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  • Dormir sobre el río: así son las casitas flotantes del Delta que invitan a desconectar

    » La Nacion

    Fecha: 14/03/2026 08:46

    Entre canales y vegetación cerrada, esta modalidad propone una forma diferente de habitar el Delta, con la comodidad de una casa y el agua como protagonista - 6 minutos de lectura' En el Delta, el tiempo lo marca el río. Las lanchas pasan despacio, el verde se cierra sobre los canales y el silencio predomina. En ese paisaje flotan las Casitas del Agua, un conjunto de casas que propone una escapada distinta a pocos minutos de la ciudad. A simple vista parecen pequeñas casas apoyadas sobre el agua, con galerías que miran al río y escaleras que bajan directo al muelle. Pero en realidad están construidas sobre plataformas flotantes amarradas al muelle, por lo que no navegan como un barco, sino que permanecen fijas en su lugar. El sistema de pontones (similar al de un catamarán) les da estabilidad y permite que suban o bajen acompañando las crecidas sin inundarse. Desde adentro, la sensación es la de una casa tradicional, con la diferencia de que el paisaje se mueve todo el tiempo: pasan lanchas, se escuchan los pájaros y el agua queda a pocos metros de la ventana. Y aunque el movimiento es suave, siempre está presente, como un balanceo leve que por momentos recuerda al de un barco y que termina acunando la casa entera. La llegada también forma parte de la experiencia. Las casas están distribuidas entre el Club San Fernando y el Yacht Club Buenos Aires y, según cuál se reserve, se accede en lancha o en un pequeño bote a remo. Algunas se encuentran frente al estacionamiento del club y otras están sobre pequeñas islas conectadas por puentes de madera. En todos los casos, el traslado está incluido y los huéspedes pueden entrar y salir durante la estadía sin depender de horarios. Esta inclusión dentro de clubes náuticos también implica que los predios no son de acceso público, lo que garantiza tranquilidad y privacidad. En algunas de las casitas (Amancay, Bali, Taíba y Biguá) además hay un pequeño patio en la isla con parrilla, al que se llega cruzando un puente desde la casa flotante. El comienzo El proyecto nació en enero de 2023, cuando Carola Hernández y Arturo Rampezzotti, madre e hijo, decidieron transformar una idea que venían imaginando hacía tiempo en un espacio real para recibir huéspedes. Amantes del río, del Delta y de los deportes acuáticos, pensaron un refugio donde la naturaleza fuera la verdadera protagonista. Casitas del Agua nació con nuestra primera casita, Penny Lane, cuenta Rampezzotti. Cuando abrimos no imaginábamos que el proyecto iba a crecer como lo hizo, pero desde el principio teníamos claro que queríamos crear un lugar donde la gente pudiera vivir el Delta de una manera distinta. Esa primera reserva quedó grabada en la memoria del proyecto. Fue para el fin de semana de Carnaval de 2023, cuando la casa todavía estaba casi vacía y el emprendimiento apenas comenzaba. Cuando nos confirmaron la reserva nos agarró una adrenalina tremenda, recuerda Rampezzotti. La casa estaba prácticamente sin terminar, sin pintar y casi sin muebles. Trabajamos día y noche para llegar a tiempo. Cuando finalmente llegaron los huéspedes y vimos la felicidad con la que entraron, sentimos un orgullo enorme. Penny Lane fue un guiño beatle para Arturo, fanático de la banda inglesa. Con el tiempo, el proyecto fue creciendo hasta sumar ocho casas flotantes (Amancay, Penny Lane, Karkú, Bali, Taíba, Biguá, Allegra y Victory), cada una con su propio carácter. Algunos nombres remiten al paisaje del Delta, como Biguá, el ave negra que se ve seguido en los canales. Otros evocan lugares o historias personales, como Taíba, una laguna del nordeste de Brasil, o Victory, el barco insignia del almirante Nelson. Todas fueron pensadas originalmente como viviendas permanentes, por lo que están preparadas para cualquier clima. Tienen cocina completa, parrilla, Smart TV e internet satelital, y en la mayoría de los casos también jacuzzi privado. Aire acondicionado, calefacción y mantas para los días más fríos permiten disfrutar de las galerías incluso en invierno. Los tiempos del río La mayoría de quienes llegan a Casitas del Agua son parejas que buscan una escapada distinta, tranquila y cerca de la ciudad. También aparecen nómades digitales que encuentran en el Delta un lugar propicio para trabajar algunos días con vista al río y lejos del ruido urbano (aunque la propuesta invita a desconectar, las casas cuentan con wifi satelital). Siempre les decimos a quienes vienen por primera vez que lleguen abiertos a desconectar del ritmo de la rutina y a dejarse llevar por la calma del Delta, recomienda Hernández. Durante la estadía, el plan suele ser simple. Algunos pasan horas leyendo en la galería o mirando el movimiento del agua. Otros aprovechan para remar por los canales cercanos en kayak, que se puede alquilar durante la estadía para salir a explorar el Delta desde el agua. También es posible organizar excursiones o actividades acuáticas como wakeboard, esquí acuático o recorridos en lancha por la zona. Para quienes prefieren algo más tranquilo, desde las propias casas está permitida la pesca: muchos huéspedes llegan con su caña, aunque también hay equipos básicos disponibles. Como las casas funcionan de manera independiente, la idea es llegar con lo necesario para la estadía. Los huéspedes suelen llevar comida y bebida para cocinar allí o aprovechar la parrilla, además de repelente y ropa cómoda para disfrutar del exterior. Y quienes quieren sumar una salida gastronómica suelen cruzar en lancha-taxi hasta alguno de los restaurantes isleños cercanos. Dos de los más recomendados son Río Bar y El Camoatí, sobre el canal del Pajarito, a unos diez minutos de navegación desde las casas. Ambos funcionan con la lógica clásica de los restaurantes del Delta, con mesas sobre el muelle y una carta sencilla donde suelen aparecer pescados de río (como boga o surubí), rabas, milanesas y platos caseros pensados para almorzar con vista al agua. A nosotros nos encantan especialmente los días de lluvia en el río, alienta Hernández, cuando llueve todo se vuelve todavía más silencioso, uno se queda mirando cómo cae el agua mientras pasan las lanchas. Muchos huéspedes llegan por primera vez, pero no son pocos los que repiten. Algunos incluso vuelven varias veces al año, atraídos por una fórmula sencilla: una casa cómoda, el río a pocos metros y la sensación de que la rutina queda mucho más lejos que a una hora de navegación. Sarmiento y Escalada s/n, San Fernando. www.casitasdelagua.com. Instagram: @casitasdelagua.

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