, como fueron todas las presentaciones de los libros de la editorial. Después Marta asumió la responsabilidad en el Museo Histórico Martiniano Leguizamón, y durante mucho tiempo, cantidad de actividades se desarrollaron en esa casa en un lugar que ella amaba entrañablemente desde la figura de Martiniano Leguizamón a toda la riqueza que guardan las paredes de ese museo. Y allí la escuché recordar a su abuela Antonia. ´De ella lo sabían todos, los jazmines del patio, el jardín, el molino, el sillón y el canto del canario. Bajo la galería, la hacía niña su trenza, su rostro de dulzura, su asombro alucinado y el ángel protector que a veces se le iba desde el campo de rosas hacia la novena rosa. Aún sin ojos para ver las cosas pobres y simples de las cosas que la acompañaron, se daba el gusto de querer la vida, de quererla no más porque le daba las mañanas el canto de los pájaros, la manzana escondida detrás de alguna puerta, el cajón de la cómoda y el cofre de los santos. Yo me acuerdo de un tiempo con flores en los tilos. Yo no sabía que había vivido tanto, ahora no me ve y es una suerte creerá que seré aquella descalza en el mosaico. Es mejor que no sepa que esta voz es la mía. Solita. En el destierro. Sin higueras y sin patios´. Meneguín también recuerda aquellas tardes de invierno en la casita modesta de Marta, llamada La Cachuera, cerca del río, donde ella hacía escuchar en un tocadiscos Winco las voces de Pablo Neruda, Guillén y Marechal. Fue quizás una de las personas más generosas que he conocido desde el punto de vista de la poesía, dice. Acercándose muchísimo a la juventud, buscando el talento entre los gurises. Ese talento descubierto en los jóvenes se convirtió luego en páginas impresas: dirigió el suplemento literario del Diario Concordia, un espacio que fue abriendo uno a uno a los jóvenes poetas de la ciudad. Juan Meneguín Fue quizás una de las personas más generosas que he conocido desde el punto de vista de la poesía, acercándose muchísimo a la juventud, buscando el talento entre los gurises. Yo no soy de los primeros. Antes que nosotros, hubo otras generaciones que también fueron alumnos de Marta. No fui alumno de Marta en la escuela, fui -digamos- un compañero de camino respecto con Marta, no fui alumno de ella en la literatura tampoco. Pero, fui compañero muy unidos de la poesía y ella fue la que nos publicó a todos nosotros, porque ella dirigía un suplemento cultural en el Diario de Concordia, cuando los Etchevehere pusieron ese diario y estaba dirigido por Mario Alarcón Muñiz, y nosotros, todos los meses íbamos al diario como peregrinación a buscar el suplemento cultural, suplemento literario que publicaba Marta y que salió un domingo, el primer domingo cada mes creo. Y ahí fuimos apareciendo uno a uno los jóvenes poetas de Concordia, y después íbamos a comer un asado en la casa de Marta y a celebrar el suplemento cultural y era todo muy bohemia, una bohemia muy fuerte, porque además coincidía con los últimos años del proceso y el comienzo de la democracia. Rosario Badano, docente Marta Zamarripa es una persona fundamental en el tema de Derechos Humanos, en la enseñanza de los Derechos Humanos, en los Institutos de Formación Docente. Y a mí me parece que el tema más interesante es cómo alguien ve una perspectiva de abrir un camino hacia la enseñanza de la dignidad humana en quien va a ser un transmisor, ¿no?, como es un maestro, un profesor, etcétera, etcétera. Entonces, yo estuve buscando, y acá traje el que me regalaron a mí, el decano de Ciencia y Tecnología, Juan Pablo Filippuzzi, con motivo de un reconocimiento mío, el tema de que en el año ´89, cuando (Jorge Pedro) Busti firma el tema de que se