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Concepcion del Uruguay » Miercoles Digital
Fecha: 14/03/2026 01:35
"Estos párrafos no son más que una vía extrema para insistir, porque es nuestra obligación agotar todas las instancias. Si no escucha este ministro de Salud, será el que sigue,plantea el autor del texto. Por DANIEL TIRSO FIOROTTO (*) Si una persona pide una audiencia con un ministro de Salud, sobre un tema sanitario, y el ministro no se hace de 25 minutos, puede derivarla a otros funcionarios. Si la persona presenta una carta formal, luego busca de todas las maneras posibles una charla, a través de su Secretaria y de sus conocidos y amigos, pero el ministro no la atiende ni la deriva ni le ofrece respuesta alguna, quizá el ministro se encuentre saturado de trabajo en una emergencia, o tenga un problema de contracción al trabajo, y por eso incumpla sus funciones. Si no se trata de una persona sino de una institución de relevancia con representantes de tres municipios como Paraná, Colonia Avellaneda y San Benito, es decir, la zona más poblada de Entre Ríos; con participación de científicos del Conicet y de reconocidas universidades del país, y organizaciones ecologistas y vecinales y cooperativas; una entidad mixta que procura colaborar ad honorem para revertir un problema grave de salud con repercusiones en el agua potable, nada menos; y esa institución durante tres meses insiste por todas las vías a su alcance, formales e informales, en el reclamo de un encuentro con el ministro de Salud; lo hace con amabilidad y paciencia, con la certeza plena de que el ministro de Salud sabe de este reclamo para conversar algunos minutos, y no obtiene respuesta alguna, entonces ese ministro está tratando con indiferencia un problema real de su esfera. Por el motivo que fuere, incumple sus funciones. Y es una pena, porque Entre Ríos cuenta con profesionales verdaderamente notables que pueden ejercer un rol excepcional en ese lugar clave. El Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas intentó por todas las vías conversar con el ministro de Salud. Un poco más y caía en la humillación, y todo para colaborar con el Ministerio que él dirige. Ahora, ¿qué es lo que sus miembros no pudieron conversar con el funcionario público? Para ser gráficos, apelaremos a un descubrimiento de la Universidad de Nueva York. Científicos de esa Alta Casa de Estudios estudiaron a las personas con tinnitus y encontraron que sus cerebros son sordos (como el ministro), a los ritmos de la respiración. El Comité de cuenca no le cuesta al estado un centavo, y su meta consiste en sentar en una mesa a diversas extracciones, personas con convicciones distintas, sectores con intereses no siempre coincidentes, para tratar un problema común. El periodista científico Santiago Campillo Brocal explica el resultado de la investigación de este modo. El cuerpo humano funciona como una orquesta donde cada sistema debe seguir un pulso común. La respiración no solo oxigena la sangre, sino que modula las ondas cerebrales en diversas regiones, incluyendo las áreas encargadas del sonido. En un individuo sano, la actividad de la corteza auditiva se acopla al ritmo de la inhalación y la exhalación, permitiendo que el cerebro filtre el ruido interno y se concentre en el exterior. Los investigadores observaron que en los pacientes con tinnitus este acoplamiento es significativamente más débil o inexistente. Al romperse esta unión, el cerebro entra en un estado de hiperactividad descontrolada al no recibir la señal reguladora del sistema respiratorio, lo que da lugar a la percepción del sonido fantasma. La hipótesis de la Universidad de Nueva York es que el pitido (tinnitus) es, en realidad, el resultado de unas neuronas que intentan cantar por su cuenta al haber perdido la guía del director de orquesta que es la respiración. Durante años se ha buscado resolver el problema en el oído mismo. En verdad el problema se revela allí pero se originaría en una falta de comunicación en el conjunto, una desconexión entre el cerebro y la respiración. El ruidito es sólo una consecuencia. El estudio sobre el tinnitus revela, en otro plano, lo que le ocurre a la cuenca de Las Tunas. El tinnitus del arroyo, ese ruido en el paisaje generado por las cloacas, el olor nauseabundo, las bacterias, las toneladas de plásticos, trapos, gomas, electrodomésticos arrastrados desde los minibasurales y trabados por las crecientes en las horquetas de los árboles; todo ese espanto no puede ser remediado en el arroyo mismo, sólo ahí. Se requiere reconectar a la comunidad humana con el entorno natural, y dentro de la comunidad humana, reconectar a las comunidades mismas, a los estados vecinales con las comunidades, a las municipalidades hoy separadas, a la vecindad con las industrias y la producción; reconectar a las comunas con la gobernación y la nación, a los distintos organismos encargados de la ecología, el agua, la educación, la cultura, y principalmente, la salud. Decenas de compartimentos estancos impiden la mirada integral, cuando la cuenca misma es una prueba de la tontería de los límites, si no respeta fronteras. Hoy no existe sincronización en los ritmos, hay sectores que trabajan y sectores sordos, y esto ocurre desde hace décadas sin solución de continuidad; con una diferencia: hoy, gracias a los estudios científicos, las caminatas, las charlas en la orilla, hemos constatado que la contaminación es una emergente, una consecuencia nomás, del desbarajuste, y no encuentra una o dos sino cien causas contribuyentes