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» TN
Fecha: 14/03/2026 06:21
Hay olores que no se olvidan y hay recuerdos que, para no evaporarse, necesitan un envase de vidrio. En San Antonio de Areco, sobre la calle Güiraldes, existe un lugar que desafía las leyes de la acumulación para convertirse en arte. No es una casa cualquiera: es un templo de cristal diseñado por y para los perfumes. Allí, entre miles de destellos, vive Norma de Simone, una docente jubilada, la guardiana de una historia singular: Hace 50 años que colecciono frascos de perfume. Me encanta lo que hago. Leé también: De Hijitus a Superman: tiene más de 5000 juguetes en un museo y revela por cuánto dinero vendería su colección La semilla de esta montaña de vidrio se plantó en la infancia. Norma no buscaba el lujo, buscaba capturar momentos. Empecé de chica. Tenía tres o cuatro perfumes, especialmente los de mi tía que estaban en su casa y yo los deseaba tanto. Los heredé, recordó a TN. Para ella, el perfume nunca fue solo una cuestión de oler bien. Era una conexión sensorial con el pasado. En la casa de mi tía había un techo de glicinas y conservo aún ese aroma. Con el tiempo, es como si lo siguiera oliendo. Los perfumes que usé, quizás no eran de calidad, pero me traían el recuerdo, explicó. Lo que empezó con cinco o seis frascos que no quería tirar porque me traían recuerdos, se convirtió en una bola de nieve imparable. Primero fueron los regalos de su marido, luego los de sus alumnos en San Andrés de Giles. Pronto, la casa familiar se volvió pequeña. Tenía frascos abajo de las camas, cajas por todos lados. No sé cómo no me echaron, confesó entre risas. Un sueño de ladrillo y cristal Durante 40 años, la colección vivió en la clandestinidad de los placares. Hasta que Norma decidió que su tesoro merecía ver la luz. Vendió unos galpones familiares y compró un terreno en Areco con un solo objetivo: construir un museo. Lo diseñamos con mi sobrino arquitecto. Me llevó diez años construirlo. Todo lo hice a mi gusto para estar cómoda, explicó. Hoy, Norma exhibe unos 3500 frascos, pero en el altillo guarda otros 3000. En total, más de 6500 piezas que cuentan la historia del mundo. Es un trabajo de hormiguita. Antes de mudarme ya los tenía catalogados por país, por época, por estilo... Soy desorganizada en mi vida, pero para esto soy muy organizada. Caminar por las vitrinas de Norma es viajar en el tiempo. Ella hace la visita guiada personalmente cada sábado y domingo. Conoce cada rincón y, si falta un frasco, se da cuenta al instante por su memoria fotográfica. Norma conserva colonias de finales de 1800, como la mítica 4711 de Alemania (que usaba Napoleón) o la Jean Marie Farina. El Chanel Nº 5 que ya pasó los cien años; el LAir du Temps de Nina Ricci con sus palomas de cristal, lanzado tras la Segunda Guerra Mundial como símbolo de paz; y el polémico Opium son sus íconos más preciados del siglo XX. Fue muy discutido por la Iglesia porque decían que fomentaba la droga, pero los marinos me contaron que en los cabarets las mujeres lo usaban por ser afrodisíaco, contó Norma, en relación al Opium. Una de las piezas más emotivas es un frasco que perteneció a la esposa del expresidente Héctor Cámpora, vecina de Areco. Otra, es un envase que llegó a sus manos tras una historia de amor de un matrimonio del pueblo que murió casi al mismo tiempo. Esas cosas me llegan al alma, parece que el frasco tenía que llegar a mí, dijo conmovida. No vendo nada A Norma la visitan de todos lados. Le dejan paquetes anónimos en la reja, le mandan encomiendas desde Tucumán o Cuba. Me mandan colecciones completas porque tienen que desocupar casas. Yo acepto todo lo que no tengo repetido, contó. A pesar de tener piezas que valdrían una fortuna en el mercado del coleccionismo, su postura es innegociable: Un señor de España me ofreció pagarme en dólares por un perfume específico de mi colección. No vendo nada, me ofrezcan lo que me ofrezcan. No se me ocurre vender cosas que me regalaron con cariño". Norma hace todo sola. Abre los fines de semana y feriados (de 11 a 13 y de 15 a 18), cobra una entrada mínima ($2000 general, $1000 jubilados) y ella misma limpia cada estante. No es responsabilidad de nadie más. Si a alguien se le rompe un frasco, se va a sentir muy mal. Así que lo hago yo, estante por estante, con mucha paciencia, indicó. Su sueño es que la colección siga creciendo, aunque el espacio se agote. Su objetivo no es acumular, sino preservar. Coleccionar no es juntar. Coleccionar es anotar las características, tener orden. Siento que tengo un tesoro y la posibilidad de acrecentarlo cada día, expresó. Cuando se le pregunta qué pasará con este imperio de cristal en el futuro, Norma es pragmática pero firme: Mientras yo esté, la colección va a seguir contra viento y marea. Mis hijos saben lo que esto significa para mí, concluyó. Fotos y video: Juan Pablo Chaves.
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