instale en la provincia la enseñanza de los Derechos Humanos. Y se toman experiencias de Europa, de otros lados, como para certificar esa validez, ¿no? Si nosotros pensamos en el año ´89, no era un tema que corrían los Derechos Humanos para ser enseñados, y menos que gozaran de buena salud, sino que estábamos en una etapa bastante negacionista en el país, ¿no? Entonces, Marta juntó a un grupo de profesores, que eran Lambruschini y Miguel Pita, no sé quiénes más en ese momento, porque yo no estaba en Paraná, y juntos pergeñaron este tema, ¿no? Entonces, trabajan acá, tenían un cuadernillo que se llama ´Derechos Humanos, una educación para la libertad´, e imponerlo dentro de los institutos, en un principio tuvo una fase más legal, te diría yo, ligada a los derechos internacionales, al derecho más abstracto que concreto. Con el tiempo de caminar, esto se fue realizando y reinstalando, viendo cómo, porque descubrirse portadora del derecho a una maestra rural, a un técnico electricista, a un profesor de Geografía, hubo que andar un camino, ¿no?. Alejandro Bekes Me quedo por decir algo sobre cómo eran esos encuentros en la casa de Marta Zamarripa, allá por los principios de los años ´80, todavía bajo la dictadura, todavía no había llegado la democracia. Y fueron esos 2-3 años, entre los ´80 y ´83, tremendos años, con la historia de Malvinas en el medio. Y yo, sobre todo, recuerdo las primeras hermosas tardes o nochecitas en la casa de Marta, donde leíamos esas cosas, pero también se leía y se recitaba lo que viniera, y escuchábamos música, y era un clima realmente maravilloso, ¿no? Ella lograba generar, tenía ese tremendo amor por la literatura que era muy contagioso, y nos presentaba autores que a lo mejor conocíamos de nombre, y que tal vez eran como viejos amigos, y estaba Rafael también, y estaba, si no recuerdo mal, estaba su perra Andina, aunque no me acuerdo ahora si Andina ya estaba en esa época o vino después, pero ella le dedicó un poema, uno de sus mejores poemas, a esa perra Andina, uno de los poemas más conmovedores que yo reconozco. Mario Daniel Villagra Recuerdo también cuando fuimos caminando, a grabar ese poema que se llama ´Pozo de toma´, que, según lo que yo pude ver, fue uno de los poemas que más trabajó durante esos últimos años en sus cuadernos. Y esos días verla allí motivada nuevamente en su tarea de poeta. Que, por cierto, revisando trabajos que hablan sobre ella en la Enciclopedia de Entre Ríos, por ejemplo, se cita a Marta dice: ´Para mí, la poesía es un destino. Algo felizmente fatal, inevitable. Siento y vivo la poesía como mi más honda comunicación con las esencias del mundo, con las aventuras y desventuras de este siglo, mi tiempo, nuestro tiempo al que amo apasionadamente, porque el hombre es su poderoso protagonista´. Y así se la recuerda a Marta... Apasionada. Marta Zamarripa vivió una particular época de esplendor cuando fue directora de la Editorial de Entre Ríos. Dirigió una de las mejores colecciones de la institución: Homenajes. Desde ese espacio publicó a figuras como Juan L. Ortiz, Alfonso Solá González, Gaspar Benavento, Ana Teresa Fabani y Alfredo Veiravé, entre otros, consolidando una verdadera plataforma para las voces entrerrianas. Juan Meneguín Su compromiso social era tan fuerte, tan, tan fuerte, que yo conozco, yo he sido testigo de ella cobrar el sueldo y salir a comprar medicamentos para otro poeta que teníamos en Concordia y que ya estaba muy enfermo porque no podía comprarse el medicamento. Al mismo tiempo, ese espíritu no era un espíritu de una persona apacible, Marta era turbulenta, era una mar de pasiones. Marta te odiaba o te amaba. Si te odiaba, no te daba ni la hora, ¿no? A