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  • Del Día de los Enamorados al del Amor: la transformación sentimental que empuja la generación Z

    » La Nacion

    Fecha: 14/02/2026 07:35

    Del Día de los Enamorados al del Amor: la transformación sentimental que empuja la generación Z Cada 14 de febrero la ciudad amanece con su guión de siempre: menús para dos, cajas de bombones en forma de corazón, flores que suben de precio y promociones que prometen la noche perfecta. Pero este año, además, el Día de los Enamorados trae una pregunta más incómoda: ¿qué pasa cuando quienes deberían sostener el ritual -la Generación Z, aquellos que nacieron entre 1995 y 2010- lo miran de reojo, lo ironizan o directamente lo dejan pasar? Cupido está en problemas con los centennials, y parece haber perdido el blanco. Hay una gran resignificación del concepto del Día de los Enamorados. Creo que está mutando y se diversifica hacia un Día del Amor, quizás, del amor de las amistades, del amor de la familia, del amor que se puede encontrar en distintos espacios y no ya desde el amor grandilocuente, solo relacionado a la pareja, siempre monógama, siempre heterosexual. Sino de un amor bastante más diverso, explica Bárbara García, médica ginecóloga y obstetra especialista en sexualidad. Y enseguida señala el corrimiento cultural: En el consultorio se ve un cambio de paradigma. La monogamia dejó de ser la forma por defecto de vincularse. Hoy es una elección, mientras que para las generaciones anteriores funcionaba como un mandato, agrega García, conocida en redes como @docbarbaragarcia. Ese corrimiento -del mandato a la opción- podría sonar liberador, pero no necesariamente baja la ansiedad. De hecho, García detecta una tensión que atraviesa a muchos centennials: la vergüenza de mostrarse enamorados. Hay una epidemia de soledad, y esa epidemia está generada por el distanciamiento emocional, afirma la especialista, y luego lo traduce en una escena cotidiana que resulta, según su criterio, bastante más elocuente que cualquier teoría: Si hoy estás cuatro horas tocando una pantalla y no te animás a estar diez minutos acariciando a alguien en la vida real, algo está sucediendo. Del mandato a la elección Renata tiene 18 años, está de novia hace uno, y describe ese algo con la naturalidad de quien vive dentro de la contradicción. Mi generación está dividida. Hay algunos que festejan, que les encanta San Valentín. Otros que lo detestan y les da fobia. Y muchos que, como me pasa a mí, reconocemos el día y aprovechamos para armar un plan pero sin darle mucho significado, cuenta. Para ella, incluso el día de la semana cambia el peso de la fecha: Este año San Valentín cae un sábado, y muchos organizan una salida con su pareja o entre amigos porque justo es un fin de semana. Pero si hubiese caído un martes no hacen nada. Y el punto sensible aparece sin vueltas: Yo banco salir a cenar o regalar algo, pero cuando la gente sube fotos con globos, peluches o chocolates a las redes me da mucho cringe [vergüenza ajena]. Como sociólogo y terapeuta de parejas y familia, Martín Wainstein pone esa escena en perspectiva: el 14 de febrero cambia porque cambia la idea misma del amor. Se ve un corrimiento progresivo de ese sentido tradicional de San Valentín. Esto ocurre porque para las generaciones más jóvenes, particularmente la generación Z, el amor dejó de estar asociado a la pareja romántica y pasó a incluir una constelación que es mucho más amplia de vínculos -dice Wainstein, que dirige la especialización en Clínica Sistémica de la Universidad de Buenos Aires- . El amor hoy está relacionado con amistades significativas, con redes afectivas, hay mucho también del cuidado de uno mismo, explica. Y agrega un detalle clave: no es que la pareja se borre, sino que deja de ser el único escenario legítimo para pensar el amor. Sin embargo, advierte Wainstein, la presión no desaparece, más bien cambia de forma. A veces la pregunta es si la presión social sobre la constitución de pareja disminuyó. Creo que no disminuyó, antes era más institucional, con el matrimonio o la iglesia con el sacramento. Hoy, aparece una nueva forma de presión ligada a la exposición y a la comparación social, dice el especialista, que en el consultorio escucha el miedo a no encajar, aunque en un nuevo sentido de época: La angustia de sentir que el propio vínculo no es tan intenso o espectacular como el que se observa en otros por las redes. Amar sin mostrar (o sin presumir demasiado) Bautista Bono tiene 18 años y está en una relación con exclusividad desde hace casi dos años. El Día de los Enamorados, dice, puede ser especial. Lo pesado es el show. Para mí, San Valentín es una fecha linda para pasar en pareja y hacer un plan distinto, pero sí me da cringe todo lo que se mueve en las redes, todas las cosas que se suben a Instagram o los superposteos, remarca. Desde su perspectiva, Marisa