Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Burlaron a Irán, hicieron una película y ganaron el Oscar: Argo, la insólita historia real de la CIA que produjo un quiebre

    » La Nacion

    Fecha: 14/03/2026 00:06

    Burlaron a Irán, hicieron una película y ganaron el Oscar: Argo, la insólita historia real de la CIA que produjo un quiebre Una operación de inteligencia disfrazada de rodaje cinematográfico escribió una página impensada para los Estados Unidos; Michelle Obama y una premiación polémica - 7 minutos de lectura' Hay historias que el tiempo vuelve más urgentes. La de Argo, la película de Ben Affleck sobre una operación de la CIA en el Irán posrevolucionario, era hasta hace pocas semanas un episodio fascinante de la Guerra Fría. Hoy, con Estados Unidos e Israel en guerra abierta contra Irán, ese relato adquiere una dimensión diferente. La película, dirigida y protagonizada por Ben Affleck, está basada en una historia real tan inverosímil que, de no haber ocurrido, ningún productor de Hollywood se habría atrevido a financiarla. Todo comenzó en noviembre de 1979, en plena Revolución Islámica, cuando estudiantes iraníes tomaron por asalto la embajada de los Estados Unidos en Teherán y convirtieron en rehenes a 52 funcionarios. Seis diplomáticos lograron escapar y encontraron refugio en la residencia del embajador canadiense Ken Taylor y en la casa del subjefe de misión John Sheardown. Durante casi tres meses, ese puñado de estadounidenses vivió en la clandestinidad con poco más que libros y partidas de Scrabble para llenar los días. Lo que vino después resultó aún más extraordinario. Tony Méndez, agente de la CIA especialista en operaciones encubiertas, tuvo una idea que sonaba a delirio: sacar a los seis del país haciéndolos pasar por el equipo de producción de una película de ciencia ficción canadiense. Para eso, junto al maquillador de Hollywood John Chambers, conocido por su trabajo en El Planeta de los Simios, creó una productora falsa llamada Studio Six Productions, consiguió un guion real basado en la novela El Señor de la Luz de Roger Zelazny, publicó anuncios a página completa en Variety y The Hollywood Reporter e imprimió tarjetas de presentación con un número de teléfono que realmente funcionaba. La ficción era tan convincente que llegaron 26 guiones a las oficinas de Studio Six, incluido uno de Steven Spielberg. De la operación secreta a la pantalla grande Durante décadas, la historia fue secreta. Cuando los seis escaparon de Irán en la madrugada del 28 de enero de 1980, el crédito fue exclusivamente para Canadá. El entonces presidente Ronald Reagan otorgó una medalla al embajador Taylor y banderas canadienses ondearon en ciudades de todo Estados Unidos. La participación de la CIA no se hizo pública hasta 1997, cuando la Agencia la desclasificó en el marco de su 50° aniversario. Fue recién entonces que el relato completo comenzó a circular. Méndez lo narró en sus memorias y, muchos años más tarde, Affleck lo llevó al cine. Argo se estrenó en 2012 con él como director y protagonista, en el papel del propio Méndez, y de inmediato se convirtió en uno de los títulos más comentados de la temporada. El film recibió siete nominaciones al Oscar, entre ellas Mejor película, Mejor director, Mejor guion adaptado y Mejor edición. La noche en que Michelle Obama entró en escena La 85° entrega de los Premios de la Academia, celebrada el 24 de febrero de 2013 en el Dolby Theatre de Los Ángeles, tuvo uno de sus momentos más recordados cuando llegó el turno del galardón más importante. Jack Nicholson, sobre el escenario, presentó a su pareja para la categoría de Mejor película. Y entonces, desde la Casa Blanca en Washington, apareció en pantalla gigante la primera dama Michelle Obama, rodeada de militares, con un vestido plateado de hombros descubiertos. Fue ella quien abrió el sobre y pronunció el nombre: Argo. El momento fue celebrado por gran parte del público, pero también disparó controversias. Ciertos sectores de los medios estadounidenses cuestionaron la intromisión de la Casa Blanca en una ceremonia de entretenimiento. Algunos ironizaron con la necesidad de separar Hollywood y el Estado. Otros calificaron la aparición de la primera dama como obscena. Sin embargo, no era la primera vez que la Casa Blanca se asomaba a los Oscar: Laura Bush había participado en la ceremonia de 2002 y Ronald Reagan apareció en una grabación de saludo en 1981. La diferencia, esta vez, era que el premio recaía sobre una película acerca de una operación de inteligencia estadounidense en Irán, en un momento de alta tensión diplomática entre ambos países. La furia de Teherán La reacción del gobierno iraní no se hizo esperar. El ministro de Cultura y Orientación Islámica, Mohammad Hosseini, declaró de manera categórica que Argo carece de valor artístico y es anti-iraní. No esperábamos que los enemigos de Irán hicieran nada bueno, dijo ante la agencia PressTV y agregó que el Oscar se obtuvo mediante una gran inversión y extensa propaganda. La televisión estatal iraní fue más directa: calificó a la película de anuncio publicitario para la CIA. La agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, describió a Warner Bros. como una compañía sionista y señaló que la participación de Michelle Obama en la ceremonia aumenta la especulación de que premiar esta película tenía un motivo político. Otra agencia iraní, Mehr, calificó el Oscar de motivado políticamente. En un detalle que ilustra hasta qué punto la imagen de la primera dama resultó inadmisible para el régimen, Fars publicó en su sitio una foto retocada con Photoshop en la que el vestido de Obama cubría sus hombros y escote, en cumplimiento de las normas de vestimenta que rigen en la República Islámica. No era la primera vez que un medio iraní aplicaba esa práctica a imágenes de mujeres extranjeras. Argo no se proyectó en ningún cine de Irán, pero eso no impidió que el debate sobre la película se extendiera por todo el país a través de copias piratas en DVD que se vendían a menos de un dólar en el centro de Teherán. El fenómeno puso en evidencia una grieta generacional: los iraníes que vivieron la Revolución de 1979 cuestionaron la representación de los hechos, mientras que los más jóvenes, sin recuerdos propios de aquella época, mostraron más curiosidad que rechazo. Verdad y licencia cinematográfica Uno de los protagonistas reales, el exdiplomático Mark Lijek, uno de los seis que escaparon de Teherán, es fan declarado de la película pero no deja pasar sus inexactitudes. Reconoce que la recreación de la toma de la embajada es poderosa y honesta, pero señala que el tramo final, el del aeropuerto, es pura fabricación dramática. En la realidad, los documentos falsos pasaron sin inconvenientes, los agentes de inmigración apenas los miraron y no existió ninguna persecución por la pista. Absolutamente nada de eso ocurrió, contó Lijek sin rodeos. El vuelo de Swissair sí se retrasó una hora por un problema mecánico y cuando el avión abandonó el espacio aéreo iraní, los demás pasajeros a bordo, sin saber nada de lo ocurrido, se sumaron a los vítores de los estadounidenses, felices también ellos de dejar atrás Teherán. Otra controversia persistente tiene que ver con el peso de Canadá en el relato. El expresidente Jimmy Carter llegó a declarar que la película ignoraba que el 90% de las contribuciones al plan fueron canadienses. Affleck, consciente de la polémica, modificó la posdata original del film y la reemplazó por una que reconoce la cooperación entre ambos países. La participación de la CIA complementó los esfuerzos de la embajada canadiense, dice hoy la leyenda final.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por