menos que en algún momento le cayera la ficha y porque era buena persona en el fondo y te ayudaba, aunque no te hubiera querido. Y si te amaba este, hay veces que solía perder la objetividad, para ser realista, pero siempre ella supo diferenciar. Era muy sagaz en la lectura que hacía de los poetas y de la poesía que conocía, y sabía quién era poeta y quién no era poeta. Esa fue una cosa que aprendimos de Marta: a saber leer la poesía, en ese sentido. Stella Maris Ponce Siempre tuve una admiración secreta hacia Marta y hacia su obra entrañable. En parte porque empecé a leerla. Tempranamente me acerqué a su obra y quedé admirada por la profundidad de su poesía. Una poesía cotidiana, de las cosas de todos los días y que ahondaba en la existencia humana y sigue haciéndolo. De hecho, creo que su poesía va a pervivir dentro de las grandes voces de la poesía argentina, aunque en su momento no haya sido lo suficientemente reconocida. Creo que la voz de Marta dentro de nuestra provincia ha sido una referencia obligada. De hecho, para mí lo ha sido, la considero también una ´madrina literaria´ porque me acompañó en mi escritura. Y esa poesía centrada en las cosas pequeñas, que son las grandes cosas de la existencia: el amor, la soledad, la ternura, un sentimiento tal vez poco reconocido o valorado dentro de la poesía. Marta lo trabajó afanosamente y es un sesgo dentro de su poesía: la ternura, la nostalgia, los recuerdos ha sido una gran maestra para muchos y una referencia dentro de nuestra poesía. Rubén Clavenzani Y estuvo siempre presente en la Editorial. Hizo una gran gestión, creo que reeditó los textos de José María Díaz, la obra de Juan L. Ortiz. Creo que fue un convenio con la UNL, pero trabajó fuertemente para revalorizar al poeta, al escritor en realidad. Ella tenía muy claro quiénes eran sus horizontes. Admiraba de manera contradictoria a (Jorge Luis) Borges por sus posiciones políticas, pero -obviamente- indiscutible ella misma, como lo decía con mucha autoridad, a María Elena Walsh. Cantaba, se meneaba con canciones a veces les ponía textos a melodías de María Elena, para decirte algo no tan fuerte. Le ponía danza a la palabra, al texto. Y elegía a María Elena. (Julio) Cortázar, por supuesto. Tenía esos horizontes Juan L. Y es lo que puedo decir. Tuvimos por ahí un vínculo cercano cuando estaba en la Dirección del Teatro, cuando ella estaba en la Editorial. Asistía a conciertos, a lugares. Bueno, siempre tenía un texto poético para cada cosa que observaba. Hasta para una mancha de humedad en el techo. Esa era Marta. Mujer presente, militante, a veces tajante en sus expresiones. Y bueno, cuando no quería a alguien lo expresaba. Ya te digo, con el lenguaje soez y picante o bien con una fina ironía. Pero, tiraba dardo a donde tenía que tirarlo. Ella era así. Mujer de rica literatura que merece ser reeditada. Roberto Romani La poesía de Marta Zamarripa trascendió los límites de la provincia y el país. ¿No? Figuras consagradas de las letras argentinas, la ubicaron en el primer lugar de las letras. Entre ellos el entrerriano Isidoro Blaistein, que dice que no podrá -refiriéndose a ´Ayer y todavía´, abrir este libro impunemente, una mujer estaqueada en el rayo ha escrito estos poemas. Y después Jorge Rivera dice que Marta Zamarripa demostró que la poesía es capaz de explorar con riesgo y ternura la estiba gris de los días. Fíjense qué hermosa definición. Marta, que publicó obras tan bellísimas como ´Tapial con Luna´, en el año ´76 También de esa época es la obra ´Cosas de los días´, ´Ayer y todavía´ que se publicó en 1982, ´Solo de mates para días, de poca yerba´, ´Solo de garzas y otras levitaciones´ o ´Azul de frío´, entre