Rusomando, psicóloga especialista en crianza y familia, suma otra pieza que complejiza el mapa: la generación Z no se mueve en una sola dirección. Hasta hace un tiempito, honestamente, hubiese respondido que todo estaba más alineado al orden de correrse de los mandatos, porque es verdad que los centennials están más disponibles a tener otro tipo de vínculos distintos a los tradicionales, dice Rusomando. Pero señala un giro que le resulta inesperado. Escucho, últimamente, un retorno a los mandatos tradicionales de pareja, que incluyen formalización del vínculo, declaración, casamiento, hijos y construcción de una familia. Su lectura no es moral sino emocional: Creo que se llegó a niveles de libertad donde todo es posible, y eso para los jóvenes terminó siendo difícil, trabajoso. Volver a los mandatos convencionales resulta atractivo porque limita, porque acota las opciones y porque termina siendo un poco más cómodo. Esa convivencia genera un 14 de febrero que se celebra, en algunos casos, con cierto temor o nerviosismo. La fecha confronta con cómo está atravesando sus vínculos amorosos cada joven. Si está en pareja, si no lo está. Si está teniendo vínculos lindos, o si se siente solo. Incluso cuando la pareja deja de ser el centro, expresa Rusomando, la validación sigue operando: Efectivamente, el 14 de febrero es una fecha de validación. Me regaló, no me regaló, me dijo algo, no me dijo nada. Me llamó, me invitó, tuvimos un momento especial, o no. En esa misma línea, Rusomando alude a las redes: Estas van a estar en su salsa. Todos subiendo fotos aunque muchas veces no representen la realidad de ese vínculo. Y advierte sobre el efecto de espejo deformante: Esto genera la comparación, la vara con la que se miden las experiencias en las redes que nunca aporta ni suma. Más aniversario que San Valentín Valentina Bianchi es una chica del 2000. Cumplió 26 años hace una semana y el año pasado se recibió de arquitecta. Está empezando una relación y aporta un matiz menos adolescente, pero igual de generacional, y asegura que la fecha pierde centralidad frente a los acontecimientos más íntimos y personales. Para ser cien por ciento honesta, no me mueve mucho San Valentín. Capaz sí me entusiasma el hecho de que estoy en pareja, a ver qué pasa, si hacemos algo especial, reconoce. Y explica por qué a ella le importan más otras fechas. Justo se da la casualidad que nuestro aniversario es el 13, y además nos pusimos de novios hace un mes. Me ilusiona más eso que San Valentín. Sin embargo, Valentina confiesa una escena que le viene a la memoria, casi una postal de otro tiempo: Tengo el recuerdo patente de cuando estaba en secundaria, de cruzarme un montón de personas con flores, chocolates, y de idealizar un poco eso. Pero hoy en día cero, es como un día más. Su forma de sostener el vínculo va por otro lado: Mi novio es superatento, siempre tiene algún gesto para hacerme sentir bien. Me deja caramelos, una notita. Cosas así, muy simples. Así que siento que no necesariamente tiene que ser San Valentín para demostrar eso. Susi Mauer, psicóloga y especialista en familia, aporta una lectura que vuelve a abrir el foco: el 14 ya no es solo pareja, es encuentro. Para la generación Z, las experiencias pasionales en general son efímeras y fugaces, y se han desprendido del ideal romántico que predominaba en la modernidad. El formato de las relaciones y celebraciones amorosas ya no es único; el fenómeno San Valentín ha dejado de asociarse exclusivamente al concepto de la pareja tradicional, afirma. Y explica el desplazamiento hacia lo grupal: Actualmente, el 14 de febrero ha ingresado en la lista de buenas razones para reunirse. San Valentín se transforma en una ocasión inclusiva, que no se limita solo a las parejas sino que se extiende a grupos de amigos. Para la psicóloga Ileana Berman, hay una dimensión menos vistosa y más decisiva: el tiempo. Más que una transformación del amor, asistimos a una transformación del tiempo. Hoy cuesta sostener procesos, tolerar frustraciones y atravesar conflictos, plantea. Y conecta dos fuerzas que atraviesan toda la escena actual: inmediatez y exposición. La velocidad con la que se inician y se descartan relaciones, sumada a la lógica de exposición permanente en redes, dificulta la construcción de intimidad. Todo puede mostrarse, pero no todo se profundiza. Si Cupido falla, sostiene Berman, quizá no sea por falta de flechas, sino por falta de tiempo compartido para que algo se vuelva profundo. Tal vez el problema de Cupido con la generación Z no sea la falta de amor, sino el choque entre dos lógicas: la del mercado que insiste con un para dos y la de una generación que amplía los vínculos, sospecha de la puesta en escena y, al mismo tiempo, padece la aceleración del tiempo y la comparación permanente. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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