Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • El Oficial Gordillo vibra en Carlos Paz, entre la familia y su nuevo show: Estamos en nuestro mejor momento

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 26/01/2026 03:40

    Miguel Martín tenía 7 años y no imaginaba ser el Oficial Gordillo, ese humorista que fue moldeando con humor y perseverancia y que conquista la cartelera de Carlos Paz cada temporada. Por aquel entonces, en su Famaillá natal, las aventuras se transitaban lejos de los escenarios y en torno a las pequeñas cosas. Y lo extraordinario estaba reservado para el terreno de las fantasías. Por eso, todavía recuerda su asombro cuando lo invitaron por primera vez al cine, cortesía de la madre de un amigo, el más potentado de la barra, evoca en esta charla con Teleshow. La cartelera anunciaba el estreno de Volver al futuro, pero para él ese título no significaba nada; podría haber sido cualquier otra película, obnubilado como estaba por el paisaje y las luces de la capital provincial. Pero cuando dejó la sala y encaró la vuelta a sus pagos, ya no era el mismo. Salí maravillado, no solo porque me encantaba la temática de viajes en el tiempo, sino por la trama, rememora. Otra vez, el arte transformando la vida de las personas, no importa cuándo leas esto. Además de la facilidad para trasladarse en el tiempo, Miguel quedó atrapado al notar cómo en la constitución de los McFly se reflejaban muchos rasgos cotidianos de su familia. Mi papá vivía una situación parecida a la de George McFly: tenía un jefe que no lo trataba tan bien y a él no le gustaba confrontar. Sus ojos de niño veían cómo sus padres discutían a menudo por un tema sin solución aparente, salvo la que le ofrecía la película: Cómo me gustaría volver al pasado, tener la misma edad de mi viejo y decirle: Loco, vos podés, pensaba, ante cada atropello del malvado Biff Tanner. Sin un Delorean a mano para viajar en el tiempo, ni un científico amigo con ideas alocadas, Miguel debió conformarse con un mensaje que hizo bandera: Las cosas que hagas hoy van a repercutir en el futuro. No hay imposibles. Me puse ese objetivo, y creo que no me fue tan mal, reflexiona. La frase, pronunciada a casi exactos 40 años de esa revelación, suena convincente en voz de Miguel, ya constituido como el Oficial Gordillo. Lejos en el tiempo, pero no en esencia, de aquel niño que se maravillaba por la capital, es un hombre que camina por Carlos Paz con la familiaridad de quien se siente en casa. La verdad es que me han adoptado acá. Capaz les sale una oveja negra, pero ya no hay vuelta atrás, afirma con orgullo y la dosis justa de humor que lo acompaña en cada frase. Doce veranos consecutivos en la villa serrana le dieron no solo un público fiel, sino también una relación entrañable con la ciudad y su gente, que se explica, en parte, por no perder nunca aquella inocencia de los siete años. Desde sus primeras funciones en teatros pequeños hasta la consagración en el imponente Luxor, el humorista tucumano repasa en esta charla su historia, sus inspiraciones y el detrás de escena de Choriando al futuro, su nuevo espectáculo que juega con el tiempo y la memoria. Con funciones diarias de lunes a miércoles en el Teatro Luxor, y el sostén afectivo y artístico de su esposa Soraya y de sus hijos Juan Pablo y Lucía, Miguel entra y sale del traje del oficial que lo hizo famoso, para abrir la puerta a su intimidad sin perder la magia del personaje. ¿Cómo surge la idea de construir un show a partir de Volver al Futuro? Por dos motivos. Uno, porque me gusta mucho la película y toda la temática de viajar en el tiempo. Y otro, porque siempre hablo del pasado y quería hablar de otras cosas. Un poco del presente, porque me toca ser padre y marido. Y del futuro, que ya es más un juego poético y una ficción. Hay tres Gordillos en el escenario. El primero sale con la indumentaria de la primera temporada, la camisa celeste y el pantalón oscuro, y cuenta que en el pasado no existían el pistacho ni las cafeterías para pedir frappuccino mocha caramel, y empieza ese juego de las comparaciones. ¿Cómo está armado el show sobre el escenario? Todo el escenario es una línea del tiempo, con una cabina que representa el pasado y otra el futuro. Y está el del presente también, un Gordillo más tirando a jefe de policía, con una corbata de raso, muy elegante. Ahí hablo de mi señora y de mis hijos. Ella es muy bonita, aparece en la pantalla gigante y tiro la famosa ley del embudo. Cuento que los humoristas tenemos mujeres lindas, y los que somos feos