algunos libros que tuve la suerte de poder acompañarla cuando los presentaba ella se preparaba intensamente para esas ocasiones, ¿no? Con tantos amigos que la acompañaban siempre. Y al final recitaba sus poemas. ´Te dejo esta señal, un semáforo en verde en una calle que te abrí hacia adentro. Esta luz amarilla de pulóver como un enorme girasol girando entre toda la niebla del invierno. Te dejo esta señal, la de mi paso. La apretada ternura de mi pecho. Mi costado de angustia. Mis orillas con verdes y silencios. Y estas ganas de amarte aunque haga frío. Aunque el invierno jure que es invierno. Aunque se queme el polvo de los días y caiga su ceniza en este beso´. Pero acaso el capítulo más singular de su trayectoria fue su rol como directora de Enseñanza Superior del Consejo General de Educación. En esa función incorporó la cátedra de Derechos Humanos como asignatura de los Institutos de Enseñanza Superior de la provincia y la Cátedra Abierta de Derechos Humanos, considerada única en Latinoamérica. La académica Rosario Badano, que trabaja con ese legado desde la universidad, subraya el contexto: Si pensamos en el año '89, no era un tema que corrían los Derechos Humanos para ser enseñados. Estábamos en una etapa bastante negacionista en el país. Desde su labor como funcionaria Zamarripa se cruzó con muchos autores que habían padecido el exilio, la cárcel y la tortura, y tal vez fue eso lo que la llevó a crear aquellas cátedras. Rosario Badano Fue una visionaria en la instalación. Y después, el tema es una producción cotidiana. Ella también hizo una cosa muy interesante en la educación, que fue concursar las cátedras de nivel superior. Eso no sucedía en la Provincia. Entonces, ella instala el sistema de concurso, como el de las universidades, y promueve al interior de los institutos cátedras y modos otros de vivir. Ya no un sistema tan secundarizado, ligado a la escuela secundaria, a la cual estaban todos los terciarios, sino manera en la cual ideas circulan, podría existir el debate. Todo esto no es del día a la noche, pero cuando alguien promueve que en vez de estar alguien solo en una cátedra, vayan dos, y fue una ruptura. A veces me acuerdo cuando una compañera me decía, vos vas a escuchar lo que yo voy a decir, como si fueran, claro que voy a escuchar yo, y vamos a preparar las juntas, ¿no? Esa idea de transformar lo pequeño en algo mucho más luminoso, en ese sentido, chapó a Marta () Yo creo que diría cosas irreproducibles para un programa de televisión, ¿no? O sea, yo creo que se enardecería mucho y estaría, digamos, con un estado de ofuscación. Es lo que se me ocurre. También era muy venal. Muy apasionada con sus ideas. Y también muy respetada, por más que era criticada por otros sectores. Porque el ámbito de la literatura es otro, el ámbito de la enseñanza es otro. Yo voy por una cornisa en el cual tomo un legado. Y a ese legado lo transformamos y lo seguimos llevando adelante. Pero, en ese momento me parece que trasladándola a hoy, me parece que estaría muy, muy enojada, sobre todo. Stella Maris Ponce Dentro de las preocupaciones que Marta tenía, indudablemente el compromiso social era una de las más importantes. Y ese compromiso social estaba tanto en su obra como en su hacer, y de hecho aparece en su poesía siempre centrada en los que menos tienen, en los marginados, en la soledad, en la marginación en todo sentido, ¿no? Económica, social, política. Los desheredados, los que no tienen posibilidades de acceder a mejoras en su vida ella también pone esas cuestiones en su poesía, de manera que sus preocupaciones existenciales, sus preocupaciones diarias de pensar en esa gente, supo llevarlas a la palabra poética para