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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 19/03/2026 17:52
La Ballena Sei es el tercer cetáceo más grande del planeta. Puede alcanzar hasta 18 metros de largo y superar las 20 toneladas. En las aguas frías del Golfo San Jorge, el silencio marino se interrumpe por un resoplido poderoso. Sobre la superficie, una aleta surge y desaparece, y la atención de quienes navegan cerca de Comodoro Rivadavia se concentra en un espectáculo que no ocurría desde hacía casi un siglo. La ballena Sei, el tercer cetáceo más grande del planeta, volvió a mostrarse cerca de la costa patagónica tras casi 100 años de ausencia, un fenómeno que atrae por igual a científicos, turistas y habitantes de la región. Este regreso se da en el marco de la recuperación de la población luego de la protección por parte de la Comisión Ballenera Internacional desde 1979 y de la moratoria sobre la caza comercial de ballenas desde 1986. Es un ejemplo de éxito para la conservación global, destacó Mariano Coscarella, investigador de CONICET Proyecto Cetáceos. La especie, científicamente llamada Balaenoptera borealis, no había sido vista en la región desde 1929. Especialistas y vecinos reportaron la observación de grupos de hasta 70 ejemplares cerca de la costa, un comportamiento que no es habitual para una especie que suele preferir aguas abiertas. La magnitud del avistamiento sorprendió incluso a los investigadores, quienes atribuyen el fenómeno a una mejora en las condiciones del ecosistema marino. Debido a la caza indiscriminada, esta y otras especies llegaron casi al borde de la extinción. La prohibición de sus cacerías ayudó sin dudas a que la población pudiera recuperarse, explicó Coscarella. Una especie marcada por la caza La historia de la ballena Sei en el Atlántico sur está atravesada por la caza industrial que, durante décadas, redujo su población de manera drástica. Se estima que cerca de 300.000 ejemplares fueron cazados y otros 110.000 capturados en el hemisferio sur, lo que provocó que su población se redujera en un 80%. La especie fue catalogada oficialmente como en peligro de extinción, y su última presencia documentada en la costa de Chubut databa de 1929. El valor de su grasa, utilizada como combustible y cera, impulsó la persecución de este cetáceo hasta que el avance del petróleo como fuente de energía redujo el interés comercial. La caza comercial se extendió también a los mares europeos, con registros de capturas en la península Ibérica hasta la década de 1970. La ballena Sei se diferencia de otras especies por su cuerpo estilizado y su velocidad dentro del mundo marino. Puede medir hasta 18 metros de largo y superar las 20 toneladas. Las hembras suelen ser más grandes que los machos, aunque resulta difícil distinguirlos a simple vista. La ballena sei es un rorcual: es un grupo de ballenas que se caracterizan por tener aleta dorsal y pliegues en la garganta que les permiten una alimentación más eficaz. Son menos robustas que la ballena franca y bastante más veloces, puntualizó el investigador del CONICET. La jorobada también es un rorcual, pero con una aleta dorsal menos prominente y aletas pectorales muy largas. Todas las especies juegan un rol importante en el ecosistema. En el caso de las grandes ballenas, contribuyen de manera indirecta a través de las heces a la captura del carbono, favoreciendo la proliferación de microalgas encargadas de capturar el CO2. También representan un valor económico, cultural y son fuente de alimento de varias especies, agregó. El fenómeno del regreso de las ballenas Sei transformó a Comodoro Rivadavia en un nuevo punto de interés para el turismo de naturaleza. El avistaje de ballenas se posiciona como una experiencia que podría equipararse en el futuro a la oferta de la Península Valdés, tradicionalmente reconocida por su turismo de fauna marina. Si los registros se mantienen en el tiempo, la ciudad podría consolidar una oferta turística similar a la de otros polos reconocidos de la costa chubutense. Conservación y futuro: desafíos para la Patagonia El regreso de la ballena Sei no solo representa un hito biológico, sino que plantea interrogantes sobre la gestión de la biodiversidad y la sostenibilidad del turismo en la región. La cercanía de los ejemplares a la costa facilita su observación, pero exige el desarrollo de protocolos que garanticen su protección. En paralelo, la discusión sobre la protección de los océanos y la biodiversidad ocupa un lugar central en la agenda ambiental global. El retorno de una especie de estas características funciona como un indicador positivo, aunque también presenta nuevos desafíos a nivel local. Sobre las mejores zonas para observarlas, Coscarella precisó: En la época de mayor abundancia (marzo, abril y mayo) las podemos observar a lo largo de toda nuestra costa. Finalmente, para el investigador, la historia de la ballena sei dejó una enseñanza sobre la relación entre el ser humano y el mar: Nos deja la enseñanza de las consecuencias de utilizar este recurso de manera desmedida. Así como la ballena sei se encuentra actualmente recuperando su población, varias especies se han extinguido. Por eso cualquier actividad que se realice empleándolas como recurso, deberá ser bien evaluada.
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