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  • Ni mi mamá ni mi papá tuvieron trabajo formal: el desafío simbólico del primer empleo en sectores vulnerables

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 19/03/2026 11:01

    El debate sobre el empleo juvenil en Argentina cobró fuerza luego de la difusión de los últimos índices oficiales, que mostraron un aumento de la desocupación a 7,5% en el cierre de 2025 y revelaron cuáles son las zonas con menor nivel de empleo. En ese contexto, la presencia de Florencia Segal, socióloga y responsable de Desarrollo Institucional en Fundación Empujar, sumó una perspectiva que puso en primer plano la realidad de los jóvenes que buscan su primer trabajo formal. En Argentina tenemos un millón setecientas mil personas que no tienen trabajo y quieren trabajar, sostuvo Segal, quien advirtió sobre el impacto de la desocupación y la informalidad entre los jóvenes. Detalló que estos fenómenos afectan con mayor fuerza a quienes tienen entre dieciocho y veintinueve años. Según sus palabras, el nivel de desocupación en este grupo duplica a los niveles de desocupación general y la informalidad alcanza en la población general el 43%. Cuando se observa el segmento juvenil, ese número asciende a 63%. Para Segal, ahí nos damos cuenta que la foto es otra. Nueva Programación La especialista subrayó que el acceso al primer empleo formal se convirtió en el cuello de botella del mercado laboral en Argentina. En su análisis, los procesos de enfriamiento económico impactan primero en los sectores con menos experiencia, es decir, los jóvenes, y luego en quienes tienen mayores dificultades para construir redes de contacto. Cuando la economía atraviesa estos procesos, los primeros en sufrir ese recorte son, en principio, las personas que tienen menos experiencia. Y en segundo lugar, las personas que tienen más dificultades de construir redes para llegar a ese primer trabajo, explicó. Uno de los puntos que recalcó Segal en la entrevista fue la desigualdad interna respecto al desempleo juvenil. Los niveles de desempleo y de informalidad en la población joven no son homogéneos. Cuando nos vamos a mirar esta foto, a los sectores o a los jóvenes que viven en contextos de vulnerabilidad socioeconómica, esto se agudiza mucho más, remarcó. Apoyada en datos recientes del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Segal señaló: Únicamente tres de cada cien jóvenes que viven en barrios populares acceden a un empleo de calidad. La especialista detalló que ese empleo formal puede ser repositor en una cadena de supermercados, no en un almacén del barrio. Explicó que incluso los puestos de baja preparación, cuando son registrados, resultan inalcanzables para la mayoría de quienes crecen en esos entornos. Tenemos la población total juvenil de los jóvenes que viven en barrios vulnerables; solamente tres de cada cien acceden a un empleo de calidad, insistió. La socióloga calificó esa cifra como tremenda y la vinculó al fenómeno de la pobreza estructural. Cuando nos ponemos a pensar los procesos de pobreza estructural en Argentina, si nosotros no identificamos esto como un factor que hay que corregir ya, esta exclusión se transforma en algo estructural y no en algo coyuntural, advirtió. El acceso desigual al empleo formal afecta las trayectorias de vida y acentúa la exclusión. Según Segal, si nacés, si tenés la suerte de nacer en una situación que está cubierta, quizá no tengas todo este problema que estás contando, pero la gran mayoría nace en esa intemperie y no va a salir de ahí en un noventa y pico por ciento. La especialista describió la dificultad para romper ese círculo: Todavía no cambió esa situación. Y no vas a salir ni siquiera repartiendo pizza en un Rappi. A pesar de la gravedad del panorama, Segal eligió destacar la importancia de las iniciativas que buscan conectar la educación con el mundo del trabajo. Para mí, tiene que ver con un montón de iniciativas que quizás se podrían hacer, que hoy no se están llevando a cabo, que tienen que ver, además, con conectar el mundo de la educación con el mundo del trabajo, planteó. En ese sentido, identificó dos barreras principales que dificultan el acceso al primer empleo formal para los jóvenes de contextos vulnerables. La primera, de tipo simbólico, se relaciona con la ausencia de experiencias laborales formales en el entorno familiar y comunitario. Hay muchos jóvenes que se acercan y que te dicen: Ni mi mamá tuvo un trabajo formal, ni mi papá tuvo un trabajo formal, ni mi vecino. O sea, no son experiencias que ellos vivan en la vida