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Fecha: 18/03/2026 10:50
La historia de Hilario, un nene de tres años que espera un trasplante renal, muestra cómo el amor, la resiliencia y la esperanza pueden sostener a una familia incluso en los momentos más difíciles. Mientras aguardan el órgano que le permitirá empezar una nueva etapa, sus padres transformaron la incertidumbre en una misión: cuidar su infancia, hablar de donación de órganos y sostener la sonrisa de un chico que no deja de sorprenderlos todos los días. Desde afuera, Hilario es simplemente un nene más: inquieto, cariñoso y lleno de energía. Pero detrás de esa vitalidad hay una historia de lucha que comenzó incluso antes de que naciera. Una historia que empezó antes de nacer Todo comenzó durante el embarazo. En una ecografía de rutina apareció una señal que cambiaría el rumbo de la familia: En la semana 20 de gestación nos dimos cuenta por una ecografía que Hilario presentaba la vejiga llena de orina sin poder vaciarla y se quedaba con poco líquido amniótico, recuerda su mamá, Marina Bidondo. A partir de ese momento empezó un camino inesperado: A partir de ahí comenzó toda una odisea para nosotros a los cinco meses de embarazo. Venía Hila con algo que se daba dentro de la panza, es decir un problema congénito, cuenta. Hilario es un nene feliz, dulce, carismático y energético que brinda amor y alegría a todas las personas que tienen el placer de conocerlo. Es imparable, describe su mamá. La espera de un trasplante y la fortaleza de una familia Cuando tenía apenas tres meses, la familia recibió otra noticia difícil: Hilario iba a necesitar diálisis para poder llegar al trasplante: Lo más difícil fue cuando me dijeron que necesitaba diálisis para poder llegar a un trasplante a sus dos años. Hoy tiene tres y seguimos en la espera, cuenta Marina. Miedo a lo desconocido fue mi primer impulso, pero después me terminé familiarizando con la diálisis, los estudios y las sondas. Terminé siendo su madre y enfermera sin título las 24 horas del día, relata. El 17 de mayo de 2025 llegó un momento que parecía ser el esperado: apareció un órgano compatible y la familia viajó de urgencia desde Trenque Lauquen hasta Buenos Aires. Hilario al entrar al hospital presentó una febrícula y tuvimos que volver a casa. El órgano fue para una niña que llevaba cinco años esperando. Fue una alegría inmensa: ese día no era su momento, era el de otra criatura, recuerda. En medio de esa incertidumbre permanente, Hilario sigue siendo, ante todo, un chico: Su inocencia me moviliza cada día. También su llanto cuando lo invaden con estudios y su necesidad de ser contenido, cuenta su mamá. Donar órganos: un gesto que puede cambiar una vida La experiencia transformó la forma en que la familia vive la espera y también la manera de hablar sobre la donación de órganos: Siempre fui donante. Hoy lo demuestro dándole mi riñón a mi hijo, dice Marina. La mamá de Hilario también destaca lo difícil que puede ser transitar el tiempo hasta que aparece un órgano compatible. La espera es tremenda y transitar ese camino es muy duro. Hay que vivirlo para entender la magnitud, explica. Leé también: Su hija murió en un accidente de tránsito y ellos hicieron de la donación de órganos una causa de vida En la Argentina, cientos de niños aguardan un trasplante que puede cambiarles la vida. Por eso, Marina intenta transmitir un mensaje claro. Hoy son más de 200 niños los que esperan en Argentina un órgano para seguir viviendo, para volver al jardín, al colegio o a su casa, señala. Donar es el acto más humano y hermoso que una persona puede tener. Siempre digo que pensamos en morir y ser semillas para poder florecer en otros cuerpos.
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