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  • Quiénes eran los 12 desaparecidos enterrados en La Perla: sus historias y cómo fueron identificados

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 19/03/2026 09:31

    Tras décadas de incertidumbre, las familias de los doce desaparecidos en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, podrán despedir los restos de sus seres queridos. Días atrás se habían revelado las identidades de los primeros seis: Mario Alberto Nívoli Gauchat, Eduardo Jorge Valverde Suárez, Óscar Omar Reyes, Ramiro Sergio Bustillo Rubio, una de las mellizas Carranza Gamberale (Adriana o Cecilia) y Raúl Oscar Ceballos Cantón. Ahora, el Juzgado Federal N°3 de Córdoba sumó otras cinco identidades, aunque sin revelar el nombre de la sexta, por pedido de la familia que solicitó discreción. La información fue difundida durante una conferencia de prensa realizada este miércoles en el Juzgado Federal 3 de Córdoba. El juez Miguel Hugo Vaca Narvaja fue el encargado de anunciar la lista completa, acompañado por familiares, querellas y el equipo de antropólogos que hizo posible la identificación: José Nicolás Brizuela, Sergio Julio Tissera Pizzi, Elsa Mónica OKelly Pardo, Carlos Alberto DAmbra Villares y Alejandro Jorge Monjeau López. Se trata de personas que fueron secuestradas y torturadas durante la última dictadura militar, y que posteriormente fueron asesinados y enterrados en el predio donde hoy funciona la guarnición militar de La Calera. Todos desaparecieron entre los años 1976 y 1977. Jorge Valverde Suárez era oriundo de Mendoza y llegó a la provincia para estudiar Derecho. En aquel entonces se desempeñó como delegado de la Federación Universitaria. Fue secuestrado poco después del golpe militar en un puesto de Guardia de la Fuerza Aérea. Raúl Oscar Ceballos Canton era estudiante de Ingeniería y trabajador de FIAT Materfer, militaba en Montoneros y fue secuestrado en su domicilio de barrio Altamira. Oscar Reyes, nacido en Banfield y padre de cinco hijos, trabajaba en FIAT y militaba en el Partido Comunista. Fue secuestrado en la vía pública el 18 de octubre de 1977. Ese mismo día fue capturado Ramiro Bustillo, de 27 años, también militante del Partido Comunista, bajo órdenes del entonces comandante del III Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Mario Alberto Nívoli era oriundo de Ucacha y fue secuestrado el 14 de febrero de 1977. Según el relato de su hija, la noticia llegó después de 49 años de búsqueda, cuando el abogado Ramiro Fresneda se comunicó con la familia para confirmar el hallazgo. José Nicolás Brizuela, nacido en Dean Funes, se había recibido de abogado y trabajaba como obrero. Fue secuestrado el 25 de octubre de 1977 en su propia casa, ubicada en el barrio Residencial América. En tanto, Alejandro Jorge Monjeau, era oriundo de Mar del Plata y estudiaba arquitectura en La Plata. Fue secuestrado el 14 de marzo de 1977, a los 21 años. Carlos Alberto Dambra, por su parte, era soltero y profesor de educación física. Lo secuestraron el 20 de noviembre de 1976 en la terminal de buses de la ciudad capital. Tenía 23 años. En el caso de Adriana y Cecilia Carranza, fueron secuestradas el 5 de mayo de 1976 en la pensión donde vivían en el Barrio General Paz. Tenían 18 años y eran estudiantes de Ciencias de la Comunicación y de la Educación: no es posible establecer a quién pertenecen los restos por ser hermanas mellizas. Elsa Mónica 0´Kelly Pardo nació en Alto Alberdi y estudiaba arquitectura. Fue secuestrada a los 18 años en su casa del barrio San Vicente. Sergio Julio Tissera tenía dos hijos y era trabajador aeronáutico cuando fue secuestrado el 21 de abril de 1976 en su casa de la capital provincial. El EAAF realizó trabajos de prospección y excavación arqueológica, encomendados por el Juzgado Federal N°3 de Córdoba y el 26 de septiembre del año pasado, la Justicia Federal confirmó el descubrimiento en La Perla. Esa fue la primera vez que se encontraron evidencias de este tipo casi cinco décadas después de los crímenes cometidos allí entre 1976 y 1977. La recuperación e identificación de los mismos fue posible a partir de la intervención conjunta del EAAF, el Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense de Córdoba y el Departamento de Geología de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Los descubrimientos se produjeron en el sector conocido como Loma del Torito, dentro del predio de La Perla, donde los investigadores localizaron fragmentos óseos como fémures y partes de cráneos. En la causa intervino la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de Córdoba, con la participación de los auxiliares fiscales María Laura Bazo Queirolo y Facundo Trotta. El ex centro de detención fue uno de los principales espacios de represión ilegal durante la dictadura. Se estima que allí estuvieron cautivas entre 2.200 y 2.500 personas. El proceso de análisis de los restos estuvo orientado a determinar la antigüedad y posible pertenencia a personas detenidas y desaparecidas en ese período. El Equipo de Antropología lleva cerca de 20 años de trabajo sistemático en búsqueda de restos que tuvieran relación con los desaparecidos de la dictadura. La estrategia utilizada combinó testimonios, imágenes satelitales, tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging, una herramienta de detección a través de pulsos de luz láser) y análisis de fotos aéreas históricas. Además incorporaron fotografías aéreas de 1979 provistas por el Catastro de la Municipalidad de Córdoba. Volvió mi papá Durante la conferencia de prensa, hablaron algunos de los familiares de los desaparecidos. Uno de ellos fue el hijo de Brizuela, quien relató: Yo recuerdo que cuando era chico iba a la plaza San Martin a dar vueltas con las pancartas. Ahora es como decir volvió mi papá. No tengo que ir más a dar vueltas con una pancarta y sé que ya está con nosotros. También brindó su testimonio la hija de Ceballos Cantón, que aseguró que la muestra de ADN fue una semilla de esperanza para encontrar a su padre: Sobre todo para darle una identidad, saber qué está y darle el lugar que merece como persona; no como alguien que no existe o no está. Sí está, sí estuvo presente. A veces me preguntan si cerré las heridas. No, yo quiero que se vea esa sangre. Quiero que esa sangre se vea y que las generaciones futuras estén ahí viendolas. Mi agradecimiento es eterno a los antropólogos forenses, que traen luz entre tanta oscuridad; al juzgado también, pero también decirle al Estado que no se haga el distraído y siga dando los recursos, continuó el hijo de Valverde Suárez.

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