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  • Pichetto, Moreno e Insfrán: ni progre ni republicano, ¿se viene un peronismo telúrico?

    » TN

    Fecha: 05/03/2026 09:36

    La interna peronista de nuestros días probablemente sea la más aburrida de la historia. Y ese es sin duda el problema más serio que tiene que enfrentar ese partido. Porque el peronismo en el pasado dio lugar a internas violentas, batallas ideológicas épicas, guerras intestinas que casi se llevan puesto al país entero, mucho más graves en ese sentido que las disputas intestinas que hoy lo atraviesan. Pero nunca había generado un sopor como el que resulta del enfrentamiento en estos días entre Kicillof y Cristina. Del que nadie espera, por suerte, que alguien resulte muy lastimado, pero tampoco se puede esperar que surja nada distinto, ni un solo argumento nuevo, ni media idea original sobre lo que ha venido pasando en el país o lo que debería pasar. Y da a pensar que el gran problema no es que haya fuerzas en pugna muy distintas, sino que a todos sus integrantes les falta energía, ninguno tiene mayor capacidad de innovar y desafiar el statu quo. Y el statu quo lleva a que todos ellos se sigan debilitando y empobreciendo. Leé también: Milei cambia de enemigo: de la casta a los empresaurios Por eso las peleas en la provincia de Buenos Aires entre kicillofistas y camporistas tienden a generar tan poco interés: a nadie le importa realmente cuál de esas bandas se imponga, porque es casi imposible distinguir una de la otra, se parecen demasiado. Y el problema es más grave, naturalmente, para los que pretenden hacer las veces de renovadores, no para los ortodoxos, que finalmente hacen su papel: es tan predecible y trillada la letra de las nuevas canciones que el gobernador trata de entonar, tan repetitiva de las consignas con que machacó el kirchnerismo durante los últimos veinte años, que no mueve a nadie a entusiasmarse ni a rechazarlas, y por tanto todo se reduce a un minué por cargos y recursos. Prolongando el naufragio de la identidad y del proyecto peronista en la sociedad. En suma, en el peronismo se siguen peleando como gatos, pero ya no se reproducen. El trámite resulta sorprendentemente pacífico, pero porque su materia y objetivos son tan pedestres como soporíferos. Romper con el tono monocorde Probablemente por reacción a lo anodino de este clima es que algunos otros actores han empezado a moverse, buscando romper con ese tono monocorde. Y quien más viene arriesgando en este sentido no es otro que Miguel Ángel Pichetto, por largos años operador legislativo estrella del kirchnerismo, luego candidato a vicepresidente con Macri y líder germinal de un neoperonismo también en germen, de tono republicano y modernizador, y ahora aspirante a celestino de una variedad de tribus dispersas, a las que ofrece regresar a las fuentes. ¿Para buscar qué? Todavía no está muy claro, aunque sí se puede ya anticipar qué cosas no le interesan a este neoperonismo: no será progresista, como fue en algún momento el cristinismo y ahora quiere seguir siendo el kicillofismo. Sí reivindica al nestorismo de los primeros años de este siglo, pero no a lo que siguió, y de allí que esté recogiendo a todos los heridos resultantes del declive político y económico de aquel proyecto. Incluida, potencialmente, la propia Cristina, que va perdiendo el control de sus hijos y clones en manos del mandamás de La Plata. Y no será tampoco librecambista. Más allá de las críticas que pueda hacer a la política mileista, lo que más lo define realmente no es la crítica republicana al abuso de poder, eso lo dejó atrás porque ya se cansó de machacar con esas ideas y de fracasar en interesar a los votantes. Lo que lo indigna de Milei es su economía. Su programa de reformas liberalizadoras y aperturistas. Porque se trata, según Pichetto, de un proyecto destructivo y encima condenado al fracaso. Porque el mundo se está volviendo más proteccionista. Y de lo que se trata, entonces, es de rescatar la experiencia peronista en ese sentido, y aprovechar los vientos que soplan para revalidarla. Reconciliarse con la historia Pichetto entiende que eso podría reconciliar a los peronistas con su historia, incluida la de los últimos años, y reconciliar al PJ con los empresarios y las clases medias, los dos sectores de los que se ha ido alejando por el embrujo tóxico del progresismo. De allí que haya propuesto, en un reciente acto que compartió con Moreno, que los peronistas se autoperdonaran, dejaran de flagelarse por los errores que pudieron haber cometido, dado que nada de eso era ni por asomo tan grave como lo que estaba haciendo el mileismo. ¿Quiénes son los interlocutores internos de esta propuesta? El arco es por ahora limitado, pero potencialmente muy amplio, va de Cristina, Moreno e Insfrán, a los gobernadores de Córdoba, Catamarca y Tucumán que se han alejado del PJ, ahora o tiempo atrás. E incluye también, obviamente, a la CGT, que hasta el año pasado venía apostando por Kicillof, pero desde entonces se muestra cada vez más decepcionada de su desempeño, tanto en términos de entramado social y de intereses como de eficacia legislativa y electoral. ¿Y los interlocutores externos? Principalmente los industriales, cada vez más alarmados por el avance de la apertura, y los costos que ella le impone a sus negocios, incluso los por décadas más seguros. Deben haber sido música para sus oídos las respuestas empresarias al discurso del presidente en la inauguración de sesiones del domingo pasado. Porque la UIA fue durísima, contra la apertura indiscriminada y la supuesta destrucción de empresas que estaría produciendo. Pero también habló la AEA, y aunque lo hizo en un tono menos confrontativo, reclamó diálogo y respeto, advirtiendo más sutilmente que sus socios están queriendo competir internacionalmente, pero el gobierno les tiene que ofrecer las condiciones para que no fracasen en el intento. Dando a entender que no lo estaría hasta aquí logrando y que sin diálogo no parece comprender la gravedad del problema. Aprovechar la oportunidad ¿Puede funcionar en el PJ una contraposición del estilo librecambio vs industria nacional para abroquelar fuerzas heterogéneas, en un registro que no sea el gastado y deslegitimado del derecho a tener derechos que impulsan los kicillofistas? No hay que descartarlo, si Milei les ofrece la oportunidad. Como viene haciendo. Porque efectivamente muchos intereses van a ser afectados por sus reformas, por más que se muestre en adelante tan indispuesto a negociar con ellos la transición como se ha mostrado hasta aquí. Leé también: Mundo al revés: la política de Milei anda mejor que la economía de Milei ¿Ese peronismo sería capaz de ofrecer algo más que resistencia al cambio a partir de esa contraposición? ¿Será algo más que un regreso a las fuentes y a la política nacionalista y proteccionista de siempre lo que está pensando Pichetto? Tal vez sí, y podrían ayudarlo algunos gobernadores. Pero el contenido reactivo, telúrico, casi folklórico de muchas de las ideas que circulan al respecto entre la dirigencia hace temer que pesen las visiones más primitivas: las que celebran la brutalidad de Trump, en lo que tiene más chances de fracasar redondamente de todas las brutalidades que Trump está haciendo con la política y la economía de su país; y que en un país como el nuestro, con los índices de protección todavía entre los más altos del mundo, y el porcentaje de importaciones respecto al PBI más bajos, sería seguramente aún más desastroso. Las consignas, a Pichetto, Moreno e Insfrán, igual les pueden funcionar. Pero sería de desear que también le presten alguna atención a los datos.

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