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» La Nacion
Fecha: 24/02/2026 12:07
La Banda del Millón, al descubierto: videos, música, armas y planes de entraderas dirigidos desde un penal bonaerense a través de teléfonos celulares El contenido del celular de Lucas Ezequiel Flores Mereles revela cómo marcaban las casas, coordinaban movimientos y definían roles para ejecutar entraderas en la zona norte del conurbano - 8 minutos de lectura' La pantalla de un Samsung A32 celeste encendida a las ocho de la mañana del miércoles pasado en una oficina judicial de Martínez abrió una ventana a conocer cómo funcionaba la coordinación remota de los ataques que llevaba adelante La Banda del Millón. En ese teléfono secuestrado a Lucas Ezequiel Flores Mereles en el penal de Melchor Romero, en la periferia de La Plata había videollamadas en las que se contaban fajos de dinero en distintas monedas y se apilaban joyas sobre una mesa, instrucciones para armar la coreo de una entradera, fotos de armas y autos a la venta y un video grabado dentro del penal que muestra cómo es la vida carcelaria en un instituto que depende de la provincia de Buenos Aires: más cercana a una fiesta que al lugar donde purgar penas por delitos. Desde allí se registraron conversaciones en las que Mereles pedía que le crearan perfiles en un sitio de avisos, ofrecía armas, preguntaba por autos y motos a la venta y negociaba apoyos logísticos para escapes rápidos. El acta que vuelca el contenido encontrado en el celular consta de 47 páginas, a las que accedió LA NACION. Allí se deja constancia de dos pedidos para abrir cuentas en esa plataforma, con intercambios de alias y contraseñas, y de un estado de WhatsApp en el que el dueño del celular preguntaba: ¿Quién pone la movilidad para robar hoy?. La respuesta de un contacto fue inmediata: si era fijo, rescataba el auto ya. En esos hilos aparecen, además, los nombres y apodos que el peritaje vinculó a la organización, con roles de captación, transporte y ejecución. Entre los archivos de video, el material más contundente es una videollamada que se registró minutos después del violento robo a la abuela influencer. en ella se ve a varios sujetos contando dinero de distintas denominaciones y clasificando joyas y alhajas sobre una mesa de madera; junto a los fajos aparecen un pasaporte y una tarjeta de la comunidad Coto. Del otro lado de la pantalla, una voz acelera el recuento: dale ratón... euros, euros. Ese registro fue tomado minutos después del robo a Mónica Mancini y circuló en el chat que Mereles mantenía con una usuaria agendada como Miamor Estefanía. En el mismo intercambio hay videollamadas de decenas de minutos, pedidos de alias de billeteras virtuales y comprobantes reenviados que el expediente asocia con la administración inmediata de parte de lo sustraído. El segundo video central es una marcación: el frente de una vivienda filmado a cierta distancia, la referencia a la doña y un paneo breve que recorta accesos y rutinas. Ese archivo fue remitido por Thiago David Sandoval, alias Polli, y reaparece en otra conversación con un contacto agendado como Valentino Thiago San Isidro. Allí se agregan precisiones sobre horarios y herramientas, en particular, la necesidad de contar con un criquet para hacer palanca y la indicación de bajar la térmica antes del ingreso. La repetición de la misma pieza en distintos chats permite observar cómo circulaba la información entre quien marcaba, quien coordinaba y quienes salían a ejecutar los escruches y las entraderas por la zona norte del conurbano. El tercer video fue filmado dentro de la unidad penitenciaria por el propio Mereles. En la galería asociada hay armas blancas y selfies en las que se lo ve junto a otros integrantes de la banda que están detenidos. En combinación con las conversaciones de WhatsApp, ese registro aporta un dato de contexto que recorre todo el peritaje: el flujo de comunicaciones se sostenía desde el encierro y, en paralelo, se gestionaban ventas, traslados y transferencias que quedaban documentadas con capturas y fotos de comprobantes. En el celular del cerebro de la banda, los audios funcionan como manual y cronograma. En uno de ellos, identificado por los peritos como clave, Mereles asegura que ya tiene el rancho la casa seleccionada como objetivo, pide armar la coreo con los wachos (los movimientos de entrada y salida en el robo) y define la división de tareas: un piloto de apoyo, un equipo de ingreso, un teléfono para llamadas desde afuera y otro para mantener la videollamada con quienes entran. Señala Martínez o San Isidro como escenarios probables y menciona un golpe previo en el que, según se jacta, agarraron US$10.000 y 140 gramos de oro. En