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Parana » Radio La Voz
Fecha: 19/02/2026 10:02
Como funcionario público y desde el trabajo cotidiano en el territorio, no puedo acompañar la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Coincido con lo que vienen señalando Anabella Albornoz, desde su ardua tarea comunitaria en Paraná, y el defensor general de Entre Ríos, Maximiliano Benítez, discutir penas más duras para niños y adolescentes, en medio de una crisis social y económica profunda, es elegir el camino más fácil y menos efectivo. Quienes recorremos los barrios sabemos que el delito juvenil no nace de la nada. Crece donde faltan oportunidades, donde el Estado se hace débil, donde la escuela pierde recursos, donde el trabajo no alcanza y donde las familias hacen equilibrios imposibles para sostenerse. Pretender resolver eso con más castigo es intentar apagar un incendio con nafta. Hoy el sistema carcelario en Argentina está colapsado. Las condiciones de detención no garantizan reinserción ni dignidad. Y el sistema asistencial tampoco cuenta con dispositivos adecuados, equipos interdisciplinarios suficientes ni infraestructura preparada para abordar integralmente a niños y adolescentes en conflicto con la ley. Sin inversión real en prevención, contención y acompañamiento, cualquier reforma punitiva es apenas una puesta en escena. Bajar la edad no resuelve el problema de fondo. No genera trabajo. No fortalece a las familias. No mejora la educación. No construye comunidad. Solo amplía el alcance del castigo sobre los sectores más vulnerables. Esta iniciativa aparece más como un gesto dirigido a un sector del electorado que reclama respuestas rápidas que como una política pública seria y estructural. En lugar de discutir cómo garantizar derechos, se instala un esquema represivo que avanza sobre los más débiles: niños, adolescentes, jubilados, trabajadores y personas con discapacidad. La verdadera respuesta a la inseguridad no es criminalizar la pobreza, sino construir un Estado presente que invierta en prevención, inclusión y desarrollo local. Más clubes. Más escuelas. Más formación laboral. Más acompañamiento familiar. Menos marketing punitivo. Si queremos una sociedad más segura, empecemos por garantizar derechos y oportunidades. Lo otro es una ilusión que solo profundiza la fractura social. Enrique "Kike" Ríos
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