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  • La nueva Guerra Fría: del muro de Berlín al muro digital

    » Clarin

    Fecha: 19/02/2026 09:18

    Vivimos en una nueva era de fronteras invisibles. No son muros de concreto, sino redes, nubes de datos y centros de cómputos que concentran poder en espacios en su mayoría desconocidos, pero irremplazables. Ese control de los datos y la infraestructura digital es uno de los pilares estratégicos de cualquier soberanía nacional. Durante la segunda mitad del siglo XX, el Muro de Berlín simbolizaba algo parecido. Se trataba más de una disputa ideológica, pero con bases en la fuerza de permitir o impedir el libre movimiento de las personas. Hoy, la disputa es por el libre movimiento de los datos, que en definitiva, es mayormente la privacidad de las personas. Éste mundo del siglo XXI ya presenta fragmentaciones digitalmente inocultables. Las grandes potencias y bloques geopolíticos compiten por no depender tecnológicamente de terceros, especialmente de actores que, como Estados Unidos, concentran las principales capas de la infraestructura de nube, software y servicios de IA. La Unión Europea está impulsando activamente una estrategia de soberanía digital que busca reducir la dependencia de proveedores externos y asegurar que los datos europeos fluyan en condiciones justas y transparentes. La clave está en entender que los datos no son recursos neutrales, pero sí activos estratégicos que alimentan la tecnología que moldea nuestro futuro: la IA. Una restricción o interrupción del acceso a servicios operados por compañías extranjeras podría paralizar funciones críticas del Estado y de la economía. Esa inquietud surgió tras experiencias como la suspensión de servicios clave que sufrieron organismos internacionales dependientes de proveedores globales en momentos de tensión geopolítica. En este nuevo tablero global, los data center son mucho más que edificios con servidores, son mucho más que almacenamiento informático o simples repositorios de información, son nodos estratégicos que impulsan la innovación en inteligencia artificial, protegen derechos fundamentales como la privacidad y la integridad de la información, sostienen la infraestructura productiva y, sobre todo, las instituciones políticas de un país. Depender de data centers que operan en otros marcos legales, donde leyes como la FISA o el Cloud Act pueden obligar a entregar datos, incluso si están físicamente fuera de esos territorios, equivale a renunciar a un grado significativo de autonomía. La soberanía digital, entonces, es una necesidad estratégica. No podemos concebir la soberanía física sin la soberanía digital; son dos caras de la misma moneda. Europa lo ha entendido y en Argentina este debate es tan relevante como urgente. Nuestro país reúne condiciones que hoy el mundo envidia como fundamentales para el desarrollo de infraestructura de datos e IA, desde la abundancia de recursos energéticos hasta un clima y una ubicación geográfica ideales. Argentina tiene todo el potencial para ser independiente en materia digital y alojar información sensible en nubes nacionales para el entrenamiento de modelos de IA. La soberanía digital también puede ser una oportunidad de desarrollo, atracción de inversiones y generación de empleo calificado si logramos articular una visión de largo plazo entre los sectores público y privado. El muro digital tiende a convertirse en un entramado de reglas que definirá quién puede decidir sobre su futuro tecnológico y quién no. En ese nuevo orden, Argentina puede ser una nación soberana digitalmente y forjar su propia infraestructura acorde a las demandas tecnológicas globales. Para eso, los data centers son protagonistas estratégicos de un nuevo capítulo de la historia mundial. Sobre la firma Newsletter Clarín

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