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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 23/02/2026 14:23
En un contexto de caída del poder adquisitivo, cada vez más familias presentan dificultades para hacer frente a los créditos tomados. El peso de estos sobre los salarios muestra una tendencia creciente y deriva en una mayor morosidad, que se triplicó en el último año. Un informe del Banco Provincia, en base a datos del BCRA, señaló que el financiamiento promedio pasó de representar 1,5 salarios a también medios a fines de 2024 a 2,5 salarios al cierre del año pasado. Es decir, las familias se endeudaron por el equivalente a un salario completo durante el año pasado. Para poder sostener sus niveles de consumo, los hogares argentinos sumaron un aguinaldo a sus ingresos en 2025, destacó la entidad. El aumento de la relación crédito promedio sobre salario promedio no sería un problema si hubiera expectativas de recuperación de los ingresos o si la mora no creciera. En el primer caso, porque el incremento futuro de los ingresos permitiría pagar el financiamiento pasado. En el segundo, porque la mayor representación de las cuotas sería tolerable para los niveles de ingresos actuales; en otros términos, había un margen de demanda de crédito que empezó a usarse. Sin embargo, ninguna de las dos cosas estaría pasando, consideraron. El incremento de la irregularidad de cartera fue más marcado en las entidades no financieras, donde el indicador subió de 7,7% a finales de 2024 a 25% un año después. En las entidades tradicionales, la morosidad alcanzó 8,8% en noviembre de 2025, según los últimos datos disponibles. La expansión del crédito y el aumento de la mora mostraron comportamientos distintos tanto entre los acreedores como entre los deudores. Mientras que al cierre del año pasado uno de cada cinco créditos inferiores a 1 millón de pesos presentaba atrasos, ese porcentaje descendía a 11,9% en los préstamos superiores a 10 millones de pesos. Así, el deterioro de la cartera impacta de manera más severa a quienes tienen menores recursos. Al analizar la mora según la cantidad de personas, en lugar del volumen de crédito, el índice alcanza el 24%. De este modo, casi una de cada cuatro personas presenta algún problema para afrontar sus deudas, frente al 13% registrado al medir por monto. El dato refleja un salto de 10 puntos porcentuales en un año, ya que a fines de 2024 la proporción de deudores en mora se ubicaba por debajo del 15%. Por otra parte, el incremento de la mora no fue una problemática exclusiva de los nuevos ingresantes al sistema, sino que fue un deterioro tanto de aquellos con historial crediticio como de quienes no poseían deudas en el sistema, resaltó el Banco Provincia. Los nuevos ingresantes definidos como personas sin ninguna exposición crediticia previa acumularon a lo largo del año una deuda de $3,1 billones, equivalente al 3,7% del saldo total de las familias. Aunque su ratio de mora resultó levemente superior a la del resto de los deudores (15,5% frente a 12,9%), solo explicaron 5 de cada 100 pesos de la mora nueva generada durante el período. La conclusión es directa: el grueso del deterioro provino de deudores que ya estaban en el sistema y que, frente al deterioro en sus ingresos, perdieron gradualmente capacidad de pago, apuntó la entidad. Por último, señalaron que de cara al resto de 2026, la sostenibilidad del crédito como motor de actividad dependerá fundamentalmente de dos variables exógenas al sistema financiero: la recuperación del salario real y la trayectoria de las tasas de interés. Sin mejora genuina de ingresos, el sistema de financiamiento bancario y no bancario difícilmente pueda volver a expandirse al ritmo observado en 2025 sin generar un nuevo salto en la mora, consideraron. En otras palabras, el espacio para repetir una estrategia de crecimiento apoyada en la expansión del endeudamiento es menor que en 2024 y 2025. Con una base de deudores más amplia, niveles de mora elevados y mayor carga financiera sobre los hogares, el margen para que el crédito actúe nuevamente como sostén del consumo es menor, indicaron. Así, el Banco Provincia asegura que la dinámica de 2026 dependerá, en última instancia, de si el ajuste distributivo comienza a revertirse o si el puente financiero alcanzó su límite estructural.
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