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Fecha: 10/03/2026 02:12
En un país donde el 90 % del arroz que se produce es del tipo largo fino, apostar por un segmento especial parecía un desafío. Sin embargo, KIRA INTA nació justamente con ese objetivo: ocupar un nicho específico dentro de la oferta arrocera y transformarlo en una oportunidad comercial concreta. Leé también: Semillas en la mira: el debate por las patentes abre una grieta en el campo La variedad fue desarrollada por especialistas en mejoramiento genético del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con una meta clara: lograr un grano largo ancho de alta calidad, capaz de responder a las exigencias de mercados que priorizan atributos industriales y culinarios y están dispuestos a pagar un diferencial por ello. Históricamente, los materiales especiales representaron un segmento reducido dentro de la producción nacional. No obstante, el tipo largo ancho es el más demandado dentro de ese grupo. Frente a este escenario, el equipo técnico avanzó en el desarrollo de una variedad con mejoras agronómicas concretas y una identidad comercial definida. De nicho a diferencial competitivo José Colazo, especialista en mejoramiento genético de arroz del INTA, explicó que no alcanza con producir más, sino que es necesario lograr la calidad que demandan los mercados exigentes. En ese sentido, destacó que la genética desarrollada por el organismo es valorada en destinos como Brasil, Chile, Colombia, Centroamérica, Turquía y España, por la apariencia y las propiedades culinarias del grano. KIRA INTA fue pensada como una alternativa para diferenciar la producción. En determinados nichos, puede cotizar entre dos y tres veces por encima del arroz tradicional, siempre que cumpla estándares precisos. Los números acompañan esa estrategia: solo en el último año se comercializaron más de 9 mil toneladas, en su mayoría destinadas a exportación. Leé también: Con más de 320 mil toneladas procesadas en enero, la molienda de girasol fue récord de los últimos 13 años Uno de los destinos más relevantes es Turquía, un mercado que demanda granos largos, anchos y pesados, y que valora especialmente su aspecto cristalino y su comportamiento en la cocina. Desde el punto de vista industrial y gastronómico, la variedad presenta un grano traslúcido, con bajo contenido de amilosa menor al 20 % y temperaturas de gelatinización intermedias. Esto se traduce en un arroz voluminoso, de textura suave y con gran capacidad para absorber y transmitir sabores en preparaciones con caldos o salsas. El desarrollo no solo apuntó a la calidad del grano. También incorporó mejoras agronómicas para garantizar estabilidad en el lote. A partir de cruzamientos dirigidos entre parentales destacados por productividad y aptitud culinaria, se logró reducir la altura de la planta y engrosar el tallo, aumentando la resistencia al vuelco y facilitando el manejo. Leé también: Cuáles serán los beneficios para los productores del nuevo régimen de medianas inversiones El peso del grano representaba un desafío, ya que incrementaba el riesgo de caída. Por eso, el equipo trabajó sobre la arquitectura vegetal para dotar al cultivo de mayor previsibilidad y competitividad. La variedad fue inscripta en 2019 y actualmente es comercializada por Adecoagro en el marco de un convenio de vinculación tecnológica con el INTA, bajo un esquema que no se limita a la venta de semillas, sino que se vincula al producto final. La genética desarrollada por el INTA tendrá un espacio destacado en Expoagro, del 10 al 13 de marzo en San Nicolás, Buenos Aires. En el stand de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) del Ministerio de Economía de la Nación se exhibirán avances en mejoramiento genético en distintos cultivos extensivos, regionales e industriales. Leé también: El Gobierno informó que se otorgaron créditos por casi $14 mil millones al sector porcino En ese contexto, el arroz mostrará materiales que combinan rendimiento y calidad, reflejando una estrategia que apunta a agregar valor y responder a demandas específicas. KIRA INTA se posiciona así como un ejemplo de cómo la investigación pública puede traducirse en innovación concreta, competitividad internacional y mayores ingresos para la cadena arrocera argentina.
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