otros dos audios, enviados por el tal Valentino Thiago San Isidro, se detalla el acceso por un pasillo lateral, se insiste en el uso del criquet y se remarca que ingresan tres mientras el conductor espera en el auto. Los chats con Kimey Segundo Celu 2 incorporan el capítulo de los vehículos para llegar y huir de los lugares. Se negocia el uso de un auto disponible, se barajan opciones de movilidad y aparecen fotos y videos de una Kawasaki Z400 ofrecida a la venta, junto con la mención a una V6 cuyo precio se consultaba a terceros. En ese intercambio también se discute la provisión de un segundo teléfono para llamadas externas y la articulación de un equipo que, en simultáneo, ejecuta y reporta. El tono es operativo y urgente, con referencias cruzadas a zonas del conurbano y la promesa de hacer la astilla si el objetivo era fijo. En otro tramo, con Rodrigo lomas3232 se concentra en la oferta de armas: una pistola calibre 380, cargadores y referencias a pistolas Glock nuevas y en caja. Hay fotos, mensajes de única visualización, precios en palos y ubicaciones de entrega en el conurbano, con la indicación de que el número no baja. Se menciona, además, la intervención de familiares en retiros puntuales y la posibilidad de bajar mercadería en Monte Grande o Lomas. En paralelo, ante el usuario Tomyy Enano 4, Mereles explicita pertenencia con la banda de los millones, los de la Cava, promete armar la coreografía y vuelve sobre el botín del golpe en Martínez, que en algunos chats repite como US$10.000 y 150 gramos de oro. El acta también reconstruye el tramo financiero vinculado al caso Mancini. En el chat con Miamor Estefanía, fechado el 9 de enero pasado, Mereles escribe: ayer me fui a robar [...] puse mi cuenta; también afirma que le pasaron plata de un rancho de una famosa de San Isidro. En esa secuencia aparece la captura del comprobante de una transferencia a nombre de Romina Yolanda Franco realizada a las 6.39, que los peritos asocian con parte del dinero sustraído. El intercambio suma pedidos de alias, indicaciones de guardar efectivo hasta mañana y, en paralelo, la idea de destruir el teléfono en caso de allanamiento. Además de WhatsApp, el teléfono mostraba una cuenta activa en MiNosis, servicio utilizado para obtener datos personales, y en el historial de Chrome figuraban consultas a Telexplorer y Datacar, orientadas a la verificación de domicilios y vehículos. La prohibición en el penal La jueza Andrea Rodríguez Mentasty a cargo del Juzgado de Garantías n°3 de San Isidro, ordenó el viernes pasado la prohibición del uso de teléfonos celulares para cuatro detenidos acusados de formar parte de La Banda del Millón y encarcelados por el homicidio de María Susana Rodríguez Iturriaga, jubilada asesinada en octubre en San Isidro. La importancia de la decisión se encuentra en que los múltiples robos perpetrados por el grupo fueron orquestados por sus cabecillas desde las celdas en una cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), a través del uso de dispositivos móviles. Los presos alojados en el sistema penitenciario bonaerense tienen permitido el uso de celulares bajo algunas condiciones, cuyo cumplimiento es difícil de verificar. A partir de la pandemia de Covid-19 se permitió a los condenados y procesados que tuvieron teléfonos móviles para mantener contacto con familiares y, pese al regreso de las visitas presenciales a los penales, ese sistema siguió adelante con el único requisito de que los reclusos no usen sistemas de mensajería instantánea o redes sociales. La reiteración de casos en los que los delitos son planificados o directamente dirigidos desde una celda muestran que el celular termina siendo una herramienta crucial para que las bandas mantengan sus liderazgos más allá de los arrestos. La semana pasada, efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires aprehendieron a dos menores integrantes de La Banda del Millón, uno de ellos, acusado de haber participado del violento robo a la casa de Mancini. El pedido de remoción de los artefactos había sido solicitado por el fiscal general adjunto de San Isidro Patricio Ferrari, a cargo de la investigación que busca desarticular el grupo delictivo que tiene su epicentro en La Cava y detener a los miembros responsables de una serie de robos a residencias en el norte del conurbano. El intendente de San Isidro, Ramón Lanús, por su parte, apuntó contra el permiso que tienen los reclusos para usar celulares: Detenemos delincuentes y siguen delinquiendo desde la cárcel. La Justicia sigue permitiendo que las cárceles funcionen como verdaderas oficinas del delito. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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