pero principalmente una intangible: la desconexión. El descubrimiento, por llamarle de algún modo, del Comité mixto Las Tunas, surgido de una movilización barrial, popular, radica en observar la raíz del problema. Con este diagnóstico, está tratando de empalmar los circuitos. Su función es, entonces, central, y consiste en recuperar un ritmo común a todos, tras lo cual la cura del flagelo se dará por añadidura. Las Tunas padece genotoxicidad. Puede enfermar gravemente, al punto de modificar el ADN, provocar mutaciones. Si Entre Ríos tiene más de 7.000 arroyos, los que padecen contaminación extrema con un cóctel de sustancias no son muchos. Las familias bajan a sus orillas en busca de sustento. Y los líquidos cloacales, industriales, agropecuarios, desagotan aguas arriba de la toma de agua de la capital entrerriana. Y bien: un grupo de vecinas, principalmente, y también vecinos, intentó colaborar para evitar este problema y dedicó mucho tiempo para generar conciencia. Hoy continúa esa prédica bajo el lema universal Una sola salud, y la vecindad escucha, pero el ministro de Salud no. El problema viene de lejos, es cierto. Sin embargo, ahora está diagnosticado, entonces no caben dilaciones. Felizmente el Comité Las Tunas ha conversado y conversa con los tres intendentes involucrados, con funcionarios de Ambiente, de Hidráulica, y otros organismos. Hasta el gobernador asistió un día a una jornada de limpieza y juntó con sus manos unas botellas, para dar una guía simbólica a sus funcionarios, para sugerir que se atienda el asunto. Por ahora no dio mucho resultado en la práctica, pero nunca es tarde. Aceitar las vías de comunicación: ahí está el remedio. Sin embargo, desde el principio Una sola salud (la interdependencia entre la salud humana y el resto de la biodiversidad), este colectivo no ha logrado sensibilizar al organismo clave del problema. El cerebro está sordo y si no lo reconectamos, las células aisladas seguirán girando como locas, cantando y desafinando, haciendo ruido. Estos párrafos no son más que una vía extrema para insistir, porque es nuestra obligación agotar todas las instancias. Si no escucha este ministro de Salud, será el que sigue. Tras casi dos décadas de vigencia de una ley provincial de comités de cuenca los gobernantes advirtieron que sí, que son necesarios, que en la participación comunitaria, vecinal, puede estar la punta del ovillo. Es evidente que muchos, y desde hace mucho, se han dado cuenta, y nos alumbraron este camino. Hubo quienes confluyeron en esta convicción, que abrieron puertas, ¿para que un ministro de Salud clausure las comunicaciones con sus caprichos? ¿Para que sus colegas en la función de gobierno no sepan cómo hacer ante los requerimientos vecinales, para excusar su indolencia? Decenas de reuniones, documentos largos y medulosos, esfuerzos en la búsqueda del consenso hasta en los detalles de un cartelito; mucho trabajo de base, de organización, de puesta a punto, pero el arroyo todavía no se enteró, y eso ocurre en gran medida porque no todos entramos en sintonía, y hay que decirlo: la compartimentación está viva, y a los vicios de la burocracia se suman vicios individuales que los potencian. Ya existen los estados nacional, provincial, municipales; los tres poderes, los defensores, las universidades, los colegios profesionales, los pactos internacionales, las constituciones, las leyes, las ordenanzas, todo muy claro y muy caro. El Comité de cuenca no le cuesta al estado un centavo, y su meta consiste en sentar en una mesa a diversas extracciones, personas con convicciones distintas, sectores con intereses no siempre coincidentes, para tratar un problema común. Cuando el mundo está en veremos por la contaminación y por la proliferación de ojivas nucleares y las guerras, esta determinación colectiva por el diálogo en paz, por el consenso sincero, por el debate amable, auténtico, y esta cierta humildad de los poderes provinciales y municipales que reconocen un problema ya crónico y se dejan ayudar por la vecindad, es un hallazgo. Estamos ante un servicio que procura reunir a los dispersos, arduo desafío, no apto para timoratos. Si no logra sus metas será porque sus miembros no estuvimos a la altura del conocimiento y la comunicación que pregonamos. Por si hace falta, aclaramos que este texto no fue consensuado dentro del Comité Las Tunas, es sólo una pieza periodística de este autor que participa como uno más, en los esfuerzos colectivos por recuperar la salud de la cuenca pero que no puede ni quiere ni debe escindir esta tarea del oficio de periodista, en el que lleva algunos años. Si alguien creyera lo contrario, que se puede separar, será porque no hemos sido claros en el sentido de esta nota. Sólo procuramos la mirada de cuenca, sin más diques, sin tantos caciques desconectados, y para eso es imprescindible romper la lógica de la fragmentación que está en la génesis del declive de algunos arroyos, al extremo de la muerte, con la desaparición de especies y la puesta en riesgo de la comunidad humana del Gran Paraná. Este 25 de marzo, Día de la Batalla del Saucesito, un ejemplo de resistencia a los despotismos, en la lucha confederal en los tiempos de Francisco Ramírez, el Comité de Cuenca multisectorial realizará una Asamblea Plenaria en Paraná para avanzar en las coincidencias y en los planes de remediación. Y ojevy ñande ysyry porá pe: el agua vuelve a nuestro bello arroyo. (*) Periodista. Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores |
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