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  • Milei, matando a Maquiavelo

    » Clarin

    Fecha: 26/01/2026 00:16

    En Davos, Javier Milei da lo mejor de sí mismo. O lo peor, depende. Hablar ante los poderosos lo exalta. ¿A quién no le pasaría? Pontifica y profetiza. Vuela alto, muy alto. Tan alto, este año, que me recordó a Perón. En el Congreso Mundial de Filosofía de 1949, en Mendoza, leyó un discurso repleto de complejas citas de autores famosos. Amigo pero pérfido, el padre Benítez comentó que "no los comprendía". Sería injusto decir eso de Milei: conoce bien a los autores que cita, son la fuente de su fe. Pero, ¿lo habrá entendido el público? ¿Habrá captado el texto sagrado en forma de texto académico? Lo descarto. Salvo el incipit y las conclusiones. El primero porque al principio aún se está concentrado. Las segundas porque se intuye el ansiado final. El incipit debía calentar el ambiente, "épater les bourgeois": "Hoy les anuncio que Maquiavelo ha muerto". "De modo categórico", claro. La comicidad involuntaria es la más divertida. Hemos digerido la muerte de Dios, también digeriremos esto. ¡De todos modos resucitan! Dentro de un siglo se seguirá estudiando a Maquiavelo, a Milei no sé. Las conclusiones no se quedaron atrás: "Les traigo buenas noticias, el mundo ha comenzado a despertar". Un profeta. O Papá Noel. Curioso: el mundo está patas arriba, los jefes de Estado se lanzaban bofetadas y amenazas, pero Milei anunció "el despertar". Los profetas ven cosas que nosotros no vemos. Por eso parecen trastornados. Pero no tan originales. Su visión del mundo, digámoslo, es muy básica. Despojada del énfasis con que la infla, es una visión maniquea, típica de todo populismo: la historia como eterna lucha del Bien contra el Mal. Para Milei, el bien es el capitalismo y el mal es el socialismo. Fácil, ¿no? Siempre he defendido las virtudes de la economía de mercado y los daños del estatismo. Pero no tolero que se reduzca la complejidad a la banalidad. Milei practica el marxismo al revés. Y, además, el marxismo más burdo y vulgar. Llama Bien a lo que él llama Mal y listo. Los ideal-tipos, los conceptos, no existen en la realidad, en la historia. Quienes los utilizamos deberíamos saberlo. Sirven para organizar el caos. Pero si pretenden transformarse en leyes de la historia y señalar el fin de esas leyes, se convierten en historicismo: la idea se eleva a ideología, la ideología a dogma, el dogma a fe, la fe a mesianismo, el mesianismo a totalitarismo. De ahí la lucha de Karl Popper contra "la miseria del historicismo". Milei va por buen camino. De los totalitarismos, comparte la escatología salvífica: "El capitalismo de libre empresa es el único sistema justo". No solo encarna el Bien, sino que lo encarna todo. Con él termina la historia y reina la armonía, sueño totalitario si hay uno. Y comparte el mito del "hombre nuevo": los "mercados libres nos hacen mejores personas". Otro más, se reiría Kant, que quiere enderezar la madera torcida de la humanidad. Son los más peligrosos. Pero, ¿qué es, en concreto, el capitalismo? ¿Y el socialismo? ¿Son iguales en todas partes? ¿No importa el contexto cultural, la estructura social, el marco institucional? ¿Producen siempre el mismo efecto? Obviamente no: son construcciones históricas en constante cambio, tienen infinitos matices más o menos dañinos o virtuosos, según la influencia de factores no económicos que Milei no contempla ni conoce. Un ejemplo: yo vivo en Bolonia, una ciudad roja gobernada hace muchas décadas por comunistas y herederos. Tengo amigos en Bérgamo, una ciudad blanca gobernada hace muchas décadas por "católicos sociales". Todos "socialistas", diría Milei. Ahora, la renta media per cápita es de 37 000 dólares anuales, una de las más altas de Europa. ¿Se deduce de ello que el socialismo produce riqueza? Claro que no. Sí se deduce, sin embargo, que, tal y como los utiliza Milei, capitalismo y socialismo son porras ideológicas y nada más: meter en el mismo saco al chavismo venezolano y a la socialdemocracia europea es una burrada. El problema es que, como todo fanatismo, el fanatismo de mercado de Milei no es inofensivo. Para empezar, es incompatible con la democracia: si tengo el monopolio del Bien, si mi idea es la única verdadera y justa, ¿por qué admitir el pluralismo, por qué ceder el poder al Mal? La democracia nació de la lucha contra esa concepción confesional de la política. ¿Será por eso que, a pesar de despreciar al Estado, Milei quiere potenciar y controlar sus instrumentos más poderosos y oscuros? El decreto sobre los servicios secretos huele a Estado policial. Pero también es incompatible con el desarrollo. Joel Mokyr, recién galardonado con el Premio Nobel de Economía, lo ha estudiado bien y a fondo: el despegue occidental no se debió a la aplicación de una "idea justa". Fue el resultado no planificado de la circulación y la competencia entre ideas diferentes. Del pluralismo. Igual, no pasa nada, Milei nos redimirá. Al devoto séquito de Donald Trump: "América será el faro de luz que vuelva a encender a todo Occidente". Curioso: si hay alguien a quien no le importa nada Occidente como civilización, ese es Trump. ¿Pero qué Occidente? El basado, explica Milei, "en la filosofía griega, el derecho de los romanos y los valores judeocristianos". Suena, de nuevo, a banalidad. Si no excluyera a propósito la tradición ilustrada. Si no fuera la fórmula mil veces usada por fascistas y neofascistas, por todos aquellos que achacan al liberalismo ilustrado la "decadencia occidental". Es la misma idea de Occidente, nada casualmente, invocada por Perón en Mendoza para dar fundamento histórico a la «comunidad organizada», un orden basado en la unidad de fe, la fe justicialista, e inmune al pluralismo. Con lo cual, se diría que Argentina sigue oscilando entre el populismo de izquierda y el de derecha, el populismo de Estado y el de mercado. Sin asumir que el problema es el populismo en su cultura política. Sobre la firma Newsletter Clarín

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