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» Clarin
Fecha: 19/03/2026 06:52
En plena avenida Corrientes, donde los colectivos transitan de sol a sol, la gente camina apurada y los carteles de teatro compiten por atraer al público, el clima dentro del Teatro Ópera era otro. Allí, sobre el escenario, seis sillas esperaban a un grupo de chicos que en mayo se convertirán en los protagonistas de Billy Elliot, uno de los musicales más importantes del mundo. Afuera, mientras tanto, las familias esperaban ser llamadas para entrar a la sala y ver la primera pasada después de una larga etapa de ensayos. Cuando por fin se abrieron las puertas y todos se acomodaron en las butacas bordó, el teatro quedó en silencio por unos segundos. Entonces, desde los camarines, se escuchó una arenga fuerte, como la previa de una final deportiva. Ese sonido alcanzó para que varias madres se miraran entre sí, se tomaran de las manos y sonrieran con una mezcla de nervios y orgullo difícil de disimular. Reconocían esa energía que anticipaba que sus hijos estaban por subirse al escenario. El primero en aparecer sobre las tablas fue el productor general de la obra, Diego Romay, quien explicó que lo que estaban por ver era apenas un anticipo, una ventanita de la obra, de lo que el público encontrará cuando el musical se estrene el próximo 27 de mayo. Para abrir esa pequeña muestra llamó a Joaquín Formichelli, uno de los cinco intérpretes que se alternarán en el papel principal. Viene de Santa Fe y fue uno de los elegidos entre más de 1500 aspirantes que se presentaron al casting. Romay le preguntó qué sentía cuando bailaba. El pequeño respondió cantando y, con esa respuesta, comenzó el ensayo al que presenciaron periodistas y familiares, al que Clarín fue invitado. Desde abajo, el director marcaba cada movimiento mientras los chicos entraban y salían de la coreografía. A los costados esperaban casi cuarenta niños y niñas del elenco. Todos llevaban la remera negra del musical; los varones con jeans azules y las nenas con calzas y tutús blancos que resaltaban bajo las luces. En la platea ocurría algo que vale destacar. Casi nadie levantaba el celular para grabar. En tiempos en los que los espectáculos suelen verse a través de una pantalla, esa tarde la mayoría prefirió mirar directamente. No habían pasado ni tres minutos de baile cuando una madre ya se secaba las lágrimas con la mano. Tal vez había olvidado llevar pañuelitos, después de asegurarse de que su hijo tuviera todo listo para salir a escena. Video Cuando finalizó la muestra de quince minutos, llegaron los agradecimientos. Desde su asiento, una mamá saludó con la mano y la nena, desde el escenario, le devolvió el gesto y sonrió antes de volver a concentrarse en el discurso de cierre de Romay. La trama de Billy Elliot, un clásico que conquistó escenarios de todo el mundo La historia que estaban ensayando es la de Billy Elliot, que nació como película en el año 2000 y cuenta la vida de un chico de once años que crece en un pueblo minero del norte de Inglaterra durante la crisis social de los años '80, en pleno gobierno de Margaret Thatcher. Mientras su padre, interpretado aquí por Osvaldo Laport, y su hermano, encarnado por Sacha Bercovich, participan en la huelga minera que sacude la región, el niño se topa casi por azar con una clase de ballet en el gimnasio donde debería entrenar boxeo. Ese descubrimiento despierta en él una certeza difícil de explicar, pero imposible de ignorar: quiere bailar. El musical, estrenado en el West End de Londres en 2005 con música de Elton John, amplificó esa historia y se convirtió en un fenómeno internacional que ganó diez premios Tony y recorrió escenarios de Broadway, Japón, Canadá, Australia y Madrid, con más de diez millones de espectadores. Ahora esa historia llega por primera vez a la Argentina y empieza a tomar forma en cinco chicos que se alternarán el papel principal: Bernardo Bernie Banchero, Joaquín Formichelli, Mateo Tognolotti, Lucio Scavino y Franco Leone Molozaj. La preparación y las emociones de los chicos que darán vida a Billy Elliot Todos atravesaron un proceso de selección que comenzó con 1.500 aspirantes y continuó con cien días de entrenamiento intensivo en la Fundación Julio Bocca, donde tomaron clases de danza (jazz, contemporáneo, tap), canto y actuación antes de entrar en la etapa actual de ensayos, de cuatro horas, cuatro o cinco veces por semana. En diálogo con Clarín, el quinteto, que comenzó a bailar desde que eran muy chicos y vieron la película más de una vez, asegura que viven el protagonismo del musical como un desafío. Para Lucio, además, el filme original fue un impulso importante para querer bailar, mientras que Franco explica que interpretar a Billy implica comprender a un personaje que atraviesa emociones muy intensas en un ambiente fuerte y que la oportunidad de hacerlo representa una experiencia de aprendizaje enorme en un teatro como el Ópera que los hace sentir un orgullo enorme, confiesan. El sueño que atraviesa la historia del musical también aparece cuando hablan de su propio futuro. Cuatro de los cinco chicos se proyectan como actores, ya sea en teatro o en cine. Lucio, en cambio, desea continuar su formación en danza clásica con la ilusión de convertirse algún día en bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. Bernie, de tan solo 10 años, resume los deseos de sus compañeros con un consejo: Siempre hay que perseguir los sueños sin importar lo que digan los demás para enfocarse en lo que uno quiere. La tribu de madres que acompaña detrás del musical Mientras los chicos ensayaban en el escenario, en las butacas se desarrolla la historia de las madres que esperan durante horas mientras sus hijos practican. Con el tiempo, ese espacio se transformó en una pequeña comunidad. Se va formando una familia, cuenta la mamá de Mateo, que viaja todos los días desde Magdalena después de que su hijo sale del colegio para llegar a los ensayos. Hace años que su rutina gira alrededor del teatro. Su hijo antes participó en producciones como Matilda y School of Rock. Además, comparten que entre todas se acompañan durante los castings, celebran cuando un chico avanza de etapa y sostienen a los demás cuando quedan en el camino. Ese vínculo se volvió, según describe, una tribu de amor. La mamá de Machi Gulland, el chico que interpreta a Michael -el mejor amigo de Billy en la obra-, cuenta que en la mayoría de los casos la pasión por la danza apareció muy temprano. Muchas familias guardan videos de cuando los chicos apenas caminaban y ya bailaban o cantaban en el living de sus casas. Verlos ahora en el escenario genera una mezcla de nervios, emoción y orgullo que, aseguran, nunca se repite de la misma manera, incluso después de muchas funciones. Después de la muestra, los chicos aparecieron en el primer piso del teatro, ahora con jogging y zapatillas, lejos del vestuario que habían usado minutos antes. Sus familias los esperaban con abrazos, aplausos y algunas amigas del colegio que habían llegado todavía con el uniforme. La tarde continuó con entrevistas y fotos, las primeras de lo que podría ser el comienzo de una carrera larga para varios de ellos. En el escenario del Ópera todavía quedaban las marcas de cinta en el piso que habían guiado la coreografía y el eco de la música que pronto sonará con orquesta en vivo cuando el musical se estrene. El telón todavía no se levantó oficialmente, pero para estos chicos, sus familias y el equipo que los acompaña, la historia de Billy Elliot ya empezó a escribirse mucho antes de que empiece la función. Sobre la firma Newsletter Clarín
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