tenemos que hacerlas reír hasta que se olviden que somos feos. También juego con que mis hijos son los dos abanderados: salieron a la madre. Mi señora es arquitecta, medalla de oro, posgrado en Barcelona, y yo el único certificado que tengo es de nacido vivo, para que te des una idea (risas). ¿Y el Gordillo del futuro? Ese aparece y empieza a dar noticias, siempre en tono de broma. Anuncia una nueva pandemia por exceso de pistachos, por ejemplo. Es todo muy desopilante, y la verdad que yo me divierto, no sé los demás. Aparentemente el público también, porque la sala siempre está llena, se agregan funciones. Y pienso en aquel actor más del off, que llegó a Carlos Paz para actuar en los márgenes. ¿Cuándo notaste que pasaba algo con el personaje de Gordillo? Fue muy paulatino. Primero me di cuenta en las fiestas familiares, cuando se reían de lo que hacía. Después, en la escuela, mis compañeros también se reían de mis payasadas. Y más tarde me di cuenta de que me gustaba mucho hacerlo. Yo soy analista de sistemas, pero cuando salí de la secundaria había hecho cursos de teatro medio escondido porque a mi viejo no le gustaba; decía que era cosa de vago. En un momento empecé a vender computadoras, y una clienta, después de una instalación, me pidió que contara unos chistes en su cumpleaños con la excusa de ser el sobrino de la dueña de casa. Después de esa fiesta, otras personas empezaron a invitarme a sus reuniones. Al principio repetía chistes clásicos, pero al final hacía un monólogo sobre cómo hablan los policías en Tucumán, y ahí la gente se enganchaba mucho. Entonces se me ocurrió ponerme el traje, la camisa celeste que era mi uniforme de laburo y una gorra que decía Polesía, con s. Así empezó todo. Me llamaban para fiestas, después para pubs, luego para teatros cada vez más grandes en Tucumán. Cuando se me agotaron las ideas, subí el material a YouTube y ahí explotó: me empezaron a llamar de Córdoba y empecé las temporadas acá. ¿Te siguen confundiendo como un falso origen cordobés por tu tonada y tu identificación con la provincia? Absolutamente. Cuando estoy en Córdoba, saben que soy tucumano, pero cuando voy a Buenos Aires, algunas personas todavía piensan que soy de Córdoba, sobre todo quienes no identifican la diferencia entre las tonadas. Los entiendo, y siempre les digo: Es un honor que me digan cordobés, pero soy tucumano y a mucha honra. ¿En qué momento decidiste involucrar a tu familia en el espectáculo? Lo hago desde siempre y lo fui adaptando a medida que mis hijos crecían. Cuando eran bebés, contaba anécdotas sobre lo difícil que era criar chicos chiquitos; ahora que son adolescentes, cuento cosas propias de esta edad y de cómo cambió la relación con los padres. Antes éramos los cuatro más unidos; ahora cada uno va encontrando su lugar. Mi mujer y yo ya nos conocemos: ella es toda fina, yo todo lo contrario. Sabemos cómo es cada uno y ahora estamos en nuestro mejor momento. ¿Cómo ves la temporada teatral en Carlos Paz? Yo la veo bastante bien. Al principio de enero estaba un poco parada la cosa, porque todavía no llegaba la gente, pero ahora Carlos Paz está repleto. Lo que noto es que la gente ya no va a ver todas las obras; ahora elige una o dos por la situación económica, pero igual la peatonal está llena y casi todos los teatros tienen buenas convocatorias. Jugando con el título de tu obra y poniéndonos un poco serios, en la medida de lo posible: ¿cómo te imaginás en el futuro, de acá a diez años? ¿Siempre haciendo humor o te gustaría dedicarte a otra cosa? De aquí a diez años me gustaría en algún momento encontrar la manera y el presupuesto para hacer películas de humor en el estilo de Will Ferrell, Owen Wilson, Ben Stiller, pero con tonada provinciana, antihéroes como Gordillo. Estoy hablando con productores y directores para cuando baje un poco la efervescencia de la gira y poder encararla. Mientras tanto, la voy escribiendo. ¿Y tus hijos? ¿Te gustaría que sigan el camino del padre artista y humorista, o el de la madre arquitecta universitaria? Ya se están inclinando por el lado de la madre. A Lucía le gusta mucho la decoración y la arquitectura, y Juan Pablo va más por la matemática y la ingeniería, porque mi suegro, mi cuñado y mi hermano son ingenieros. Yo siempre les digo que hagan lo que los haga felices, no como nuestros padres que decían vos vas a hacer esto y quedaba ahí. Obviamente, me encantaría que se dedicaran al humor, pero si no se da, que hagan lo que les guste y sean felices.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por