dejar un registro de que eso estaba aconteciendo y de que estaba dentro de su corazón como una prioridad. Rubén Clavenzani Quienes hemos transitado de un lado y del otro, es decir, de un lado y del otro me refiero a áreas estratégicas dentro de la cultura, dentro de las unidades, digamos así, que trabajan con el arte. Eso aparecerá. Yo creo que, leyéndola, estando sus textos en las escuelas, estando sus textos en nuestras facultades, el homenaje se le hace permanentemente. Siempre es escaso es muy difícil, porque hay gente que te lo piden en vida al homenaje, ¿no? Te piden nombres de calle, nombres de monumentos, pinturas. Bueno, eso creo que está. Ella está presente en, por lo menos, en las personas que las estudiantes, los estudiantes que transitan la carrera de Literatura está. Ahora, siempre es escaso el homenaje. ¿Cómo homenajear una persona que ya no está entre nosotros? Creo que el mejor homenaje es leyéndola, difundiéndola, hacer este tipo de documentales que quedan, que perduran. Después, bueno, siempre es escaso pero, aparecerá un momento. Creo que ella tiene muchos admiradores, admiradoras que no dejan de leerla, de releerla, que han sido su guía, que vos ves, a veces, jóvenes, chicas jóvenes, chicos jóvenes que escriben, que vos decís, qué impronta, ¿no? Y aparece ella de alguna manera, como todos tenemos una guía alguien que hemos admirado y no nos damos cuenta, y no es una copia, no es un plagio, es simplemente esa semilla que empieza a germinar en cada uno de nosotros y fue producto de haber absorbido, admirado a una artista, y creo que es la mejor forma de homenajearla. Roberto Romani Hay una anécdota muy linda, casi risueña, cuando yo estaba en la Secretaría de Cultura. Primero, asumimos juntos con Marta. Yo asumí la Dirección del Editorial de Entre Ríos y ella asumió la Dirección del Museo Histórico. Posteriormente, yo asumo la Subsecretaría de Cultura y bueno, ella estaba un poco cansada, era para ella tremenda toda la cuestión administrativa. Ella estaba más cerca del arte, de la emoción que de los papeles. Pero, bueno, entonces yo dije a lo mejor podemos lograr ubicar en otro lugar, imagínense lo que significaba, yo que tanto la quería y la admiraba, tener que decirle a Jorge Busti. Me acuerdo cuando fui a verlo, me dice ´El Gordo´ Puchulo, que era un colaborador estrecho del gobernador, me dice, tené cuidado, mirá que Jorge la quiere entrañablemente, vos vas a pedir la cabeza no, le voy a pedir la cabeza sino a tratar de buscar otro lugar dentro de la administración pública. Y bueno, nos recibe a los dos el gobernador y cuando le dije, se empieza a reír: oh, dice Marta, yo la quiero tanto -dice- pensar que cuando yo estaba preso, ella me iba a visitar y fue una de las que hizo lo posible para que me sacaran de la cárcel. Dice, amiga de toda la vida. En todos mis gobiernos la he convocado porque es tan capaz y la quiero tanto. Entonces yo dije, ¿cómo termina la historia? Y al final me dice: Poeta -él me decía poeta-, quédate tranquilo, te puedo buscar otra persona de tu confianza. Pero, eso sí -dice- le buscan un lugar para Marta en la administración pública. Y bueno, nos reunimos con Puchulo, con el querido y recordado Céspedes, para buscar una forma, no había lugares en Cultura, ¿no? Y por ahí se le ocurre que podría ser asesora de Cultura. Y así fue, rápidamente buscamos la forma de que Marta pudiera entrar en ese cargo. Y ella se sintió muy bien de ser la primera asesora cultural del gobierno de Entre Ríos. Bueno, quedó todo bien. Se aceptó esta propuesta del gobernador, fue nombrada Marta. Cuando termina toda esa reunión, me dice Puchulo: bueno, estamos tranquilos, le dimos una mano al gobernador, ya