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  • Silvina Sterin: nueva víctima del periodismo independiente

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 29/01/2026 17:33

    Silvina Sterin: nueva víctima del periodismo independiente La periodista de C5N fue blanco de una persecución mediática y laboral tras calificar como genocidio la guerra en Gaza. El caso reabre el debate sobre los límites reales de la libertad de expresión, el uso político de la acusación de antisemitismo y el avance de un clima de disciplinamiento informativo en la Argentina actual. Cada día nos invade la sensación de vivir en un mundo en el que no se le permite a la gente pensar, ni mucho menos decir lo que piensa. En este mundo autoritario está solamente autorizado lo que algunos medios desarrollan como narrativa, que los demás repiten como si fuese una verdad revelada. Y cuando un o una periodista emite una opinión que, además de ser reconocida por la prensa independiente, se ponen en marcha mecanismos de persecución, hostigamiento y hasta amenazas, primero a los dueños de los medios y, si no, al periodista en cuestión. El periodismo independiente ha pasado a ser una profesión, además de inestable, harto peligrosa. Muchos ignoran que en la cobertura de la guerra en Gaza fueron asesinados 193 periodistas internacionales. Un hecho que es espantoso, más allá de la muerte injusta de esos seres, no solo por ello, sino por la naturalización con que el mundo, salvo excepciones, ha tomado como un simple detalle colateral semejante crueldad. Estamos bajo un neofascismo que, como síntoma de época, ha empezado a hacer temer a ciertos vocablos, quitándoles el verdadero significado literal. Las expresiones de la periodista Silvina Sterin, del equipo de C5N, fueron referidas a la caracterización de la guerra entre Israel y Gaza como un genocidio. Lo dijo sin eufemismos, frente a la indignación ética y humana ante una tragedia humana que es la más ignominiosa del siglo XXI. Esa adjetivación no es, desde el punto de vista periodístico, un exceso ideológico: tiene rasgos de categoría jurídica (refrendada por la Comisión Internacional de Derechos Humanos), categoría histórica, porque cuando se disipe el polvo de la guerra, el horror seguirá habitando en esa tierra tan castigada. Y sobre todo cuando se trata de ocultar por todos los medios, a través de una narrativa mentirosa utilizada como arma de guerra, no solo contra el enemigo de ocasión, sino con la finalidad de adolecer a la sociedad como un todo, llevándola a un estado de guerra latente y así quebrar todos los valores morales implícitos sobre los cuales se apoya el orden social. Es una técnica de dominación simbólica y de ejemplo a no imitar para los demás periodistas. La periodista Silvina Sterin no realizó un acto de antisemitismo cuando definió el escenario del horror. Esta confusión, tan repetida como funcional, es una de las trampas más repetidas y funcionales en un debate mundial. Porque denunciar al sionismo como proyecto político y al Estado de Israel por sus políticas de ocupación, segregación y exterminio no es atacar al pueblo judío. Quizás, por el contrario, sea negarse a que una identidad milenaria, como lo es el pueblo judío auténtico, sea utilizada como coartada moral y política desde 1947 a esta parte. La persecución mediática hacia Silvina Sterin no ocurre en el vacío. Es posible en la Argentina bajo el amparo de un gobierno que ha decidido romper con la histórica tradición humanista de la diplomacia argentina. La pregunta es: ¿quién operó sobre el medio en el que trabajaba la periodista y de qué forma para que la despidieran? ¿Cómo van a relatar las noticias internacionales sus colegas del mismo medio o de otros? El maestro Kapuscinski decía sabiamente: En toda guerra, la primera víctima es la verdad. La libertad de expresión, en este contexto, no es un privilegio individual ni una abstracción liberal: es una condición democrática esencial. No se combate el odio clausurando la crítica política. El consentimiento cobarde no hace desaparecer el hecho. Si el periodista, cualquiera sea, tiene miedo de manifestar su opinión, se convierte en una realidad muda y ciega. Cuando la prudencia se convierte en silencio, la virtud periodística se convierte en una claudicación moral. Cuando los dueños de los medios te piden moderación en la opinión fundamentada, es porque la relativización del hecho es una posición que favorece a ambas partes: al medio, con su supervivencia, y al opresor, porque le permite maquillar la conciencia de los espectadores. Lamentablemente, en la Argentina de hoy, el alineamiento y la sumisión política del gobierno permiten dictar qué se puede decir o no, transformando la defensa de los derechos humanos en un motivo de castigo laboral. Nosotros lo sufrimos en carne propia poco más de un año atrás, con el cierre ignominioso de Radio Ciudadana por ser incompatible con el pensamiento único del Ejecutivo municipal y su séquito de concejales que apoyaron la medida. Es en vano: estamos frente a un capitalismo para ignorantes.

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