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  • La niñera que crio a Carlos III y sus hermanos, que miraba novelas con la reina, cumplió 100 años

    » La Nacion

    Fecha: 18/03/2026 09:10

    La niñera que crio a Carlos III y sus hermanos, que miraba novelas con la reina, cumplió 100 años Ocurrió en medio de la tormenta. Uno de los peores momentos en la historia de la Familia Real británica. Mientras la policía registraba la residencia de su hermano, Andrés Mountbatten, expríncipe Andrés y exduque de York. La corona británica estaba en la mira. Sin embargo, en medio del escándalo, el rey Carlos III decidió hacer una pausa para cumplir con un compromiso fuera de agenda oficial que consideró impostergable e ineludible: visitó a Mipsy, la mujer que lo crio (que no fue su madre, la reina Isabel II, ni su abuela, la Reina Madre) para celebrar con ella su cumpleaños número 100. La mano que mece la cuna En 1948 Mabel Anderson se postuló para trabajar para la Familia Real. Tenía 22 años y fue la única que no demostró nervios al presentarse ante la entonces princesa Isabel para el puesto de enfermera asistente. Era la única candidata que no estaba temblando, coinciden los biógrafos del rey Carlos III. Ese gesto, esa firmeza, deslumbró a la entonces princesa Isabel de York. Quedó impresionada por aquella la actitud de aquella aspirante que, además, tenía su misma edad. Isabel acababa de tener a su primer hijo, quien la sucedería alguna vez en el trono de Gran Bretaña, y necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. Y si bien en un principio Mabel entró al servicio de la Familia Real como enfermera, inmediatamente le asignaron cuidar del recién nacido, el príncipe Carlos. Anderson no creció en una familia aristocrática. Pero era hija de un héroe nacional, un policía que falleció durante el bombardeo del Blitz durante la Segunda Guerra Mundial. Isabel, que sirvió como mecánica del Servicio Territorial Auxiliar durante a contienda, tenía especial debilidad por aquellos que se sacrificaron por su pueblo. Mabel cumplió su tarea con devoción. Tan bien cuidó del entonces príncipe Carlos que más tarde le encomendaron asistir a la princesa Ana (nacida en 1950) y, tiempo después, a los dos hijos menores de Isabel: el príncipe Andrés y el príncipe Eduardo. En su libro El Príncipe de Gales: Una Biografía, Jonathan Dimbleby afirmó que Anderson cumplía con las expectativas del príncipe Felipe. La describía como una joven que tenía una idea clara de cómo tratar a dos niños (por Carlos y Ana) muy diferentes entre sí, y no se dejaba influenciar fácilmente. Era firme, incluso estricta para los estándares de una generación posterior, y siempre parecía dispuesta a dar una buena reprimenda en casos extremos. Al mismo tiempo era, por naturaleza, amable y cariñosa, siempre dispuesta a consolar y animar. Si bien era soltera, el protocolo real obligaba a todos a llamarla señora. Todos, excepto el príncipe Carlos, quien siempre la llamó Mipsy. Fue la niñera escocesa quien estuvo a su lado en 1952, cuando falleció su abuelo, el rey Jorge VI, lo que inmediatamente hizo que Isabel -que se encontraba en Kenia junto al duque de Edimburgo en un viaje de Estado- se transformara en reina y él, con tan solo cuatro años, en el nuevo príncipe heredero. Una amistad real Como heredera y luego reina, Isabel II no tenía muchas oportunidades para hacer nuevas amigas. Su círculo de confianza era reducido y, pasado el tiempo, se apoyó cada vez más en Mabel para el cuidado de sus hijos. Anderson se convirtió en una madre sustituta para el entonces pequeño príncipe, especialmente debido a que la reina y el duque de Edinburgo debían ausentarse con frecuencia por sus deberes oficiales. En un mundo que danza al ritmo del riguroso protocolo del palacio, Carlos ha descrito a Mipsy como un remanso de seguridad en su infancia, tanto en Buckingham como en Balmoral. Anderson era, junto a su tío, Lord Mountbatten, parte de su círculo de confianza, por ella siempre sintió aprecio y respeto. Con ella podía compartir sus sentimientos y frustraciones. Mipsy fue un refugio gentil, apto para consolar a un joven como el príncipe Carlos, desesperado por lograr la aceptación de sus padres. Mabel era la discreción en persona y la reina, lejos de tener celos de la niñera, apreciaba que sirviera como nexo. Le resultaba difícil conectar con su hijo y con el paso del tiempo, la confianza y confidencias hicieron que la niñera real se convirtiera en su confidente y amiga. Anderson pasaba horas en el palacio e informaba directamente a la reina, por las mañanas y las noches, sobre las actividades de sus hijos. Así se convirtió en su cable a tierra. Incluso por esto, una vez que sus hijos crecieron, o fueron enviados a sus internados (desde donde el príncipe Carlos le escribía largas cartas a su niñera), la reina dispuso mantener a Anderson en el Servicio Real. Mabel era parte del personal del Palacio de Buckingham, compartía tardes y noches de crucigramas y telenovelas con la reina. Isabel II solía invitarla al Castillo de Windsor y compartir su rutina diaria frente al televisor. Así pasaban EastEnders, Coronation Street e incluso Downton Abbey. La reina la llama de vez en cuando para ver televisión juntas. Son muy cercanas, destacó el Daily Mirror. Nunca se supo si llegaron a ver The Crown. En los últimos años, Mabel ya no cuidaba de sus hijos, sino de la misma reina. Fue su confidente y su pilar, especialmente tras la muerte del príncipe Felipe en abril de 2021. La promesa del rey Es evidente que sigue siendo muy especial para el rey y ocupa un lugar muy especial en su corazón, destacó Ailsa Anderson, la antigua secretaria privada de la Isabel II. Y es que, cuando Mipsy se jubiló, Carlos siguió velando por ella, considerándola una figura más de la familia. Tanto es así que, en reconocimiento a su labor, logró que Isabel II le asignara una casa de gracia, residencia de propiedad de la corona británica, cedidas gratuitamente a personas destacadas, en un ala de Frogmore House, en Windsor (a una distancia conveniente para las tardes de telenovelas). Carlos envió a su decorador personal para su puesta a punto. Y pagó los arreglos de su propio bolsillo. Además, cuando cumplió 90 años, él mismo se encargó de organizarle una fiesta en Clarence House, donde residía con la hoy reina consorte Camilla. Allí prometió que celebrarían juntos al cumplir los 100. También orquestó que un chofer la buscara y llevara a Sandringham a pasar las fiestas navideñas con ellos. El rey Carlos III se aferra a sus compromisos. Aun en medio de una de las peores tormentas familiares, con su hermano menor bajo sospecha de conducta inapropiada en cargo público y requerimientos judiciales, el Rey cumplió con su promesa: asistió al 100° cumpleaños de su antigua niñera. Fue un encuentro privado, fuera de protocolo. Se acercó a saludarla a su casa en Frogmore House e incluso se quedó para el té, dedicándole toda una hora (mucho más de lo que le dio a su hijo, el príncipe Harry). Un acto que, en plena crisis, fue visto como una manera de proyectar estabilidad en la realeza, pero también una muestra de vulnerabilidad de Carlos III quien, en momentos de inestabilidad, busca recuperar la calma que Mipsy solía darle. Y especialmente el deseo de celebrar a esta mujer tan especial que cumplió cien años, un siglo, la misma edad que cumpliría su propia madre, Isabel II, el 21 de abril.

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