está todo en orden. Yo le digo: ´Gordo´, yo pienso con el tiempo cuánta gente acomodada e incapaz y de ocupar ese cargo, ¿no? Pasaron dos años y quien habla ocupó ese cargo. Pero, bueno, nos reímos mucho con él y con Marta también la última vez que la invitamos a la Biblioteca provincial. Ya no podía escuchar muy bien, sus ojos estaban lejos, en lo alto, Pero, sintió el calor y el cariño de todos. Y ahí recordamos a su padre, Juan, con el cariño que ella le tributó a aquel con ojos de glicinas. ´En glicinas, linares, vuelves padre sin olvido y pasas por mis ojos como un río. El fulgor de tu mano tiembla en el aire. Yo leo que es dichosa la luz. Mi sombra y mi silencio se acompañan acurrucados como un perro solo. Hoy hace tanto ya. Y llueve para colmo´. Marta Zamarripa falleció el 23 de diciembre de 2020 en Victoria, adonde había vuelto a vivir sus últimos años. Tenía 88 años. Dejó un legado enorme, lleno de compromiso, poesía y de amor por la libertad y los derechos humanos. Y por eso se la recuerda todo el tiempo. Stella Maris Ponce Creo que la obra de Marta es una de las grandes obras que tiene la poesía entrerriana. Es una voz original, intensa, que supo abrirse camino y que dio para todos nosotros una obra para siempre. Que no tuvo el reconocimiento que hubiese tenido que tener y que quizá en algún momento eso pueda revertirse para las nuevas generaciones y para que todo el país pueda disfrutar de una de las grandes voces. Su obra reunida, ´Azul de frío´, es una gran muestra de su legado. Y creo que eso sucedió en primer lugar por haber tenido su accionar en el interior. Marta donde vivió siempre dejó huellas, siempre fue querida por la gente, por todo lo que hizo, tanto en Concordia, como en Paraná, como en Victoria. Y esa forma de ser de ella, de estar siempre entre la gente, de estar preocupada por los problemas de la gente, es una manera de haber estado con el pueblo y desde el pueblo transmitiendo lo que ella pensaba de ese momento. Claro que no trascendió, diría yo, prácticamente las fronteras de la provincia y no llegó a ser una voz reconocida a nivel nacional como hubiese merecido. Por ser del interior y también por ser mujer, creo que ha habido discriminación de muchas voces valiosas, no solo de nuestra provincia, sino que ha sucedido también en otras provincias del interior de nuestro país y lamentablemente hay grandes poetas mujeres que no han tenido aún el reconocimiento que merecen. Mario Daniel Villagra Yo creo que la obra de Marta Zamarripa tiene mucha vigencia, porque como dice Juan L. Ortiz sobre otros poetas en general dice, es necesario tener ese criterio de que en vida no hay una realización absoluta completa y que existen otros períodos donde vendrán otras sensibilidades a rescatar y a tener una visión sobre Zamarripa. Como yo decía, conocí a la última Zamarripa en los últimos diez años de su vida. Pero, hay otros que la vieron en Concordia, en su, sobre todo, en Concordia, ¿no? Que todavía siguen estando allí poetas como Meneguín, al cual le dedicó un poema Villaguay, (Miguel Ángel) Federik Concepción del Uruguay, (Luis) Salvarezza, Carlomagno en Paraná. Todos tendrán una visión diferente. María Elena Barbieri, que está en Córdoba, que a propósito de eso, en 2024 estaba en una lectura de poesía acá en París, y cuando estaba por leer ese poema que acabo de compartir, nombro a Marta Zamarripa y una escritora mexicana que se llama Leticia Luna, dice: ah, Marta Zamarripa, yo la conocí en México. Y, efectivamente, Marta viajó a México porque fue invitada por María Elena Barbieri y también anduvo en París. Y acá es interesante porque acá en París, aparentemente, según un libro que se llama ´Solo