cotidiana. Entonces, cuando uno no vive eso en la vida cotidiana, ¿por qué pensás que te puede tocar a vos, no?, relató. La segunda barrera aparece vinculada con la desconexión entre lo que demanda el sector privado y lo que ofrece la escuela. La realidad es que los jóvenes salen de la escuela secundaria diciendo: Yo tengo ganas de tener un primer trabajo, no tengo idea cómo hacer para presentarme en una entrevista, para armar un currículum. Hay una desorientación muy fuerte, describió. La falta de redes personales y de herramientas para enfrentar un proceso de selección laboral limita las posibilidades de los jóvenes. Segal lo explicó con un ejemplo: Los jóvenes que no tienen esas referencias en sus comunidades, ¿cómo, a quién recurren? ¿A quién recurren?. En ese punto, destacó el rol de organizaciones como Fundación Empujar: Ahí está el rol de las organizaciones como Empujar y como muchísimas otras que trabajamos para construir ese puente. La especialista expuso que la falta de cultura del trabajo formal en ciertas zonas responde a la prevalencia de la changa y el empleo informal. Esto para mí no tiene que ver con que las familias de estos barrios no tengan la famosa cultura del trabajo, sino con que lo que abunda en estos barrios es la changa. Es el empleo informal, explicó. En la entrevista también surgió el interrogante acerca de las opciones profesionales disponibles para los jóvenes de entornos vulnerables. Segal sostuvo que existen casos de jóvenes que logran estudiar disciplinas como Sociología o Economía, o que aspiran a trabajar en áreas vinculadas con la tecnología, pero el único destino que tenemos para la gente de los barrios carenciados es que hagan un oficio o que caigan en una fábrica. Pero si quieren hacer otra cosa, ¿cómo hacés? ¿Cómo los ayudás a salir de ahí?, preguntaron los entrevistadores. La socióloga respondió: Existen y tenemos que motorizar a que más chicos se animen a soñar en esa clave. En esa línea, Segal señaló la necesidad de construir alianzas con el sector privado. Según su experiencia en Fundación Empujar, tenemos un montón de casos de jóvenes que han entrado como operarios de fábrica y tenemos casos de jóvenes que han entrado a trabajar a empresas de primera línea, como Mercado Libre, como un banco BBVA, generando un cambio así en la vida de ellos y en la vida de sus familias. Detalló que por la organización pasaron más de siete mil jóvenes y que el 70 % consigue un primer trabajo. El proceso de acompañamiento que impulsa Fundación Empujar pone el foco en las habilidades blandas y socioemocionales. Las empresas hoy lo que a nosotros nos indican es: nuestro problema está en las habilidades blandas y socioemocionales. Lo que tiene que ver con la capacitación técnica, todo eso son cuestiones que se adquieren en el trabajo mismo después. Ahora, la capacidad de expresar ideas, la capacidad de comunicarte, de trabajar en equipo, son todas cosas elementales que en Empujar vemos durante todo el proceso de la formación, señaló Segal. La especialista ilustró la importancia de estas habilidades con una situación habitual en el ámbito laboral: Que el que está en la computadora y tiene que cargar una factura no se pelee con el que tiene que auditar esa factura. Es una cosa básica. Mencionó también la falta de preparación de muchos jóvenes para enfrentar entrevistas laborales. Hay muchas veces chicos que llegan y no hablan en la entrevista, no hablan. No saben hablar en la entrevista, relató. El acompañamiento de la organización no se limita a la formación, sino que se extiende a la vinculación con empresas. Nosotros trabajamos con una red de más de quinientas empresas. Estas empresas, en vez de quizás publicar su búsqueda únicamente por LinkedIn, suman las búsquedas que tienen de perfiles junior en nuestro portal de empleos. Y ahí nosotros los conectamos directamente con los jóvenes que egresan, explicó la socióloga. Consultada sobre el compromiso de los jóvenes con el empleo, Segal respondió que existe un mito. La especialista citó datos de la Organización Internacional del Trabajo sobre la cantidad de jóvenes que ni estudian ni trabajan a nivel mundial, pero afirmó que cuando vos te acercás a conocer esas historias, te das cuenta que el problema es que muchas veces las puertas no están abiertas, que esto no tiene que ver con una voluntad. En la experiencia de la Fundación, el 100 % de los jóvenes que se acercan a nuestra fundación buscan una oportunidad de empleo y las empresas que los contratan asignan un valor muy fuerte al compromiso que muestran.

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