14/02/2026 08:59
14/02/2026 08:55
14/02/2026 08:54
14/02/2026 08:54
14/02/2026 08:50
14/02/2026 08:50
14/02/2026 08:50
14/02/2026 08:50
14/02/2026 08:46
14/02/2026 08:46
» Clarin
Fecha: 14/02/2026 06:55
El Día de los Enamorados cae hoy, sábado. Eso es una provocación. Un martes, todavía hay excusas dignas para esquivar el ritual -una reunión de trabajo tarde, un dolor de cabeza-; un sábado, en cambio, el calendario te mira fijo y espera una respuesta: ¿dónde vas a ir? La pregunta circula como murmullo urbano: ¿qué hace uno si no tiene pareja en una ciudad copada por el amor organizado, con reserva previa y vino caro? No desde el resentimiento -esa emoción que envejece mal-, sino desde la complicidad tácita con una multitud silenciosa que tampoco tiene con quién brindar, pero sí con quién entenderse. Lo primero que conviene evitar es quedarte en casa mirando Instagram. Porque el 14 de febrero IG no informa: castiga. Es un catálogo de manos entrelazadas, copas alzadas, lunas brillantes y sonrisas ensayadas. Así que decidí recurrir a una fuente moderna: le pregunté a ChatGPT qué podía hacer hoy si no tenía pareja. Me sugirió ir al cine a ver Cumbres Borrascosas, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, estrenada el jueves. Drama romántico, pasión. Le dije que no me parecía muy oportuno y me respondió con una serenidad inquietante: Si estás preparada para una montaña rusa de emociones, vale la pena. Las máquinas aún no distinguen entre un plan y una trampa. Antes de decidir, miré el calendario lunar. Porque hay que decirlo: odio la luna llena. No por razones astronómicas, sino por motivos estrictamente personales, que suelen aparecer cuando uno no tiene con quién mirarla. Es como esa medalla de plata que se cuelgan los enamorados y la suben a Instagram como si la luna hubiera salido sólo para ellos. Menos mal que esta noche habrá cuarto menguante. Una luna más discreta, menos colaboracionista. Pensé entonces en Manuel Vicent, ese escritor de oficio y coleccionista de crepúsculos, que sostiene que el ser humano se mueve por placer. Un placer que no es sólo sexo ni tiene que ser inmediato: puede ser una comida pantagruélica o una sinfonía de Schubert. Se trata, siempre, de elegir. Tal vez el error del 14 de febrero sea creer que hay una sola opción válida. Según Vicent, las parejas se enamoran de afuera hacia adentro. Primero con el cuerpo, después, con suerte, con el alma. Se cruzan dos superficies humanas expuestas a la intemperie y, si todo sale bien, más tarde ocurre esa conexión deslumbrada que llamamos amor. Es decir: el amor es un proceso. San Valentín, en cambio, es un evento. La historia ayuda a poner las cosas en su lugar. San Valentín era un obispo romano que casaba a los jóvenes a escondidas, desobedeciendo al emperador Claudio II, convencido de que los solteros eran mejores soldados. Los quería sin compromisos. Tal vez tenía razón: a veces la libertad viene con menos responsabilidades. Entonces, ¿qué hacer este sábado si no tenés pareja? Comer lento. Ir al cine equivocado. Escuchar música que no exija emociones rápidas. Mirar la luna sin hacerle caso. El amor no se acaba el 14 de febrero. Pero tampoco empieza porque lo diga el calendario. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original