de garzas y otras limitaciones´, que está ilustrado por Carlos Asiaín muy lindo libro. Tiene un poema que se llama, ´Bufanda para travesías´, que está dedicado a Emma de Cartosio, que Emma de Cartosio vivió aquí en Francia, en París, y escribió también en francés. Entonces, la de estar aquí en París, en una lectura y que una persona de México la conozca, a Marta, fue relevante. El destello. Y también otra cosa que me parece interesante es que, en estos últimos años, el video de Marta Zamarripa, la película de Marta Zamarripa, se encuentra alojada en el sitio, en el canal de la Casa América de Madrid. En una sección que se llama ´No por corto menos cine´ y que fue seleccionado para integrar ese canal. Y otra de las cosas es que tuvo un premio. También en ´Mirada´ en Entre Ríos en los años 2000, en los años de realización entre el 2013 y 2015. Alejandro Bekes A fines del año 2020, del terrible año 2020, nos enteramos de que Marta había fallecido en Victoria. Yo hacía mucho tiempo que no la leía. Y Mario, que había puesto música a tres de los poemas de Marta, que son ´Tapiar con Luna´, ´Ser olvidándose´ y ´Tenerte y no tenerte´. Mario estaba muy enfermo y yo, una mañana de marzo del año 2021, volví a casa y me descubrí a mí mismo, cantándome la canción que Mario había hecho sobre ´Ser olvidándose´, de Marta Zamarripa. Y vieron que a veces uno no es consciente de lo que está circulando por su mente, sobre todo, si es una canción que uno tiene incorporada desde toda la vida. Uno se la canta a sí mismo sin darse cuenta. No sé cómo funcionaría eso. El hecho es que tomé consciencia de este recuerdo y me la empecé a... Dije a ver, ¿será que me la sé entera? ¡Y sí! Descubrí que me la sabía entera a la canción. Y yo sabía que Mario hacía muchos años que no la cantaba y además creía que había perdido los registros de esto y hasta de las partituras. Y así era en efecto. Había perdido todo eso. Pero, yo tenía en la cabeza la línea melódica y la letra. Bueno, la letra está en los libros, por supuesto, pero tenía la canción en mí. Entonces, le escribí y le dije, mira, en mi mundo ideal hay una mañana en la que vos venís a casa y entre los dos reconstruimos la canción. Yo solo no puedo, no me dan mis conocimientos musicales para reconstruirla. Yo toco un poco el piano, pero no sé mucho de armonía. Y las armonías de Mario y los ritmos de Mario siempre fueron complejos. El hecho es que vino aquí una mañana, efectivamente, y entre los dos... Bueno, por supuesto, él puso la mayor parte, pero yo un poco colaboré o le di el envión. Se reconstruyó la canción sobre ese poema. Es una canción muy hermosa. Y la idea era que él la cantara en público, pero no pudo a causa de esa enfermedad. Y un tiempo después de su muerte, la cantó aquí en Concordia la reestrenó, diríamos, su hijo, Leandro Meichtry, en una Feria del Libro acá. Y fue algo realmente muy emotivo, ¿no? Fue como una resurrección para nosotros de la presencia de Marta Zamarripa entre nosotros. ´En tu universo azul y desgarrado sirenas sin verdad cantan los barcos. No te rescata ya la madrugada. () Ni la luna canyengue. Ni caminar contando alcantarillas´. Rosario Badano Yo creo que, desde las cátedras de Derechos Humanos, desde las áreas de Derechos Humanos, sobre todo, en la universidad, siempre la tenemos presente. Porque si trabajamos memoria, tenemos que trabajar Tenemos que saber que ha sido Marta quien empujó una idea, cuando esa idea -como te decía- no era ni siquiera pensada. Entonces, esa valentía, esa visión, esa situación merece un respeto muy, muy grande. Memoria Frágil: Marta Zamarripa, la poeta que llevaba los versos puestos

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